El jefe del bloque Frente Peronista en la Cámara de Diputados analiza el fallo de la Sala I de la Cámara Civil y Comercial en torno a la ley de Medios y denuncia el supuesto interés del gobierno nacional de beneficiar a Telefónica en detrimento del Grupo Clarín.
Escribe Enrique Thomas (*)
No era del todo difícil predecir que la Cámara Civil y Comercial Federal objetaría los contenidos de la llamada Ley de Medios, en lo referido a la cantidad de licencias de medios audiovisuales permitida a las empresas tradicionales.
Pero a fin de anticiparse no hacía falta poner en consideración la pelea de la Justicia con el Gobierno nacional. Tampoco exagerar los poderes de La Corpo. Simplemente aplicar cierto sentido común para comprender el injusto -e inconstitucional, sin dudas- beneficio que obtiene la empresa trasnacional Telefónica, con las condiciones que se busca imponer a través del artículo 45 de la norma.
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La decisión de la Cámara sólo es difícil de entender, obviamente, desde la ficción política oficialista, cuyo leit motiv recurrente es convertir al CEO Héctor Magnetto en un villano de comic y, simultáneamente, conceder a sus favorecidos la condición de compañeros de ruta de una delirante revolución imaginaria. Dicho sea de paso, en los últimos días se ha confirmado que no sólo los beneficiarios de la concentración económica disfrutan del amor nac & pop sino, también, notorios traficantes de dinero e influencias.
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Para volver al tema en cuestión, recordemos que el artículo 45 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, establece un régimen de distribución de licencias que limita drásticamente a los medios que no usan el espectro radioeléctrico, como los cables y las señales audiovisuales. En este sentido, era insostenible permitirle a Telefónica (o a Direct TV) llegar a más de dos mil y pico de ciudades, con una sola licencia, mientras que a las empresas de cable se las acotaba a sólo 24.
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En su momento, advertí que la Ley de Medios era una vendetta contra Clarín,pero también un negocio con Telefónica. Recuerden que el proyecto oficial incluía la lisa y llana habilitación de la empresa, de origen español y capital trasnacional, para operar el servicio de TV por suscripción. Si bien en la Cámara de Diputados conseguimos darle de baja a ese artículo, las nuevas condiciones del mercado audiovisual le siguen ofreciendo, en la Argentina, condiciones privilegiadas; mucho más, incluso, que a los propios medios estatales, paraestatales o a Direct TV.
Esto es así porque la imparable digitalización de la comunicación audiovisual y la ultra velocidad alcanzada por la red terrestre hará del control de la conectividad la llave maestra para ofrecer el servicio que comercialmente llaman Triple Play. Y en nuestro país, esta llave está en manos de Telefónica, que la detenta de manera monopólica.
Pero ninguno de los combativos funcionarios y dirigentes del campo nacional y popular dice absolutamente nada de esta situación¿Será porque Telefónica, una de las corporaciones más poderosas del capitalismo mundial, se ha rendido a la contundencia del kirchnerismo dialéctico? Casi seguro que no. A pesar que Telefé, por esa capacidad a prueba de balas que suele mostrar la gente de negocios, sea hoy una especie de Televisión Pública con rating.
(*) Enrique Thomas es presidente del bloque Frente Peronista en la Cámara de Diputados de la Nación
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