Agua, aire y suelo en situación crítica por el caudal de basura

Sociedad

*Luego del primer informe, ahora presentamos los problemas que generan los rellenos sanitarios y su mal funcionamiento.
*La falta de de conciencia a nivel social, la poca disponibilidad de espacio urbano para tratar la basura y la necesidad de una reglamentación efectiva al respecto quedan, una vez más, en evidencia.

Como se explicó en el primer informe presentado por este medio, los rellenos sanitarios fueron concebidos con una intención de solución definitiva para el problema de los residuos domiciliarios. Pero con el paso de los años, se convirtieron en una nueva pesadilla que impone una discusión a fondo sobre cuáles deberían ser las verdaderas estrategias para encarar este tema.


 


“El problema de los rellenos es que no están bien construidos. La basura se descompone y genera un lixibiado”, dice a minutouno.com el ingeniero ambiental José Patiño y agrega que “estos producen más de 1000 radicales químicos que son contaminantes e incluso, llegan a alcanzar las napas freáticas”. Estas napas son las que están más cerca de la superficie del suelo y debajo de éstas hay dos más que por distintos mecanismos también llegan a contaminarse.



De esta manera, con el tiempo se perjudica al agua, al aire y al suelo; hay aumento de casos de distintos tipos de cáncer y malformaciones en las poblaciones cercanas, que también sufren la desvalorización de sus propiedades. Esos son algunos de los motivos por los cuales la gente rechaza con fuerza la instalación de este tipo de mecanismos en sus ciudades, como por ejemplo ocurre con la población de Brandsen. “La gente no los quiere por desconfianza ante los malos controles por parte del Estado. Se produce el fenómeno del NIMBY –que sería la abreviatura en inglés de "no a la basura en el patio trasero"-, la gente quiere que el problema se resuelva, pero lejos", explica el periodista ambiental Sergio Federovisky .



El colapso de los rellenos sanitarios



Este tipo de plantas que se ubican en la zona de Punta Lara o González Catán necesitan ser cerradas, ya sea porque están desbordadas, porque hay que alejarlas de zonas urbanas, o por la misma inquietud y temor de la gente que ya realizó muchas denuncias acerca de su mal funcionamiento. El titular del Ceamse, Carlos Hurts, afirmó a minutouno.com que se está en una situación “crítica” y que quiso alejarlos de esas localidades, pero aún “no se pudo definir su reubicación”.



La reubicación de estos rellenos es uno de los graves inconvenientes: hay varios puntos que no terminan de convencer a la gente y a los municipios para aceptarlos. Sergio Federovisky habla de la paradoja que representa esta cuestión ya que la desconfianza de la gente en los controles oficiales hace que finalmente los vecinos prefieran "tener la basura propia y mal controlada”, es decir, un basural antes que un relleno. Ante esto, Juan Casavelos, coordinador de Greenpeace, asegura que “hace falta una buena gestión de concientización”. “La educación de la gente es algo útil y necesario, aunque a va llevar mucho tiempo lograrlo”, pero admite que "nadie quiere la basura del otro".


    El titular del Ceamse, Carlos Hurts, afirmó a minutouno.com que se está en una situación “crítica”. 

Casavelos también hace referencia a que la buena administración de la basura debe comenzar en el seno mismo de los hogares y menciona la “recolección diferencial, para enviar por separado los productos orgánicos de los que no lo son, por que sino el tema de los rellenos tampoco tiene sentido”. Sobre este tema, el ingeniero José Patiño comenta que no debería haber problemas para lograrlo ya que “se hace en otras ciudades del mundo –a excepción de los países subdesarrollados-. Las autoridades ambientales deben controlar el funcionamientos de estos complejos y la gente debería separar la basura”. Patiño también pide que “el llamado a licitación de estos plantas ambientales debe ser correcto para evitar así cualquier tipo de irregularidad”.


 


El futuro no es alentador



Las soluciones todavía están muy lejos. El plan "Basura Cero" impulsado por el Gobierno de la Ciudad prevé, según el ministro porteño de Medio Ambiente, Juan Manuel Velasco, que se esté enviando a los rellenos en los próximos diez años “un 30 por ciento menos de basura que lo que se envía hoy en día”. Como se ve, el problema excede a un solo gobierno y los planes deben ser a largo plazo.


 


Velasco vaticina: "En el año 2020 no se destinaría a este sistema nada de la basura que se pueda reciclar", lo que implicaría un gran avance contra la contaminación y sólo se enviaría lo orgánico. Este tipo de residuos no representa peligro de contaminación como sí lo hace la mayoría de la basura que hoy se trabaja en esos lugares.

Residuos cloacales, desechos industriales, sobras de escombros de grandes construcciones, falta de conciencia de la gente, actividad cartonera o irregularidades en los controles, entre otras, hacen que el tema de la contaminación este lejos de solucionarse, pero es necesario entender al menos que el tratamiento de la basura es una tarea de todos.

Dejá tu comentario