"Fue el mismo infierno", recordó una testigo del atentado a la Embajada
"No me acuerdo de haber sentido dolor, pero fue como si hubiese llovido sangre", dijo Lucía Viller en C5N. Se emocionó al evocar las "terribles imágenes" y aseguró: "Tuvimos un Dios aparte".
"En ese momento yo tenía 8 años, estaba en 4° grado. Hacía mucho calor, estábamos en clase. Un compañero justo ese día nos dice que iba a explotar una bomba atómica y moriríamos todos. Nos reímos, nos burlamos de él", contó Lucía Viller.
En tal sentido, describió cómo vivió el momento del atentado: "Hubo una explosión. Me quedé quieta, veía que la gente pasaba y yo no podía moverme. Había todos vidrios en el piso. Tenía un diccionario en la mano, me aferré a eso como si fuese lo último que tenía".
"Estábamos haciendo una fila en la escalera. Alguien me toca el hombro, me deja toda ensangrentada. Yo me asusté, traté de correr, faltaban escalones al final de cada piso había maestras ensangrentadas que nos decían que nos quedáramos tranquilos. Nos decían que estaba todo bien, cuando en realidad estaba todo mal. Para nosotros era el infierno", dijo la mujer visiblemente emocionada.
Y resaltó: "No me acuerdo de haber sentido dolor, pero fue como si hubiese llovido sangre".
"No se entendía de dónde había salido tanta sangre. Había ancianos que se quemaban y nos pedían ayuda. Con 8 años pensé que podía ayudar, fui hacia una maestra y le pedí que ayudara, ella me tocó la cabeza y me miró con la mirada perdida, como diciéndome que no podía hacer nada", agregó.
"Hace 23 años que pasó esto. Creíamos que lo teníamos superado, pero cuando nos enteramos que se sancionó una ley para las víctimas del atentado y tuvimos que escribir realmente el relato todos tuvimos la misma reacción: cuando tuvimos que contarlo con detalles nos dimos cuenta que el dolor todavía no había terminado, sentimos que no va a terminar", afirmó y agregó: "En 23 años no tuvimos apoyo, no nos brindaron apoyo psicológico, nada".
También describió: "Muchos tuvimos de muy chiquitos ganas de no seguir más. Muchos sufrimos de depresión, uno de mis compañeros se suicidó años más tarde".
"Todo lo que se veía en nosotros no era normal. Yo por ejemplo les sacaba las piernas a mis muñecas Barbie y no me daba cuenta", relató.
Sobrevivientes y familiares de las víctimas del atentado contra la Embajada de Israel en Buenos Aires volvieron a exigir justicia este martes durante el acto que realizaron al cumplirse un nuevo aniversario de la masacre ocurrida hace 23 años, el 17 de marzo de 1992.
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