"Nuevamente el camino y otros textos", una radiografía del litoral
Las tierras de la literatura de Luis Gudiño Kramer están modeladas por el asombro. Desde antes de sus diferentes colonizaciones, desde antes incluso de ser mar, llanura o río, su soledad inquieta. Se definen en la extensión y los hombres, como los árboles, se aquerencian hacia afuera, viajando sin descanso. Su país es ese "camino de la costa" que une, desde tiempos inmemoriales, poblaciones siempre dispersas. Como arma con simple misterio su autor: "En todas partes hay cerca un camino real".
Luego de haber recorrido gran parte del país, pasando por los oficios más diversos, Gudiño Kramer se radica en Santa Fe, donde publica la mayor parte de su obra.
Sus textos parecen nacer del asombro, de la desposesión, del camino. Así lo concibe María Eugenia De Zan, responsable del volumen: "Cada relato se presenta en una cercanía, pero amarrado a una forma abierta, un fragmento de una narración incompleta, de una posesión efímera y nostálgica que será inevitablemente más tarde arrebatada".
Esta edición se propone difundir una obra doblemente postergada. Los libros de Gudiño Kramer raramente han sido reeditados y los pocos cuentos que se hallan dispersos en antologías de literaturas regionales suelen encasillarse dentro del realismo folclórico. Aún no ha recibido una valoración crítica justa que recomponga, además, el marco de un proyecto estético que abarca distintos géneros y problemas.
Luis Gudiño Kramer nació en Villa Urquiza, Entre Ríos, en el año 1899 y falleció en Córdoba en el 1973 Su vida fue larga y llena de aventuras. A los doce años embarcó como segundo comisario en un vapor de la carrera La Paz-Rosario. Al poco tiempo cambia la vida marinera hacia tareas de escritorio como ayudante de tenedor de libros y bibliotecario.
También fue cuidador de ovejas, rematador, secretario de la comuna y segundo mayordomo de campo. En 1923 se instala en Buenos Aires, y más tarde realizará tareas de topógrafo trabaja en extensos relevamientos en Mendoza y San Juan, que recorrió a pie y en mula.
En 1925 contrae matrimonio con Clorinda Pérez Pucheta, y tienen tres hijos. En 1938 se establece como jefe de redacción del diario, cargo que mantendrá por el próximo cuarto de siglo. Su primer libro de cuentos, Aquerenciada soledad, aparece en 1940, al que le sigue Médicos, magos y curanderos (1942), Tierra ajena (1943), Señales en el viento (1948), Escritores y plásticos del Litoral (1955), Caballos (1956), Sin destino aparente (1959), Cuentos de Fermín Ponce (1965) y Las hermosas criaturas (1966)
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