Ciudad minada: ¿quién se hace cargo de la caca de los perros?

Sociedad

El slogan de la campaña era claro: "Tu perro, tu caca". Sin embargo, parece que muchos dueños supieron desentenderse de la potestad de sus canes, al menos, cuando de recoger sus desechos se trata.

Así, la ordenanza Nº 41.831 de 1987 -rarificada por un decreto en 2001- es pasada por alto día a día y el estado de la cuestión es crítico, principalmente en varias zonas de la ciudad donde los restos caninos minaron el terreno.

Si bien la norma vigente obliga a paseadores y dueños a llevar una bolsita y una pala para juntar los desechos de sus perros, pocos hacen caso, lo cual obliga a que el Gobierno de la ciudad deba arremangarse y hacer esa tarea.
En 2001, se buscó persuadir a los vecinos porteños con la campaña "Tu perro, tu caca"  


Carlos Gentile, jefe de Relevamiento de Servicio de Higiene Urbana, oficina que depende de la Secretaría de Medio Ambiente de la ciudad, expuso a minutouno.com el maloliente estado de la cuestión.

Desde febrero de 2003 a las fecha, se labraron 17.000 actas, tarea difícil si las hay, ya que para ejecutar una sanción, los inspectores deben estar acompañados de un agente de la policía y pescar al can y su dueño en el instante mismo de la deposición.

“Muchas veces es cuestión de suerte ya que si bien trabajamos todos los días recorriendo toda la ciudad, hay sólo 6 agentes destinados a esta tarea”. Los mismos tienen a su cargo 900 hectáreas verdes, divididas en 502 plazas y plazoletas, 28 parques, 13 jardines, 140 boulevares y el Jardín Botánico.

Las multan pueden oscilar entre los 100 y los 500 pesos, aunque el importe es considerado por un juez de acuerdo a la gravedad de la infracción.

Paseadores o ensuciadores

Muchos paseadores no cumplen con las medidas legales que ordenarían el tránsito perruno. A saber: no trasladar más de 8 perros, juntar sus deposiciones, trasladarlos con collar y correas, no atarlos a árboles, monumentos públicos, postes de señalización y mobiliario urbano (como bancos o paradas de colectivos) y, por sobre todo, impedir su acceso a los patios de juegos para niños.

El problema es que la existencia de caniles no es obligatoria, y los que hay están desbordados. Algo entendible considerando los más de 500.000 miembros de la población canina de la ciudad.

Mi perro dinamita…la ciudad
 
Pese a la suciedad reinante, Gentile –que se desempeña en el puesto desde hace más de 20 años- considera que la conducta de los vecinos “mejoró”, aunque destaca que las performances varían según los barrios.

Por esto, puede considerarse a Palermo como el sanitario canino de la ciudad. “En las zonas más aristocráticas tienen más desaprensión con el espacio público”, expuso, al comparar la suciedad de la zona céntrica con pulcritud de las veredas de barrios como Flores o Mataderos, “donde hay mayor colaboración de los vecinos”, aseguró.

Para Gentile, los paseadores deberían registrarse y hacer su aporte, como los trabajadores de cualquier actividad, más aún, considerando que muchos llegan a ganar hasta 3.000 pesos por mes. "Tenemos que seguir educando”, se esperanzó, aunque auguró un cambio lento de la cuestión "considerando que después de 30 años los vecinos todavían no son puntuales ni siquiera para sacar la basura".

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