El legado de los días 19 y 20 de diciembre de 2001

Sociedad

* Hace exactamente seis años los saqueos, los cacerolazos y decenas de muertes fueron el principio del fin que llevó a De la Rúa a renunciar a su cargo. ¿Qué nos dejó la última gran crisis argentina?

La salida de un presidente en helicóptero, 34 muertos, cinco presidentes en una semana, cacerolazos, saqueos, heridos, y la crisis más profunda de la Argentina de los últimos tiempos. Hoy, 19 de diciembre, se cumplen seis años de aquella tarde-noche de la declaración del estado de sitio que culminó horas más tarde, el 20 de diciembre, con la renuncia de Fernando De La Rúa a la presidencia de la nación. Sin embargo, para muchos esta fecha clave en la historia contemporánea de nuestro país parece haber quedado en el olvido. ¿Cuál fue el legado que nos dejaron aquellos días?.
 
Con casi el 50% de los votos, la Alianza entre la UCR y el Frepaso ganó las elecciones y el 10 de diciembre de 1999 el radical Fernando de la Rúa asumió como nuevo presidente con la misión de devolverle las expectativas e ilusiones a un electorado cansado de tantas denuncias de corrupción del gobierno de Carlos Menem. Era el momento del cambio esperado...


 


Una decepción llamada Alianza



Sin embargo, nada de eso ocurrió. Simplemente se profundizó la crisis que se originó durante el segundo mandato menemista. El primer indicio de que la cosa no iba bien se produjo en octubre del 2000 con la renuncia del vicepresidente Carlos "Chacho" Alvarez, enojado por las coimas que se pagaron en el Senado por la aprobación de la Ley de Flexibilización Laboral y molesto por algunos cambios en el Gabinete.

La Alianza nunca contó de una clara definición programática y las diferencias internas entre sus componentes motivaron el escaso apoyo que tuvo De la Rua de su propio partido. El desempleo, la disminución de las reservas internacionales del país, el cierre de los mercados para el acceso al crédito, y el aumento del riesgo país a lo largo del año 2001, sumado al abandono institucional del PJ, terminó con un gobierno que 24 meses atrás había ilusionado a millones de argentinos.



El 19 de diciembre de 2001 las imágenes que recorrían los canales de televisión eran escalofriantes. Gente humilde que no tenía para comer saqueando comida de los negocios y robando desesperadamente la carga de alimentos a los camiones transportistas. Imágenes que se repetían en muchas ciudades del país, especialmente en el conurbano bonaerense donde algunos grupos fueron especialmente motivados para producir desorden.



Con el correr de las horas las protestas se fueron extendiendo hacia Plazo de Mayo y los vecinos salieron de sus casas, cacerolas en mano, rogando por el final de un gobierno que ya no daba para más. Esa noche renunció Domingo Cavallo, ministro de Economía y padre de la Convertibilidad que estaba llegando a su fin.



El 20 de diciembre se repitieron los saqueos, las muertes, los heridos y por sobre todas las cosas el dolor y De la Rúa no tuvo más remedio que presentar su renuncia para huir en el helicóptero. “Confío que mi decisión contribuirá a la paz social y a la continuidad institucional de la República", expresó De la Rúa en una carta que envió al Congreso al caer la tarde.



A partir de allí se sucedieron cinco presidentes en muy pocos días. Ramón Puerta ( presidente del Senado) reemplazo al saliente De la Rúa, Adolfo Rodríguez Saa fue elegido para sucederlo y sólo duró una semana en el cargo cuando se quedó esperando el apoyo en Chapadmalal del resto de los gobernadores peronistas. Fue entonces que le llegó el turno de la sucesión a Eduardo Camaño (presidente de la Cámara de diputados) para terminar en Eduardo Duhalde,  elegido por la Asamblea Legislativa.


 


Después vendría la devaluación, la pesificación asimétrica, la masacre del puente Pueyrredón pero eso es otra historia u otros capítulos de la novela que se inició hace seis años.


 


El legado de la última crisis 


 


Hoy en día la mayoría de la gente parece haberse olvidado de la crisis de finales de 2001 que vivió la Argentina. Se olvidaron del “que se vayan todos, que no quede ni uno sólo, del corralito, del corralón, de las muertes injustas, de las historias de vida que jamás serán narradas.



Me parece que es importante recordar con dolor, pero con inteligencia lo que ocurrió en aquellas fatídicas jornadas. Recordar primero que se trató de un gobierno elegido por el pueblo que terminó, en menos de dos años, por sepultar las ilusiones de cambio que impulsó la sociedad.


 


Recordar también el fervor de las protestas –las civilizadas- que realizaron en todo el país argentinos de diferentes sectores sociales. Algunos lo hacían por comida, otros por sus ahorros, pero todas las voces se hicieron oir.


 


Recordar que esos días hubo muertes que aún siguen impunes y culpables que todavía no fueron juzgados por la justicia. Y recordar, en fin,  que esos días sirven y mucho para aprender la historia de nuestro país. Y los jóvenes periodistas, que no fuimos testigos de golpes militares y otras revoluciones, debemos ser concientes que formamos parte de un evento único que hizo historia. Ese es el legado del cual debemos aprender y transmitir.

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