Comprar puede transformarse en una obsesión súper peligrosa
* El gusto por las compras puede convertirse en un trastorno compulsivo.
* minutouno.com le presenta a los "shopaholics": los nuevos adictos a las compras que en casos extremos llegan a fundir familias enteras.
El crecimiento de la sociedad de consumo hizo que entre los nuevos vicios del siglo XXI se incluyera la adicción a las compras como una nueva patología. La insatisfacción, el materialismo, el consumismo y la necesidad de llenar los espacios vacíos del corazón con las compras compulsivas son las principales características de los “shopaholics”.
Ir de shopping es uno de los hábitos más placenteros y practicados por hombres y mujeres en la actualidad. Hasta acá todo lindo, el problema se presenta cuando lo que tendría que ser algo satisfactorio se convierte en una obsesión que los lleva a convertir las compras en el eje de sus vidas.
El gran vacío
Como característica común, las personas que padecen la adicción a las compras son individuos con carencias sentimentales que llenan los espacios vacíos con objetos materiales. Para Catz, la patología responde a situaciones afectivas deficitarias, especialmente en los vínculos de pareja. “Las mujeres se cobran en el shopping lo que no reciben en el amor. La esposa olvidada se hace recordar una vez al mes cuando llega el resumen de la tarjeta de crédito y de esa manera logra que su presencia tenga un costo”, manifestó la especialista.
En el caso de los solteros, también compensan necesidades afectivas a través de sus adquisiciones. Por lo general, son personas independientes, trabajadoras e insatisfechas con su vida sentimental que llenan sus ratos de ocio en los comercios. “Se satisfacen artificialmente. Hace 50 años, cuando una mujer estaba embarazada se decía que estaba de compras. Pero hoy como posponen su maternidad por desarrollo profesional, compensan su hueco con autoregalos constantes”, explicó Catz.
Por su parte, la psicóloga clínica Beatriz Bergman al frente de un taller para tratar la adicción de los compradores compulsivos opinó: “La felicidad es efímera, apenas pagan se arrepienten de la compra”.
Los extremos nunca fueron buenos
El problema de los shopaholics se presenta cuando la persona se gasta el dinero que debía destinar a la hipoteca, el seguro del coche o la compra del mes en un vestido de “Dolce & Galbana”, un traje de “Armani” o una cartera de “Louis Vuitton” que no le hace ninguna falta. “Hay gente que tiene embargado el sueldo completo y que antes de ir a trabajar pasa por el shopping”, manifestó Bergman.
Valeria Lanzillota de 18 años es una de esas personas que gastan todos sus ingresos en ropa. “Soy adicta a la moda, me encantan las marcas y con la tarjeta shopping puedo reservar prendas incluso antes de cobrar”, contó la muchacha que hace 7 meses empezó a trabajar con el fin de juntar plata para las vacaciones pero que su gusto por la ropa hizo que se olvide de su objetivo inicial.
Lo cierto es que, cuando los casos son muy extremos, llegan a endeudarse financieramente y ocultar a sus seres queridos las nuevas adquisiciones por temor a ser censurados. “Tuve pacientes a los que les embargaron la casa”, confesó Catz.
Pero el mayor peligro se presenta cuando los adictos toman conciencia que fundieron a sus familias. Catz sostiene que el sentimiento de culpa es tan grande que recaen en la psicosis y que pueden llegar a conductas delirantes extremas y en situaciones límites al mismo suicidio.
Consejos útiles para frenar la adicción
Como todo tipo de adicto, los shopaholics tienden a negar la situación, por eso la contención de la familia será fundamental a la hora de tratar la enfermedad. Catz afirma que al igual que los drogadictos y los alcohólicos los compradores compulsivos se autoengañan y no reconocen el problema, por eso es fundamental que sus seres queridos lo acompañen al terapeuta.
En su taller de compradoras compulsivas, Bergman insiste en desdramatizar la situación y jugar con el humor. Para sacar las papas del fuego, que las deudas no se sigan incrementando y después poder tratar el problema en sí, la especialista recomienda:
- Hacer una lista diaria de compras en base a las necesidades y respetarla.
- Salir sin la tarjeta de crédito si ese día no hace falta comprar nada o de lo contrario llevar el dinero necesario.
- Comprar sí, pero racionalmente e inteligentemente.
- Antes de adquirir algo, preguntarse: ¿me gusta? ¿lo quiero? ¿lo necesito? ¿lo voy a usar? ¿por qué comprarlo? Para Bergman todas las respuestas son valederas menos por que sí.
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