Día de Reyes: una celebración que une fe, historia y tradiciones populares
El 6 de enero recuerda la Epifanía y la llegada de los sabios de Oriente, una fecha clave del calendario cristiano con raíces que se remontan al siglo VI
Cada 6 de enero, millones de personas en distintas partes del mundo celebran el Día de Reyes, una festividad profundamente arraigada en la tradición de la Iglesia Católica y especialmente esperada por los más chicos. La fecha conmemora la llegada de los Reyes Magos a Belén para adorar al niño Jesús y ofrecerle regalos simbólicos, un episodio que marca uno de los momentos centrales del relato cristiano sobre el nacimiento de Cristo.
Desde la mirada religiosa, el Día de Reyes está vinculado a la Epifanía, palabra de origen griego que significa “revelación”. Para la Iglesia, se trata del instante en que Jesús es reconocido como Dios ante los pueblos del mundo, representados en los sabios que llegaron desde Oriente. La Biblia lo narra en el Evangelio de Mateo con una cita que atraviesa siglos de tradición: “Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos magos procedentes del Oriente llegaron a Jerusalén, diciendo: ‘¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto su estrella en el Oriente y venimos a adorarle’”.
El relato bíblico continúa con la figura del rey Herodes, quien, al sentirse amenazado, consultó a los sacerdotes y maestros de la ley para confirmar el lugar de nacimiento del Mesías. Luego pidió a los sabios que regresaran a informarle cuando encontraran al niño. “Cuando lo encontréis, avisadme, para que yo también vaya a adorarlo”, les dijo, aunque, según la tradición cristiana, sus intenciones eran muy distintas. Al no recibir noticias, ordenó la matanza de los niños menores de dos años, episodio conocido como el de los Santos Inocentes.
Día de Reyes: qué es y por qué se conmemora el 6 de enero
Guiados por la estrella, los sabios llegaron finalmente al lugar donde se encontraba Jesús. El Evangelio de Mateo describe ese momento con precisión: “La estrella que habían visto salir iba delante de ellos, hasta que por fin se detuvo sobre el lugar donde se hallaba el niño. Al ver la estrella, los sabios se llenaron de alegría. Luego entraron en la casa y vieron al niño con María, su madre. Y arrodillándose, lo adoraron. Abrieron sus cofres y le ofrecieron oro, incienso y mirra”. Cada uno de esos presentes posee un significado espiritual: el oro representa la realeza, el incienso la divinidad y la mirra anticipa el sufrimiento humano.
Con el paso del tiempo, la tradición fue sumando elementos que hoy forman parte de la cultura popular. En la Argentina, además de los regalos, es habitual compartir la rosca de Reyes, decorada con frutas confitadas que simbolizan las joyas de los Magos. También persisten costumbres familiares como dejar las zapatillas la noche previa, junto con agua y pasto para los camellos, un gesto que mantiene viva la ilusión infantil incluso en plena era digital.
La identidad de los Reyes Magos tampoco fue siempre clara. Los Evangelios no indican cuántos eran, ni mencionan sus nombres o aspecto físico. La referencia a Melchor, Gaspar y Baltasar apareció recién en el siglo VI, en un mosaico de la iglesia de San Apolinar el Nuevo, en Rávena, donde fueron representados vestidos al estilo persa. Desde entonces, esos nombres se consolidaron en la iconografía cristiana y en el imaginario colectivo.
Así, el Día de Reyes combina fe, historia y tradiciones que atraviesan generaciones, manteniendo vigente una celebración que va mucho más allá de los regalos y se conecta con uno de los relatos fundacionales del cristianismo.
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