Las elecciones legislativas marcaron el pulso del año

Política

Como en 2009, las elecciones de medio término significaron un revés para el oficialismo, que ya comenzó a dar muestras de reacción. Los ganadores y perdedores de una contienda que comenzó a prefigurar la puja de 2015.

Las elecciones legislativas celebradas el 27 de octubre pasado no sólo permitieron renovar la mitad de la cámara de Diputados y un tercio de la cámara Alta sino que marcaron además el pulso, por lo menos a nivel político, del año que termina. La nueva composición del Congreso será la que acompañe los rumbos del Ejecutivo de cara a los últimos dos años de mandato de Cristina Fernández.

Si bien se trató de una elección de medio término, los diferentes espacios políticos sacaron conclusiones respecto de lo que fue la contienda, pero sobre todo de lo que vendrá, y ratificaron o rectificaron sus rumbos.

Los resultados de los comicios dejaron tres grandes ejes de análisis: la victoria en la derrota (el Frente para la Victoria ratificó su preeminencia como primera fuerza a nivel nacional pero sufrió fuertes derrotas en los cinco principales distritos electorales del país), el posicionamiento de los principales referentes de cada fuerza de cara a la puja de 2015 y quiénes fueron los grandes  ganadores y perdedores de la elección.

Conocida es la capacidad de reacción del kirchnerismo ante los resultados adversos. La mejor prueba de ello pudo verse en el contundente resultado electoral obtenido en 2011 apenas dos años después de una derrota de similares características a la de octubre pasado. Y los primeros signos de reacción no se hicieron esperar.

A pocas semanas de las elecciones el kirchnerismo acusó el golpe y respondió con medidas concretas: como en 2009 la presidente Cristina Fernández resolvió introducir cambios en el Gabinete Nacional, con las salidas rimbombantes –por su función o por su puesto- de Juan Manuel Abal Medina, Hernán Lorenzino, Guillermo Moreno y Arturo Puricelli. Así llegaron a los primeros rubros Jorge "Coqui" Capitanich, Axel Kicillof y la "casco blanco" –y mano derecha del secretario de Seguridad, Sergio Berni- María Cecilia Rodríguez.

Capitanich, uno de los tantos presidenciables dentro del PJ, subió de esta manera sus acciones para disputarle la sucesión al gobernador bonaerense Daniel Scioli. El gobernador chaqueño de licencia emerge entre los mandatarios provinciales exitosos que obtuvieron el 50% -o más- de apoyo en sus distritos –ocasionalmente un escalón arriba del entrerriano Sergio Uribarri y del rionegrino Miguel Ángel Pichetto-.

En tanto el kirchnerismo supo encontrar un triunfo en la derrota. A pesar de haber quedado relegado en los principales distritos electorales del país, el Frente para la Victoria se mantuvo como la primera fuerza a nivel nacional lo que le permitió conservar el control de ambas cámaras del Congreso. La nueva composición del Parlamento no muestra cambios sustanciales en la correlación de fuerzas e incluso el kirchnerismo logró incrementar su representación parlamentaria en Diputados, pasó de 115 a 120 diputados propios y elevó a 131 su respaldo junto con aliados al tiempo que sostuvo las 11 bancas del Senado que ponía en juego.

Entre los que ya se han lanzado a disputar el "fin de ciclo" hay tres espacios políticos. Por un lado, el Frente Renovador de Sergio Massa, que desde el peronismo opositor le arrebató la Provincia al kirchnerismo y al sciolismo unidos en una cruzada conjunta. Fueron más de 3 millones y medio de votos, que redundan en algo más del 43% del padrón de votantes de una provincia que abarca el 37% de la elección nacional. Aunque es cierto que su figura se ha desdibujado –perdido protagonismo- desde que se apagaron los flashes de la contienda electoral.

En ese mismo espacio -el del peronismo disidente-, podrían añadirse la buena performance del dúo Juan Manuel de la Sota y Juan Schiaretti en Córdoba, que cosecharon el primer lugar con un 26% de los votos. Si bien no es un triunfo aplastante ni mucho menos (el radical Oscar Aguad quedó con el 22% y poco más abajo el FPV y el PRO), puede tener su peso si se piensa en un armado peronista opositor de cara a 2015, que incluya a otras figuras que ya han dialogado con Massa, como Carlos Reutemann y Roberto Lavagna. Claro que De la Sota se golpeó de frente con sus aspiraciones al ser el primero en recibir el estallido de la revuelta policial por salarios hace pocas semanas.

En el segundo pelotón de ganadores que aspiran a más en 2015 está el espectro del Frente Progresista que nuclea, bajo diferentes nombres o incluso alianzas según la provincia, a la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista, la Coalición Cívica, el Proyecto Sur y otras agrupaciones menores. Traducido en nombres y datos concretos, hay tres grandes puntales de ese resurgir: Julio Cobos, que obtuvo el 48% de los votos en Mendoza y revitalizó a la UCR; Hermes Binner, que con el 42% dejó lejos al PRO y al FPV en Santa Fe; y Elisa Carrió, que en diputados porteños casi alcanzó al hasta aquí imbatible PRO con el 32%. Si entre ellos logran ratificar una alianza, a la que se le añade el regular desempeño de Margarita Stolbizer y Ricardo Alfonsín en territorio bonaerense  pueden forjar un espacio fuerte para lo que viene. No han sentido tanto la mella de los conflictos de fin de año y lograron mantener cierta presencia a partir de su ingreso legislativo.

Un poco más atrás –por los votos en todo el territorio nacional pero no por su temprano lanzamiento- emerge la figura de Mauricio Macri. El PRO renovó su amplio dominio en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, pero a pesar del casi 40% de votos que cosechó Gabriela Michetti, aún no acaba de asentarse en algunos distritos claves. En Provincia, por ejemplo, fue detrás del massismo –con quien se peleó incluso antes de la elección- y tiene el desafío irrenunciable de construir su propio espacio local. Lo mismo ocurre en Mendoza, donde las tres fuerzas que lo apoyaban quedaron muy lejos de obtener una banca. Además, la emergencia de UNEN quebró la tradicional polaridad entre el PRO y el kirchnerismo en Ciudad y dispersó aún más el siempre cambiante electorado porteño.

Con su estrategia de apostar a candidatos "famosos", el PRO sí ha logrado asentarse en Santa Fe, donde Miguel Del Sel renovó su buena performance y obtuvo hasta tres bancas con el 27% de los votos y creció en La Pampa, donde el ex futbolista Carlos Mac Allister obtuvo una banca con el 20%; y en Córdoba, donde el ex árbitro Héctor Baldassi conquistó la suya con el 14% de los sufragios. Sumado a los dos escaños porteños en el Senado, quizás puedan augurar un refuerzo de las aspiraciones presidenciales del macrismo. Lo que seguro comenzó a vislumbrarse es la disputa por el sillón que ostenta Macri: Michetti tiene competencia en el jefe de Gabinete, Horacio Rodríguez Larreta, el ex ministro de Ambiente y Espacio Público y ahora senador, Diego Santilli y en el legislador porteño, Cristian Ritondo. Hay muchos frentes abiertos en el PRO de cara a 2015.

Por último, entre los ganadores -ya no se puede hablar de sorpresa-, está el Frente de Izquierda y los Trabajadores, que acrecentó la buena elección de las PASO con un 40% más de votos. Llega de esta forma a su primer bloque histórico de 3 diputados nacionales –Néstor Pitrola (Buenos Aires), Nicolás del Caño (Mendoza) y Pablo López (Salta), que rotarán cada año con miembros de las otras fuerzas integrantes.

Entre los perdedores, ese segundo pelotón un tanto más incómodo, el más resonante fue el derrumbe de Francisco de Narváez, que hace solo 4 años se impuso en las elecciones legislativas ante el ex presidente Néstor Kirchner y en esta elección no solo cayó al 5,4% sino que además lo hizo desde un 11% que había cosechado en las PASO. Perdió más de 500.000 votantes en solo dos meses. Acto seguido, sumó a uno de sus más próximos colaboradores al gobierno de Scioli, blanco de todas sus críticas pocos meses antes.

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