Los diálogos más sabrosos de las "Charlas de Quinchos"

01 de octubre de 2007

* La cena de lanzamiento de Elisa Carrió y el paso del matrimonio presidencial por Nueva York son los quinchos mas destacados de esta semana. Como cada lunes, minutouno.com resume y acerca los mejores momentos del clásico periodístico de Ámbito Financiero.

* «¿Es cierto que una archimillonaria quiere aportar a la campaña de Roberto Lavagna?» Sí, contestó un entendido, pero no desea que se conozca su nombre. Suponemos que no le faltará plata al ex ministro, ya que la generosa donante hasta buscó una persona de su confianza como intermediaria para resolver el aporte. El diálogo, casi envidioso, se escuchaba en el fund raising que se organizó para la candidatura de Elisa Carrió en el Club Sirio Libanés. En rigor, lo planificó la propia candidata, a quien parece tampoco le faltan colaboraciones de damas importantes: en la cena, ella se deshizo en elogios para una elegante señora, la viuda de Mario Hirsch (mítico titular de Bunge & Born durante décadas), Elena Olazábal («quien está aquí, mi adorada amiga, pero no desea que la nombre»). Curioso el dato: se suponía que la viuda colaboraría con su sobrino (Jorge Pereyra de Olazábal), quien preside una lista de diputados en la nómina de Alberto Rodríguez Saá. En verdad, ella debe disponer para atender varias ventanillas al mismo tiempo.


Unas 300 personas (pagaban $1.000 por cabeza) en mesas de 10 comensales con menú típico: picada del « barrio» con humus, bagbaganus, tabbule, quesos árabes, berenjenas y ajíes, luego un cordero laqueado a la miel con manzanitas glaceadas y papas a la crema. Por lo menos, un toque exótico en la campaña que concluyó con un simple postre helado y el café a la turca con un joven que leía la borra en una mesita y al cual nadie apeló para distinguir al menos su futuro. Los lilitos confían demasiado en sí mismos y no se atreven al descubrimiento de su futura suerte, sea personal o electoral.   

* Lugar para fumadores (o fumadoras), ya que la aspirante presidencial -tostadísima, pantalón negro y cubierta por un kimono fucsia- no paró en toda la noche de prender cigarrillos como si estuviera por superar un examen. O presentarse al concurso de la mujer occidental que más fuma en el mundo. Empresarios conocidos, pocos (sólo alguien a quien le gusta la figuración, como Santiago del Sel), porque las compañías destinaron personalidades de segunda línea. Es lo que se acostumbra en los grupos empresarios: no comprometerse, excepto con el oficialismo. Hablaron varios, casi siempre de parado, salvo la estrella que lo hizo de sentada: «Disculpen, pero tomé mucho vino», se disculpó.
Quizá le sirva continuar con la ingesta de ese elixir: estuvo encendida, despachándose contra Mauricio Macri («no pudimos contar con Ricardo López Murphy por la perversión de algunos») y, sobre todo, contra la mujer que nunca le aceptará una confrontación pública: Cristina de Kirchner. A ella, «la señora del botox y del colágeno», le dedicó varias estrofas con relación al viaje a Nueva York. «Yo también estuve en esa ciudad, pero no estuve de shopping. Por lo menos, en el nivel de ella. Sólo me traje dos tipos de trusseaux distintos, uno para Olivos y otro para Punta del Este, trajecitos para usar en diciembre si ganamos y remeritas para la playa si me tengo que ir a Punta del Este». Como hubo aplausos, se reservó un final: «Igual, los trajecitos los voy a usar en marzo, cuando nos llamen de urgencia». Tamaño atrevimiento no resulta apropiado con la realidad de que la Coalición, en la fiesta, celebraba como un triunfo estar segunda en las encuestas.

* Antes, claro, hubo invocaciones de otros postulantes, unánimemente místicos -al estilo antiguo de la Carrió-, tanto que un comensal planteó: «Pero esto, ¿quién lo organizó? ¿Ratzinger? Sólo falta Bergoglio». Mensajes de comunión, paz, conciliación, nueva alianza, casi todas expresiones en la boca de María Eugenia Estenssoro -todavía con el look de Frida Kahlo; sólo le faltan las laceraciones-, compañera de la Carrió a pesar de que ésta se preocupó en el pasado en castigar a Domingo Cavallo y, en consecuencia, a quien le revolvía la cabeza todos los días, Haroldo Grisanti. Este hombre mayor, como se sabe, es la pareja de la Estenssoro.
También hablaron Rubén Giustiniani y, por supuesto, el imán electoral de la prima donna: Alfonso Prat-Gay (con un brazo enyesado, el esquí provoca esas complicaciones), quien debería salpimentar sus discursos si pretende que lo tengan en cuenta. Igual, la Carrió lo hace notar por si él no prende con su palabra: «Lo amo, lo amo», proclamó varias veces, «¡es tan lindo!». Nadie le cuestiona datos estéticos del « bomboncito» -como lo calificaban algunas veteranas asistentes-, pero quien disertó en Basilea y presidió el Banco Central merece otro tipo de tratamiento. ¿O acaso vale lo mismo que Martín Redrado, otro personaje al que no le falta charme para otras señoras de cierta edad y robustez?   

* Para fortalecer la cábala: ésa, y no otra razón, fue la decisión de Néstor Kirchner de viajar a Queens (última salida antes de volver de Nueva York a la Argentina) y comer en una cantina llamada Boca Juniors y que, al menos, le produciría indigestión a un moderado hincha de Racing. Allí llegaron con toda la delegación, incluyendo a los que aterrizaron para ese grotesco continuo de las negociaciones auspiciadas por el rey de España con relación a la papelera Botnia. Raro: a la entrada de la cena, la esposa del Presidente se dejó tocar, abrazar y besar por muchos simpatizantes, hecho infrecuente en quien despersonaliza hasta un modesto beso en la mejilla. Si él estuvo parco, como en todas las comidas, ella se solazó explicando su entrevista en la Reserva Federal, adonde la llevó Martín Redrado con la mala fortuna de entrevistarse, otra vez, con los mismos interlocutores del día anterior. Hizo un aparte con Henry Kissinger, Susan Segal y William Rhodes (la mayor representación posible de la familia Rockefeller), aunque cierto enigma existe por la reunión a solas que le requirió el banquero (el mismo del Citi, de los 90, de la favorita que tenía como soprano y hacía cantar en el Colón,de los bonos, los premios, Cavallo, Menem y cuanto ministro haya existido) y de la cual, por supuesto, ella nada dijo.
En cambio, explicó que le había cerrado la boca a Kissinger, ya que éste se volvió pesado con el tema Chávez (Hugo, presidente de Venezuela). Después de algunas observaciones y respuestas tranquilas -bueno, se portó bien con nosotros, en materia de gas y petróleo es importante al igual que Putin para Europa-, como Kissinger insistió, le replicó (según ella): «Mire, antes estábamos peor, cuando en el continente no había democracia». A quien tiene negocios con empresarios enemistados con Chávez y, alguna vez, con razón fue acusado de provocar el golpe de Estado contra Salvador Allende, esa contestación de la candidata ¿le habrá provocado algún impacto en su corazón?   

* Mientras, Kirchner miraba de reojo a todo el mundo y, en particular, al televisor que transmitía el partido Estudiantes y Tigre. ¿Pasan siempre todos los partidos?, interrogó como si ya no lo hubiera preguntado el año pasado. Misma respuesta hasta que llegó un gol de Estudiantes que muchos festejaron nada más que para burlarse del titular de la ANSeS, Sergio Massa, un habitué del entorno en ese momento estacionado en Buenos Aires. En los costados, al margen de que el embajador Jorge Argüello sigue reclamando una partida superior para cambiarse de departamento (tiene uno de 130 metros en el corazón de la Ciudad) o musitó alguna queja por la soberbia que le aplica el segundo de Jorge Taiana, Roberto García Moritán, el resto conjeturaba sobre el triunfo de Cristina y, entre ellos, se preguntaban quiénes se quedarían en el gobierno. Ahora están con la teoría de que Julio De Vido abandonará la cartera actual, pero se ocupará de un megacentro destinado a controlar el deficitario sistema energético (también las obras, claro).

* Estaban todos juntos como en un scrum y, en estas ocasiones, muchos se preguntan la razón por la cual Kirchner pretende que ninguno acepte otro convite o intente ver un espectáculo. ¿Espíritu de cuerpo o protección de testigos para que ninguno cometa un desatino nocturno o, lo peor, hable con los periodistas? A ver si alguno revela entretelones de la censura que forzaron Miguel Núñez ( también lo acusaron, por comedido, a Héctor Timerman) o un momento tenso del encuentro con el juez Baltasar Garzón. Fue cuando la senadora sostuvo que el gobierno de su esposo fue el primero en ocuparse de los derechos humanos, lo que motivó la intervención del personaje español: dijo que antes se había juzgado a militares, se pagaron compensaciones y se recuperaron 80 niños de desaparecidos. Fue entonces cuando Kirchner suspendió el diálogo y avanzó con otro tema para que su mujer no se complique en discusiones estériles.   

* No había nada gratis, salvo la entrada. Y cualquier humano que se arriesgara a ese gentío acalorado en la Librería Cúspide, por lo menos, merecía una gaseosa. Falta de urbanidad de la editorial que invitó a la presentación del último libro de Juan Bautista Yofre (« Fuimos todos», continuidad del best seller «Nadie fue»), documentada y en ocasiones desopilante labor sobre el Proceso militar que se inició el 24 de marzo de 1976. Transpirando, los asistentes escucharon a Carlos Pagni y a Luis García Martínez, quien no participó del Proceso como su hermano Carlos. También al autor, agradeciendo casi con nombre y apellido a muchos de los presentes, algunos civiles y militares de aquellos años -quizás aguardaban una opinión menos crítica- y otros que sólo fueron espectadores.
Gente informada, claro, que dejaba caer datos: Eugenio Raúl Zaffaroni deja la Corte Suprema. Disgustado o no con el gobierno, lo cierto es que no debe observar con simpatía la titularidad formal que ejerce Ricardo Lorenzetti ante el mando de hecho que dispone Juan Carlos Maqueda, el más cercano al gobierno. La cuestión de la Justicia, sus dilaciones y enjuagues, alarma hasta quienes se esperanzaron con los cambios: hay indignación con el atraso de la pesquisa por el caso Greco (¿ya se han olvidado de que iban a premiar al grupo con 200 millones de dólares?), del cual el propio gobierno -y los radicales- también condenan a la desmemoria o una profunda sospecha por las salidas políticas de un fiscal (Carlos Stornelli) y de un juez ( Guillermo Montenegro) que investigaban el affaire Skanska. Se estima que esta causa ingresará a un sueño sin plazo y que cierta complicidad política existió en esta operación (al margen de la responsabilidad de los dos ahora especializados en «seguridad»). Tema extenuante para discutir, pero en el cual la palabra contubernio parece la más adecuada para utilizar en el tratamiento.


* Venía mucha gente de la misa de José Ignacio Rucci, coincidente con algunos temas del libro (Yofre, por otra parte, fue uno de los primeros en difundir los nombres de los integrantes de la célula de Montoneros que asesinó al sindicalista), casi ninguno oficialista como es de imaginar. Todos con la misma reflexión: no conozco a nadie que vote por Cristina de Kirchner, le pregunto a todo el mundo, de todos los sectores sociales y, sin embargo, las encuestas afirman que gana. Habrá que esperar a develar el misterio el 28 de octubre. Algunos, claro, presumen de sospechas extravagantes o combinaciones de medios con el gobierno. Por ejemplo, aludían con suspicacia al convenio que firmó Marcelo Tinelli en la Casa Rosada y a la inauguración, esta semana en Bolívar -con la candidata Kirchner de protagonista-, de un polideportivo que lleva el nombre del padre del animador y empresario televisivo. Parece que el Estado pone la plata (como la provincia en otro gimnasio que en Bahía Blanca llevará el nombre de Emanuel Ginóbili) y, a Tinelli, en verdad, lo que le debe importar es que la obra se haga. Nadie, como insinuaban algunos veteranos, debe suponer que desea convertirse en el Elías Sojit del kirchnerismo. Claro que fue a él a quien acusaron (Alberto Fernández) de fabricar facturas truchas para eludir la AFIP y quien respondió que el jefe de Gabinete era «el López Rega de Kirchner». Pero ahora hay paz e inauguraciones, todos felices, como los niños, de frágil y conveniente memoria.   

* Por fin un cumpleaños, a falta de casamientos, en elegante casa de tres pisos en Castex al 3200, con piscina incluida. Mariano Caucino, un joven que parece un regisseur de la política por sus constantes convocatorias (a la USES, al club ya perimido de Antonio Cafiero), celebró con empanadas y sándwiches de lomo (asado a la vista, en la parrilla del fondo) su avanzada cercanía a los 40. Se pobló la casa, entre otros, con los hermanos Corach (Carlos y Eduardo), María del Carmen Alarcón, el candidato Juan Archibaldo Lanús (quien, virgen en los menesteres políticos, vive preguntando por una posible captación de fondos para su campaña a senador, ya que los Rodríguez Saá le advirtieron: de este lado, no hay nada), Miguel Saredi, el abogado Mariano Pinedo y el embajador Jorge Hugo Herrera Vegas. Corach se limitaba: para mí, gana en primera vuelta la señora Kirchner, pero yo no voy a estar ese día (se va a París). Mientras, la Alarcón advertía: miren, en Internet circula una carta contra el gobierno que se la atribuyen a Luciano Miguens. «Es apócrifa», señaló, cuando nadie en la reunión -ni en Internet- pudo haber imaginado ese tono en la letra del titular de la Sociedad Rural.
Unos pretendían saber quién había organizado la reunión de Kirchner con Bill Clinton. Le atribuían a Timerman la intermediación y un erudito en esos temas precisó: fue David Martínez, el mexicano que es socio de Héctor Magnetto en CableVisión y aguarda el consentimiento del mandatario argentino para aprobar la fusión monopólica de los cables. El dato, al menos, garantiza que el gobierno argentino quizá no haya pagado la entrevista con Clinton -quien se gana la vida con estas entrevistas- y que el ex presidente norteamericano cerró trato con otro mediador. Aun así, señalaban que esa reunión no fue del mayor agrado de Kirchner, ya que pretendía que a Cristina la recibiera la propia Hillary. Pero, como se sabe, los Clinton adujeron que Hillary no se mezcla con ciertas actividades del marido y, por lo tanto, no concurre a las reuniones de la Clinton Global Initiative. El argumento, sin embargo, se desplomó cuando, dos días más tarde, la propia Hillary -acompañada de su hija Chelsea- se apareció en la entidad, estuvo en última sesión del coloquio y, además, se sacó fotos con cuanta persona lo deseara.