Calor, masas secas y empanadas en un festejo poco peronista
El lujoso Hotel Intercontinental se mantuvo tranquilo ayer a la noche. Por lo menos hasta que empezaron a correr (de a poco) los primeros resultados. No había pancartas y ni bombo peronista. Nada que hiciera suponer, de hecho, que estábamos en medio de un festejo... peronista. Por el contrario, una serie de dirigentes, funcionarios, diputados y famosos vinculados al gobierno se acercaban en ropa informal y con una tranquilidad visible.
Desde Jorge Coscia, director de cine y diputado por el Frente Para la Victoria, a Tom Lupo y uno de los hermanos Korol (sonriente en todo momento), todos deambulaban en charlas que pasaban de los chistes fáciles a las referencias a los comicios.
Para la espera, empanaditas de carne y de pollo (demasiado secas por cierto), sándwiches de miga (clásicos de jamón y queso) y alguna que otra masa seca intentaban ayudar a amenizar el cansancio y el agobiante calor.
Minutos más tarde, y ante la escasez de más provisiones, muchos se conformaron con mojarse el pelo en los baños; mientras otros ya se ubicaban estratégicamente para escuchar las palabras de la nueva presidenta.
Cuando empezó el discurso, las luces se apagaron y los cánticos volvieron a sonar fuerte. “Se siente / se siente / Cristina presidente”, se oyó en el hall central. En medio de la alocución, un despistado Mex Urtizberea logró colarse en medio de la multitud. “Llegué un poquito tarde”, alcanzó a decir a modo de broma, mientras intentaba encontrar un buen lugar a pesar de su baja estatura.
A todo esto, en su discurso Cristina Kirchner mencionaba a su marido y la ovación aumentaba. “Olé, olé olé olé / Néstor / Néstor... ”
Mientras tanto, un hombre vestido de pingüino caminaba entre la multitud. “Mirá a éste, con el calor que hace”, se escuchó decir a un joven con la insignia de Compromiso K (una de las tantas agrupaciones oficialistas que comanda el ministro Julio De Vido).
Una vez terminado el discurso, el caos se desató: reporteros gráficos, fanáticos y militantes K se peleaban por tener el mejor lugar en el saludo final. A puro codazo y sacudones, el acto se fue diluyendo al compás del saludo general de todos los candidatos.
Por supuesto, sobre el final una tímida marcha peronista cubrió la sala sólo en los últimos instantes. Y, con ella, el calor popular también se hizo sentir.
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