Caso de Florida: la réplica de Lucila Frend, principal acusada

Sociedad

Durante los primeros meses, el silencio de familiares y conocidos fue determinante en el hermetismo que cubrió al caso de Solange Grabenheimer, que para los investigadores estaba rodeado de muchas dudas y una certeza: fue alguien del círculo íntimo.

“Quien cometió el crimen debía tener la llave. Además, a la chica la asfixiaron mientras dormía y después la degollaron. La víctima aparentemente conocía a su asesino y éste sería del círculo íntimo”, aseguró una fuente del caso a minutouno.com

El silencio finalmente se rompió. En un reportaje en la revista Para Tí, los padres de Solange acusaron directamente a la amiga de su hija, Lucila Frend, quien no tardó en dar a conocer su versión de las cosas.

“Me extirparon la mitad de mi vida. Yo no maté a Sol. Compartía todo con ella”, aseguró de entrada Lucila en una entrevista en Para Tí a modo de descargo.  

“Cuando propuso irse a vivir con Lucila, nos pareció buena idea”

Las dos chicas se conocieron cuando cursaban tercer año en el Colegio Nuevo de Las Lomas y se hicieron inseparables hasta su graduación. Fueron años de amistad donde compartían todo, ropa, carteras, vacaciones, navidades y grupos de amigos.

Al mismo tiempo, la situación de Solange en su casa se deterioraba, por reproches ante las salidas y la mala relación con la pareja de su madre, Patricia Lamblot, divorciada de Roberto Grabenheimer hace 18 años. Eso llevó a que, en octubre de 2005 la joven decida irse a vivir con su amiga al PH que alquilaban en La Florida.

Había muchas peleas y discutíamos por las salidas –dijo Patricia en un reportaje anterior-. Además, yo me enojé cuando apareció con los piercings en la cara. Por eso, cuando nos propuso irse a vivir con Lucila, nos pareció una buena idea”.

    "Sol volvió de la casa del novio alterada, había tenido un altercado con la mucama que le dijo 'me querés cagar el laburo, te voy a matar' Ella tenía mucho miedo"

Lucila contó que la noche anterior al crimen, ellas habían ido a comprar un regalo para Valeria, una amiga que cumplía años. Luego, volvieron a su casa. Sol se bañó, se cambió y se fue a lo de su novio, Santiago. Pero regresó al rato, alterada por una pelea.

“Volvió a eso de las 22.30 muy nerviosa. Me contó que había tenido un altercado con Esther, la empleada doméstica. Aparentemente, dos meses atrás esa mujer, de unos 50 años, lo había acosado. Sol la habría enfrentado y Esther la zamarreó y le dijo: ‘Me querés cagar el laburo, te voy a matar’. Sol tenía mucho miedo”, afirmó Lucila en la entrevista.

En ese momento, según dijo, intentó tranquilizar a su amiga. Le preguntó si esa mujer conocía la dirección de la casa. Solange le contestó que no y le comentó que estaba molesta porque sentía que su novio Santiago no reaccionaba ante esa situación. Luego, se quedó mirando tele. Lucila se fue a dormir. Era la medianoche. No escuchó más nada.

Consultado por minutouno.com, una fuente del caso aseguró que esa posibilidad fue descartada desde el principio porque se trataba de una persona “de esas simples, sin mucha educación” y que fue ante la pelea que Esther gritó que iba a matarla “pero como quien lo dice sin pensarlo, sin intención real de hacerlo”.

“Sol está tirada... tiene sangre”

Lucila –según afirmó- se despertó a las 7, vio que su compañera aún dormía y se fue al trabajo preocupada por el incidente de su amiga con la mucama. Luego intentó comunicarse con ella. La llamó primero a la casa. No contestó nadie, ni siquiera el contestador automático. Intentó al celular, pero tampoco hubo respuesta. “En ese momento pensé: salió de casa apurada, se olvidó el celular. Después la llamo”, sostuvo.

Esa noche, luego de una cena familiar, esperaba ir con Solange al cumpleaños de Valeria. Trató de nuevo ubicar a su amiga, pero otra vez fue inútil. Se fue sola. “Cuando llegué –agregó-, Valeria me comentó que no había hablado en todo el día con Sol. Era algo muy raro, ellas también eran amigas íntimas y se suponía que iban a hablar más temprano. Ahí comencé a alterarme.”

Ahí, Frend llamó a Santiago, el novio de Sol, para encontrarse en la puerta del PH. porque “sentía que algo estaba mal”. Una vez en el lugar, entraron y notó que el contestador estaba desconectado, su corazón se aceleró. Le dijo al joven que no se animaba a subir a la habitación. Al rato él bajó: “Me dijo ‘Sol está tirada... tiene sangre”.

"Cuando el fiscal me dijo de subir adonde estaba el cuerpo de Sol, pedí que le taparan la cara. No quería recordarla así, con el rostro lleno de tajos"    


Inmediatamente todos salieron de la casa. Llamaron a familiares y a la policía. Cuando llegó el fiscal, Lucila le comentó que Sol guardaba el dinero que traía de la recaudación del local de autopartes en una bota. Era necesario pasar por al lado del cuerpo degollado de Solange.

“Antes de subir, me preguntó: ‘¿Te impresionás?’. Le contesté que sí, pero no me importaba, iba a subir igual.” Sin embargo, pidió que


 le taparan rostro de la víctima porque “no quería quedarme con esa imagen de Sol, ver su cara llena de sangre, con tajos” agregó Lucila.

El dinero estaba allí, en su lugar. También el reloj que llevaba. Desde un principio, a los investigadores les llamó la atención que la puerta no había sido forzada. “Todos los indicios daban que la víctima conocía a su asesino. Ahí se sospechó del círculo íntimo que comienza con la persona que vivía con ella”, aseguró una fuente de la investigación a minutouno.com


 


Relaciones entre las chicas

Pero fueron tres testimonios de la causa los que llevaron a sospechar de una relación que iba más allá de una simple amistad, declaraciones sobre relaciones lésbicas.

Lucila se defendió: “¡No es correcto! Las declaraciones de esos testigos no respaldan la afirmación del fiscal. Sólo alguna vez fui a un boliche gay por curiosidad y para divertirme”.

Con algunos kilos de menos, la mirada sin alegría, Lucila Frend ahora vive con su madre porque tiene miedo a quedarse sola. Tiene pesadillas, perdió su trabajo y apenas puede seguir con la carrera de Diseño de Imagen y Sonido en la UBA.

Pese a todo, dice que está “en paz" porque nunca tuvo una pelea con su amiga Sol. "Los pocos problemas que tuvimos, los arreglamos hablando. Toda la tristeza va por dentro. Me encuentro con Sol cuando rezo por ella o miro sus fotos. Con todo esto, empecé a descubrir una faceta espiritual en mí”.

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