El Eternauta: a 50 años del hito de la historieta argentina
Era un chico de unos once años, como tantos otros. Pelo engominado, pantalones cortos y el pesado maletín de cuero donde llevaba los libros del colegio. Se acercó al kiosko de revistas. Entre los titulares de La Razón, Crítica y Democracia, se apilaban las noticias de ese momento: Aramburu, Frondizi y Fangio. La Unión Soviética, Estados Unidos y la carrera espacial.
Era 4 de septiembre de 1957, hace hoy exactamente 50 años. Salía a la calle la primera entrega de El Eternauta, una historieta que marcó definitivamente el género en la Argentina: por primera vez, la aventura ocurría aquí, en nuestra tierra, y sus héroes no eran más que personas comunes puestas en una situación extraordinaria.
Nacida de la mente del primer guionista de historietas argentino, Héctor Germán Oesterheld, y del dibujante Francisco Solano López, El Eternauta trata sobre una invasión de extraterrestres que habían decidido establecer su base en Buenos Aires.
“La historia era atractiva no sólo porque pasaba íntegramente acá. Además, rompía el estereotipo de las historietas. Su trama era compleja, de novela. Cada personaje tenía una personalidad, sentimientos, miedos, y entre ellos surgían conflictos” recuerda Solano López.
Esos personajes eran una radiografía de la sociedad argentina de entonces: Juan Salvo –El Eternauta- era un pequeño industrial, dueño de una fábrica de transformadores; Favalli, profesor universitario y amante de la electrónica como Lucas, un empleado bancario. Luego se suma Franco, un obrero.
Ellos son el núcleo que contraatacará la invasión de los “Ellos”, los “Manos”, los “hombres robot”, los Cascarudos y los Gurbos. Las batallas ocurren en el estadio de River Plate, Plaza Italia, el subte y el Congreso. Hacia el final, toda la ciudad volará por una bomba atómica. Salvo, buscando un lugar donde esconderse, terminará viajando por el tiempo, por la eternidad, en busca de su mujer Elena y su hija Martita.
Según comentó Elsa Oesterheld, su marido “dudaba entre hacer una novela o una historieta. Lo que quería, era llegar a la mayor cantidad de gente posible y hacer que los chicos lean”. Fue ella quien le contestó: “Entonces, hacé una historieta”.
A partir de ahí, han sido incontables las reediciones, pero probablemente una de las más polémicas fue la que se publicó en la revista Gente en 1969. Para esa segunda versión, Oesterheld había realizado algunos cambios al guión y confió las ilustraciones a Alberto Breccia, quien en sus ilustraciones decidió experimentar más que Solano López.
“Fue un desastre, la gente no la aceptó. Mandaban cartas insultándolo a Héctor y a Breccia”, recuerda Elsa. El final de esa edición fue abrupto, con severos cortes al guión original. Quedó inconclusa.
El Oesterheld que había modificado ese guión ya no era el mismo del 57, tenía una posición política tomada, tal como sus cuatro hijas; todos se habían incorporado al Peronismo revolucionario y formaban parte de Montoneros.
El Eternauta segunda parte, entre Montoneros y sus hijas
Perseguido, la segunda parte de El Eternauta, publicada entre 1975 y 1977, debió hacerla en la clandestinidad. Otra vez junto a Solano López, quien realizó los dibujos desde el exilio de Madrid y en disconformidad con el nuevo guión.
“Esta nueva historieta mostraba a un Juan Salvo distinto, duro, a quien no le importa la muerte de sus compañeros. Y que luchaba junto a unos jóvenes que eran una directa alusión a los Montoneros. Entonces me quejé al editor, pero él me dijo que no se había dado cuenta que estaba haciendo un panfleto político”, Solano López.
Pero el guión no era sólo una invocación a la juventud peronista de ese momento, sino a la propia experiencia que Oesterheld atravesaba. Eso queda reflejado cuando hacia el final de la segunda parte, el personaje del guionista llora la muerte de “María”.
Beatriz, una de las hijas de Oesterheld, había sido acribillada por los militares poco antes. Su nombre de guerra era “María”. Luego, se llevaron a sus otras tres hijas.
Se estima que el 27 de abril de 1977, Héctor Germán Oesterheld fue secuestrado por la dictadura militar en La Plata y existen indicios de que fue ejecutado en cautiverio. Pero El Eternauta no se mantuvo quieto: fue traducido al italiano, el francés, el inglés y el japonés. Y el Ministerio de Educación lo incorporó a un listado de 100 obras de interés cultural.
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