Denuncian al dueño de una panadería de Castelar por abuso sexual

Sociedad

Una ex empleada presentó una demanda en la Comisaría de la Mujer de Morón contra el dueño de una panadería de Castelar por abuso sexual.

Agostina Signorelli, ex empleada de la panadería La Española de Castelar denunció en la Comisaría de la Mujer de Morón haber sido abusada sexualmente por parte del dueño del local, Adolfo Samban.“No soy la única ni tampoco la primera”, destacó.

A través de sus redes sociales, la mujer contó la situación que vivió en su lugar de trabajo para alertar a los vecinas y empleadas del lugar, para que “ninguna tenga que pasar por lo mismo”.

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A raíz de su denuncia, comenzaron a llegarle varios testimonios de situaciones similares con el mismo hombre, que no solo acosaba sexualmente a las empleadas y clientas, sino que, además, maltrataba laboralmente a los empleados varones.

"Empecé en la sucursal de Santa Rosa al 1500 el 2 de marzo de este año y todo era color de rosa, sinceramente. Mis compañeros, tanto de mi sucursal como las de Avellaneda y Carlos Casares, todos unos amores de personas, muy buena gente. Yo estaba muy feliz y cumplía siempre con todo lo que me pedían", contó al medio La Ciudad.

La mujer había sido contratada por los hijos del dueño, Federico e Ignacio Samban. "Si bien me contrataron para trabajar en la sucursal de Santa Rosa, era habitual que, tanto a mí como a otros compañeros, nos enviaran a cubrir las otras sucursales según las necesidades, como la falta de personal. El día del abuso fue uno de esos en los que me mandaron de una sucursal a la otra", relató.

¿Cómo fue la cronología de ese día?

El sábado 16 de julio le informaron que por la tarde le tocaba cubrir un turno en Carlos Casares. A las 16:45 entró a esa sucursal. "Todo estaba normal. El señor Adolfo estaba en la caja. Lo que él hace habitualmente es sacar dinero, llevárselo a su oficina, irse, volver, etc. A las 18 aproximadamente, yo estaba fichando en una computadora el pedido de un cliente y Adolfo Samban se acerca buscando algo. Yo le pregunto si necesitaba algo, a lo que él me responde que sí, que necesitaba `a alguien flaquito que lo ayude`”.

Entonces, me lleva a un sector que está por detrás de la panadería y me dice que “si pasaba por ese lugar pequeño y le abría una puerta que él necesitaba abrir, él me iba a dar un premio. Esa puerta daba a una escalera para su oficina, que está en un entre piso. Yo paso, logro abrir la puerta y me dice `Bueno, vení conmigo que te doy el premio`. Entre risas, yo le respondo que no hace falta".

El hombre insistió. "Él sube esas escaleras y yo me quedo atrás, en la puerta. Él entra al fondo de la oficina y busca en un placard algo. Finalmente, trae un caramelo de frutilla, se lo mete en la boca, deja un pedazo del caramelo afuera y me viene a dar un beso para pasármelo.Yo me quedé en shock. No sabía qué hacer, cómo reaccionar. Jamás me había pasado algo así. Le respondí: `No, Adolfo, perdóname, pero no`. A lo que él me agarra, me toca la cola y me manosea. Yo quiero correrme del medio, intentando irme, y él me dice que la próxima no zafaba”.

Según relató, la mujer bajó, se encerró en el baño y llamó al novio. "No le conté lo que pasó en sí, simplemente hablamos y le dije que estaba muy mal, llorando. Salí, me acomodé el uniforme para que nadie me viera mal y cumplí con mi horario de trabajo para no dejar solos a mis compañeros. Adolfo había bajado a la caja nuevamente y me miraba con una mirada asquerosa. Yo lo ignoro e intento alejarme de él lo más posible, hasta que se retira de la panadería”.

A las 20:17 la joven salió del lugar. "Me vino a buscar mi novio y me agarra una especie de ataque de pánico, me quedo sin aire. Me voy a su casa, hablo con mi suegra, y ahí mismo decido llamar a Federico Samban, uno de los hijos del dueño, que me había contratado, y le cuento lo sucedido. Me decía que él no lo podía creer, pero que iba a elegir ponerse del lado del padre y que yo haga lo que tenga que hacer”.

Federico la llamó nuevamente en en persona, antes de que hiciera algo. La cito el domingo a la mañana en el local de Avellaneda. "No me dijo nada nuevo, solo que él no había hablado con el padre aún sobre lo que pasó, cosa que no creí. La charla termina con él diciéndome que `quedábamos en contacto`, que yo si quería podía hacer una denuncia o escracharlo, pero que, antes de hacer algo, que piense en las 50 familias a las que le arruinaba todo el laburo”.

La mujer respondió que si lo denunciaba "iba a ser para ayudar a esas familias y a todas las que pudieran venir en el futuro". Ese mismo día fue a denunciarlo a la Comisaría de la Mujer de Morón. Luego expuso su situación en redes sociales, para alertar a las empleadas y clientas.

"A raíz de eso, me llegaron un montón de testimonios similares, actuales y de hace muchos años atrás también. Un espanto", contó.

Signorelli debió ser internada de urgencia en el Hospital San Juan de Dios ayer por la mañana debido a un cuadro de crisis de ansiedad producto de toda la situación. Ya se encuentra en su casa, estable.

Desde la denuncia la panadería La Española no esta recibiendo al público. Se dedica solo a la venta de sus productos con la modalidad “para llevar” o “entrega sin contacto”.Además, limitó los comentarios en sus redes sociales.

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