Citan a declarar al capellán general de la Policía Federal tras la denuncia por abuso sexual agravado
Diego de Campos fue denunciado por abuso sexual agravado por uno de sus custodios. El acusado proviene de una familia de poder con aceitados vínculos con la política, la Justicia y los medios.
Diego de Campos, capellán general de la Policía Federal Argentina.
La justicia citó a prestar declaración indagatoria del capellán general de la Policía Federal Argentina (PFA), Diego de Campos, en el marco de una causa que lo tiene como acusado en un supuesto caso de abuso sexual agravado.
Según reveló este viernes Mauro Federico en C5N, De Campos fue denunciado ante el Juzgado Federal n°10 que conduce Julián Ercolini, por uno de sus custodios. Aunque la denuncia ya tiene varias semanas no había trascendido debido a los robustos contactos ya que De Campos proviene de una familia patricia en la que hay jueces, funcionarios de la Justicia y empresarios con fuertes vínculos políticos y mediáticos.
De Campos vive en una casona de Recoleta y cuenta con custodia personal de la PFA. Fue precisamente uno de sus custodios quien lo acusó ante la justicia. De acuerdo con su testimonio aseguró haber padecido acoso, abusos sexuales y persecución laboral por parte del religioso.
Capellán General de la PFA, De Campos se dedica a recorrer el país supervisando al resto de capellanías policiales y es la figura más preponderante de la fe dentro de esa fuerza de seguridad federal.
Según reveló C5N, el denunciante es un joven integrante de la PFA cuyo nombre se mantiene en reserva y que actualmente se encuentra bajo tratamiento psicológico debido a los traumas que provocaron lo vivido con De Campos.
De acuerdo con la denuncia, De Campos habría insistido en reiteradas oportunidades ante la superioridad de la PFA para que este agente en particular fuera asignado a su custodia, aún saltando algunos legalismos básicos. "Me contactó tres veces para hacer el pase a la dependencia que él tenía a su cargo. Yo siempre me había negado, hasta que me notificaron sin mi consentimiento que debía estar en la custodia del aquí denunciado", declaró el joven agente y siguió: "me obliga a integrar un supuesto círculo de confianza. Me imponía poder desde el credo y su cargo policial, siempre hablando de su hermano el doctor Manuel de Campos, juez nacional. Y ostentaba que estaba apoyado por el Papa Francisco. A sabiendas de que yo me había confesado con él como cura, igual así delante mío hacía chistes sexuales, contaba sus intimidades, comentarios obscenos".
Según el denunciante las "situaciones incómodas" fueron cada vez más comunes hasta que De Campos fue un paso más allá y comenzaron los abusos. "Me hace subir una escalera en su despacho. Ahí hace que se trastabilla y me toca un glúteo. En ese momento le digo: ¿Qué hacés? Y me dice: ¿No viste que casi me caigo?", aseguró el denunciante en su presentación.
Y la situación siguió apenas unos días más tarde. "La segunda vez una de las guardias me dice de ir a su despacho me dijo de ir a tomar un café. Cuando llego el pasillo era muy angosto y ahí siento que me toca. En ese momento no había ninguna excusa posible y le contesto ¿Qué hacés? Te dije que no me cabe", relató en su declaración.
La última situación habría sucedido dentro del coche oficial con el que el sacerdote se desplazaba y del que el custodio era chofer. "La tercera vez lo tenía que buscar al capellán en su domicilio en Recoleta y llevarlo al Departamento Central. Cuando estoy estacionando el auto se acerca y me toca el pene diciéndome: 'Tengo algo chiquito que cuando lo tocás se vuelve grande' y ahí detengo el auto y le grito: '¿Qué hacés, hijo de puta?!!'".
A partir de ahí el custodio sufrió persecución laboral, cambios de turno, quejas. En una ocasión el sacerdote le ofreció una cantidad de dinero en efectivo que sacó de un cajón que superaba ampliamente varios sueldos del agente, con la propuesta de que lo use para tomarse unas vacaciones con su familia. Como se negó a aceptarlo, aumentó el hostigamiento.
Finalmente, al denunciante lo trasladaron al Clero de Caballeriza de la calle Cavia de la Ciudad de Buenos Aires. El Capellán Diego de Campos dejó claro que había tenido mucho que ver con el traslado como forma de castigo y le dijo que "ese lugar era para negros de mierda que solo saben pintar". Allí, y siempre de acuerdo al relato que consta en la causa, lo obligaron a hacer cosas por fuera de sus funciones, y el hostigamiento continuó. Posteriormente, los traslados continuaron a tres diferentes secciones, situación que afectó el ánimo del agente.
En la causa, presentó dos testigos, otros custodios como él que podrían ratificar su versión de los hechos.
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