De Juan Pablo II a León XIV: qué cambió en la Argentina desde la última visita papal hasta hoy
León XIV llega a Buenos Aires este domingo. Argentina recibe nuevamente a un sumo pontífice después de casi 40 años. Qué cambió en el país.

El aterrizaje del papa León XIV a las 16:30 en el Aeroparque Jorge Newbery, procedente de Montevideo, no representa únicamente un hito religioso sino que marca el inicio del segundo capítulo en la historia de las visitas pontificias a la Argentina. Transcurrieron exactamente 39 años desde aquel 12 de abril en que Juan Pablo II se despidió de una multitud congregada en la avenida 9 de Julio.
Por eso, al trazar un puente entre ambos acontecimientos, lo que emerge no es solo el paso del tiempo, sino la visión de un país que se transformó de manera radical en su política, su fe, su economía y su forma de comunicarse con el mundo.
El espejo de dos épocas: de la democracia incipiente a cuatro décadas de institucionalidad
Para comprender la magnitud del contraste, es necesario viajar en el tiempo hasta el 6 de abril de 1987. Aquel día, Juan Pablo II pisaba el suelo argentino para dar comienzo a una intensa gira de seis días por diez ciudades: Buenos Aires, Bahía Blanca, Viedma, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Salta, Corrientes, Paraná y Rosario.
Se trataba de su segundo paso por el país, luego de aquella escala relámpago y dramática de 31 horas en junio de 1982, en plena guerra de Malvinas y bajo la dictadura de Leopoldo Fortunato Galtieri.
Sin embargo, la visita de 1987 tenía otro tenor. La Argentina transitaba una democracia joven y frágil, con poco más de tres años de vida. Frente al presidente Raúl Alfonsín en la Casa Rosada, el papa polaco pronunció un discurso de fuerte carga institucional, recordando que el poder debe estar al servicio del bien común y exhortando a la sociedad a no responder a la violencia con más violencia.
La tensión, de hecho, flotaba en el aire: apenas tres días después de que el pontífice despidiera a medio millón de jóvenes en la 9 de Julio durante la II Jornada Mundial de la Juventud —la primera realizada fuera de Roma—, el país se paralizaría ante el levantamiento militar carapintada en Campo de Mayo. A la par, el Plan Austral se agotaba con una inflación anual del 131%, un salario mínimo que equivalía a 154 dólares y el avance en el Congreso de la ley de divorcio vincular, que tensaba las relaciones entre el Gobierno y la Iglesia.
Hoy, la llegada de León XIV enmarca un escenario muy distinto. Argentina dejó atrás los fantasmas de la inestabilidad democrática tras celebrar cuatro décadas ininterrumpidas de continuidad institucional. Sin embargo, la economía continúa siendo un eje de desvelo social.
La estadía del nuevo pontífice será más breve —alrededor de 70 horas antes de partir hacia Lima, Perú el miércoles 11—, integrando una ambiciosa gira internacional de 12 días, 10 ciudades y 36 discursos.
La logística de la multitud: entre la fe de época y el aforo moderno
Mientras que en 1987 la masa de fieles se medía por postales de época —como las 400.000 personas contabilizadas por los diarios en Mendoza o los 55.000 asistentes en la cancha de Vélez, mediante métodos de cálculo que el tiempo nunca precisó—, la visita de 2026 está atravesada por proyecciones métricas de precisión.
El itinerario oficial contempla tres grandes misas: el lunes 9 en el Monumento a los Españoles en Palermo, el martes 10 en Córdoba y el miércoles 11 en la emblemática Basílica de Luján. A esto se suman pasos de profundo contenido humano, como la recorrida por el Pequeño Cottolengo Don Orione de Claypole, el encuentro con sindicatos y movimientos sociales en la UCA, y su visita a las personas privadas de la libertad en el Complejo Penitenciario Federal de Devoto.
Esta movilización de masas provocó la declaración de feriado nacional para el lunes 9, acompañado por días no laborables locales en Buenos Aires y Córdoba. De acuerdo con las estimaciones oficiales, el Gobierno proyecta un aforo global de siete millones de personas en todas las actividades, calculando dos millones solo para la misa de Luján.
Por su parte, la Encuesta Nacional sobre Religión Vivida (realizada por la UCC, la UCA y el Boston College) aporta un dato contundente: un 16,5% de los adultos argentinos (más de cinco millones de personas) expresa una firme intención de asistir. Resulta revelador que, dentro de ese grupo movilizado, un 77% se identifica como católico, pero cerca de un 11% profesa la fe evangélica, marcando así una distinción en las fronteras de la Iglesia.
El fin del monopolio de la pantalla: de la televisión estatal al mundo digital
Quizás uno de los cambios más drásticos entre 1987 y 2026 resida en cómo la sociedad consume y procesa la figura papal. En la primera visita, el Estado ejercía un monopolio casi absoluto del aire. La televisión pertenecía a la red estatal a través de ATC y los canales 9, 11 y 13 —intervenidos desde 1974 y privatizados recién a fines de esa década—, mientras que la información impresa y radial dependía de cabeceras tradicionales como Clarín, La Nación, La Razón, Crónica, Rivadavia, Mitre o Continental.
Por lo que, la masa de fieles dependía exclusivamente de la transmisión oficial y de diarios que, en crónicas como las de Los Andes en Viedma, registraban incidentes donde reporteros gráficos sufrían agresiones físicas en medio de los forcejeos por una foto.
Treinta y nueve años después, la estrategia comunicacional es multiplataforma. Si bien el Gobierno dispuso dos cadenas nacionales y una señal oficial abierta (vía Canal 26), la transmisión convive con canales de streaming, transmisiones por YouTube —como la novena previa organizada por la Conferencia Episcopal— y una cobertura fragmentada en redes sociales.
De hecho, el propio León XIV encarna esa metamorfosis de registro. El pontífice habita el mundo digital a través de sus cuentas oficiales en X e Instagram, interactúa con influencers católicos bajo el mandato de "reparar las redes" y no duda en sintonizar con la cultura popular, sin dejar de advertir con severidad a las nuevas generaciones sobre la adicción a las pantallas y los peligros de la inteligencia artificial.
El nuevo mapa religioso: una Iglesia con más estructura pero menos fieles
Uno de los datos más profundos que analiza la sociología actual es la transformación del mapa creyente. En 1960, el último censo oficial que midió la fe arrojó que el 90% de la población se declaraba católica. Para 1984, las mediciones globales ubicaban esa cifra en un 80,5%. Sin embargo, el desplome en la identificación religiosa se aceleró con el cambio de siglo: del 76,5% registrado por el CONICET en 2008 se pasó a un 62,9% en 2019, hasta perforar el piso del 58% en las mediciones recientes de Pew Research y la Universidad de Buenos Aires.
En contraposición, el segmento de personas sin religión (ateos y agnósticos) escaló al 22,4%, mientras que el mundo evangélico creció hasta el 17,4%. La grieta principal es generacional: mientras que casi el 70% de los mayores de 50 años se declara católico, entre los jóvenes de 16 a 29 años la cifra cae al 44,6%, escalando los "sin religión" al 31%.
Curiosamente, la estructura institucional de la Iglesia recorrió el camino inverso al demográfico. Entre 1985 y 2020, los obispos en Argentina pasaron de 90 a 144 y las parroquias se multiplicaron de 2.200 a 2.880. Pese a contar con más templos y autoridades, los sacramentos se retrajeron de forma drástica: los bautismos anuales cayeron de 611.000 a 442.000 y los matrimonios por iglesia se derrumbaron de 140.000 a apenas 28.000 al año.
Por lo que, tal como sintetiza la socióloga Pilar García Bossio (UCA), León XIV desembarca en "una Argentina muy distinta en términos de configuración religiosa". No obstante, desde la Conferencia Episcopal, el padre Máximo Jurcinovic matiza la caída al señalar que la fe se ha vuelto menos institucional pero conserva su vitalidad en las expresiones populares y las peregrinaciones masivas.
Lo que cambió y lo que permanece
A modo de balance, la Argentina que recibe a León XIV posee una madurez institucional impensada en 1987, pero comparte con aquella época la centralidad de la crisis económica y el malestar social. En aquel entonces, las rispideces entre la Iglesia y el Estado se escenificaban en el debate por el divorcio; hoy, se traducen en las severas advertencias del arzobispo de Buenos Aires, Jorge García Cuerva, sobre el impacto del ajuste en los sectores más vulnerables.
Sin embargo, subsiste una continuidad inquebrantable en la mirada pontificia. Si en 1987 Juan Pablo II hizo hincapié en la dignidad humana ante empresarios y dirigentes en el Luna Park, León XIV reafirma esa misma doctrina al poner el foco de su agenda en la cárcel de Devoto, el Cottolengo Don Orione y los movimientos sociales. Lo que ocurra en los próximos tres días ante las multitudes y las cámaras determinará cómo se escribe este nuevo capítulo en la historia de la fe argentina.
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