Los divisionistas contra el peronismo

El titular del gremio de los Canillitas y diputado nacional analiza la fractura del Partido Justicialista.

Escribe Omar Plaini (*)

Por izquierda o por derecha, al peronismo siempre intentaron infiltrarlo; desde los apóstoles del consenso de Washington hasta un conjunto de funcionarios mediocres, hijos putativos de un gobierno expulsado en helicóptero, el peronismo vive en la obligación de mantenerse en guardia. No hacerlo significaría asumir el riesgo de terminar como polea de transmisión popular de una estrategia lejana a sus principios doctrinarios.

Sería caer, irremediablemente, tanto por derecha como por izquierda, en la interpretación sectorial de una vanguardia iluminada, siempre predispuesta a analizar el fenómeno pero nunca a juntarse con él. Un peronismo aséptico, sin barro, sin chori, sin escudos.

Un peronismo de butacas numeradas.

El sujeto de transformación política del peronismo es históricamente la clase trabajadora. Lo fue y lo seguirá siendo. Es sorprendente cómo hoy en día se intenta ocultar esta verdad peronista.

La división del movimiento obrero es producto de aquellas contradicciones que el propio Gobierno Nacional no pudo o no supo resolver.

Aunque lo quieran negar, es inocultable que triunfaron los divisionistas dentro del proyecto kirchnerista. Proyecto cada día más frepasista y menos peronista. Son los sectores que incluso, como reconoce la Primera Mandataria, no comulgan con los principios justicialistas. Amantes de Sierra Maestra, siempre y cuando se pueda bajar en aerosilla.

Durante estos años el plan divisionista tuvo triunfos importantes pero efímeros. Los ejecutores del plan parten pero nunca reparten. El objetivo es claro: debilitar las organizaciones libres del pueblo, intervenirlas a cualquier precio, violentando incluso las reglas básicas del Estado.

En su avance desenfrenado, el Gobierno se erige como árbitro imparcial y levanta la mano al ganador preanunciado. Todo se arma con antelación. No importa que los elegidos no garanticen representación. No importa tener que renunciar a lo masivo. El divisionismo detesta lo popular, sabe mejor que nadie que en ese lugar anida el peronismo.

El plan divisionista se ocupa sistemáticamente de ocultar los daños colaterales al tiempo que intentan inventar triunfos que nunca llegan. El proyecto finalmente se debilita, se vuelve raquítico, se consume en contradicciones que no resuelve.

Por su lado, el peronismo espera paciente, aprendió a fuerza de sangre y persecuciones que finalmente la única verdad es la realidad. Con aire paternal observa a los divisionistas actuar, se simula derrotado y se autoexcluye cuando en el horizonte ya no vislumbra la Justicia Social como bandera.

Para el peronismo el camino es de vuelta, el tiempo y la doctrina juegan a su favor. Ya llegará el momento de desempolvar su certificado de vocación popular y volver a ser la columna vertebral del proyecto nacional y popular.

(*) Omar Plaini es diputado nacional y candidato a renovar su banca en la lista del Frente Unidos por la Libertad y el Trabajo bonaerense que encabeza Francisco De Narváez

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