La difícil relación entre Susana Leiva y su marido portero

Sociedad

La hermana de la víctima había sospechado de Alberto Ponce antes de que se encontrara el cuerpo de la empleada doméstica. "Es demasiado celoso. Tienen discusiones constantes", había contado a minutouno.com.

Alberto Ponce, ahora prófugo de la Justicia sospechado de ser el autor del crimen de su esposa, Susana Leiva, había dicho este miércoles a los medios que desconocía lo sucedido con la mujer, antes de que apareciera el cuerpo de la víctima.

"No sé qué es lo que pasó"
, enfatizó Ponce ante las cámaras. El repetía a su pareja una particular opinión sobre el trabajo que ella realizaba en el barrio porteño de Recoleta. "Todas las empleadas domésticas son unas putas", le apuntaba. 

Leiva, encontrada muerta en un pozo ciego de su casa este miércoles, y su marido, prófugo de la Justicia por el crimen de la mujer de Temperley, tenían una relación conflictiva.

"Era demasiado celoso y tenían discusiones constantes", había contado Angelina Bianchetto, hermana de Susana, a minutouno.com, en una comunicación en la que ya había adelantado que sus sospechas estaban depositadas en Alberto Ponce. Incluso, al portero lo acusaban de intentar alejar a Susana de su familia, a tal punto que los encuentros que Angelina mantenía con su hermana eran fuera de su hogar.

El esposo, sin embargo, había minimizado los reclamos que le hacían y explicó que a este portal que las discusiones eran "temas solucionables" que muchas veces resolvían con un mensaje de texto. El principal problema, contó Ponce, era la relación que mantenía con uno de los dos hijos con los que vivían. "Pero nunca le pegué ni nada", había aclarado el encargado a pesar de que desde portal no se le había consultado sobre agresiones a su chico.

Otro de los motivos que hicieron desconfiar aún más a la familia de Leiva era la pasividad del marido para colaborar con la búsqueda. "No puedo dejar a los bebés solos", argumentó el portero.

Para graficar la relación que mantenían Susana y Alberto, la hermana de la víctima, reveló a minutouno.com algo que solía repetirle el portero a su esposa: "Todas las empleadas domésticas son unas putas".

Susana Beatriz Leiva trabajaba como empleada doméstica en el barrio porteño de Recoleta. Para llegar a la Ciudad, tomaba el tren Roca hasta Constitución y de allí el colectivo 67. La mujer vivía en Temperley con su esposo, Alberto Ponce, y dos hijos, uno de un año y seis meses y otro de 10, producto de una relación anterior de la mujer.

Este miércoles fue encontrada sin vida en un pozo ciego en su casa. Ponce se encuentra prófugo del a Justicia, acusado de ser el autor del crimen.

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