Cuando un chico mata a otro en el colegio: las alertas que desoyen padres y docentes
- El caso del chico de 12 años que asesinó a un compañero porque lo molestaba en clase enciende una alarma sobre estos comportamientos que ya tienen antecedentes en lo que va de esta década.
La noticia fue escalofriante, pero no tan sorpresiva. Un niño de 12 años confesó que mató con un cuchillo, con el cual le cortó el cuello, a un compañero de 14 con el que estaba estudiando, porque lo molestaba en el colegio.
Este hecho se suma a lo ocurrido en el año 2000, un estudiante de 16 años mató a otro porque le decía "Pantriste", y a la tragedia de septiembre de 2004 en Carmen de Patagones cuando “Junior” (15) asesinó a tres compañeros e hirió a otros cinco. Una especialista en adolescentes opina sobre estos episodios y carga las tintas contra la comunidad educativa y los padres.
Sin embargo, en los últimos tiempos la especialista observó el factor de acoso y la maniobra de manipulación del otro. “Es cuando el otro ya no te deja pensar porque comienza a ser mucho más que una cargada y aparecen otros elementos donde la víctima es más vulnerable”, puntualizó.
Estos elementos aparecen cuando la presión de ese otro produce un sentimiento de no pertenencia, de quedar afuera lo que puede generar porblemas en la conducta alimentaria de los chicos. “Si sos flaco, no te van a mirar y tal vez no encontrás ropa en un negocio”, explicó. “En ese momento pueden venir a la mente los pensamientos para poder sacarse de encima al otro”, agregó Renault.
El recuerdo de “Pantriste y Junior”
“Hoy va a ser un lindo día", dicen que dijo Junior, de 15 años, antes de extraer de su mochila escolar la pistola Browning calibre 9 milímetros de su padre y disparar, sin pausa, sobre sus compañeros de 1er año B de la Escuela Media N° 2 Islas Malvinas de Carmen de Patagones. Junior, apodo por el que todos lo conocían, mató a tres alumnos e hirió a otros cinco.
La tragedia se desató luego de las 7.30 del martes 28 de septiembre de 2004. Tras izar la bandera en el patio de la escuela, los chicos se dirigieron a sus cursos (en lo que parecía un día más) y en pocos minutos se iba a desatar una verdadera locura manchada de sangre. Junior entró a clase, se paró junto a su pupitre, el primero al lado de la puerta, y no paró de disparar hasta agotar los 13 tiros del cargador. El joven permanece recluido, con otra identidad, en un instituto de menores de máxima seguridad en Ensenada, en las inmediaciones de la ciudad de La Plata.
Cuatro años atrás de ese terrible episodio (el 4 de agosto de 2000) Javier Romero (16) mató de un tiro en la cabeza a un compañero e hirió a otro porque lo llamaban “Pantriste", por el personaje central de una película de dibujitos animados de Manuel García Ferré estrenada meses antes y que trataba sobre la vida de un joven tímido, perdedor y desgarbado.
Ese hecho ocurrió en la puerta de la Escuela Media N° 9, en Rafael Calzada, partido de Almirante Brown y el Tribunal Oral N 6 de Lomas de Zamora absolvió al chico que fue declarado inimputable.
Renault comentó que cuando las cargadas son tan fuertes y sostenidas en el tiempo puede ocurrir un Acting ( acto sin mediación de la palabra) donde la persona no puede razonar y sucede un hecho disruptivo donde generalmente siempre existe una premonición y alertas que no fueron observadas por los compañeros, padres y docentes. “Junior decía que no le gustaba el grupo, que no quería ir más al colegio y que quería sacarse el problema de encima”, recordó.
Para Renault algunas se esas alertas pueden ser el bajo rendimiento escolar, el dejar de prestar atención, los cambios en el humor y las malas contestaciones en la escuela y en la casa. “Ojalá aprendiéramos de estos elementos para tomarlo como prevención”; se esperanzó.
Para la especialista, un chico con esas características agresivas no se forma de un día para otro y destacó la gran responsabilidad que tienen los padres que muchas veces los dejan a solas con la computadora o con la televisión donde, en muchos casos, están expuestos a juegos en red donde hay que matar al otro.
“Tal vez el chico mató virtualmente primero y fue ensayando para mejorar la puntería. Son chicos de 11 o 12 años, son muy pequeños para lo grande que parecen. Estamos hablando de una infancia, ni siquiera se iniciaron en la pubertad”, alertó. “Las victimas son los dos menores: uno murió fisicamente y el otro, ¿cómo remonta su situación?", se preguntó.
¿Cómo evitar este tipo de conductas?
Renault recomendó algunas medidas para tratar de evitar que estos hechos vuelvan a repetirse.
-Que los padres se involucren en la vida de sus hijos.
- No hay que dejarlos solos porque la sociedad es muy fuerte y se los chupa.
- Hay que escucharlos y empezar a preguntarles dónde están y con quién.
- Es importante meterlos en proyectos. Si son descubiertos por su talento pueden salir de esta situación. Tal vez sienten que no se pueden insertarse y que no se pueden defender.
- El sistema educativo debe comprometerse y ser parte del proyecto.
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