El paco de los ricos y famosos:   la moda de la cocaína para fumar

Sociedad

*Con una técnica hogareña, los dealers enseñan a obtener un nuevo sub-producto de la cocaína.
*Se parece al Paco porque se fuma, pero se diferencia fundamentalmente por su costo.

“...Se calienta una sartén a fuego lento unos minutos. Se apaga la hornalla y se vierten diez gramos de cocaína de buena calidad previamente desmenuzada... se le agregan....”


 


Ahí detenemos el relato para no homologar periodísticamente la receta que algunos dealers  (de ricos y famosos pero también de otros ricos desconocidos), le sugieren a sus clientes consumidores de drogas, para que preparen en sus hogares lo que podría llamarse "el paco de los ricos".


 


El resultado es un extraño sub-producto de la cocaína que se está poniendo de moda entre una camada de nuevos consumidores de narcóticos y que se logra gracias a este proceso químico preparado en cualquier cocina hogareña al que llaman "el retroceso”. Sostienen que “el retroceso” le quita a la droga los componentes químicos que más dañan la salud del consumidor, entre ellos el ácido sulfúrico y el ácido clorhídrico.


 


Con diez gramos de cocaína de máxima pureza se obtiene un gramo en forma de piedrita, que después se fuma como el paco. La diferencia está en el precio: mientras la droga asesina que consumen los pibes en estado de marginalidad vale entre dos y cuatro pesos, para preparar este paco de los ricos se precisa desembolsar entre 300 y 500 pesos, según la pureza de la droga que adquiera.


 


Dicen que este sub-producto de la cocaína elaborado con la modalidad del “retroceso” anula los principales factores de riesgo para la salud que produce el consumo de cocaína, y al ingresar al torrente sanguíneo vía el humo y no por inhalación del clásico polvo blanco,  se metaboliza en forma menos dañina para el organismo. El efecto inmediato produce una gran euforia y excitación psicomotriz, seguido de un estado depresivo que se evade consumiendo nuevas dosis de piedritas. Una persona puede gastar en una sesión de fumatas alrededor de mil pesos en droga, lo cual –vale aclarar lo obvio- no está al alcance de cualquier bolsillo.

El target del público consumidor de esta variante de la cocaína resultó ser el emergente –o los sobrevivientes- de la crisis socio-política del 2001. Comerciantes, profesionales, empleados jerárquicos en todo tipo de empresas, hombres (masculinos todos, no se reportan casi mujeres en este tipo de consumo) de buena posición económica, todos mayores de cuarenta y pico de años que nunca antes habían tenido vínculos con las drogas.

Y en ese escenario algunos dealers ofrecen las recetas y los ingredientes para preparar el “retroceso”.  Los vendedores de drogas no son monjas carmelitas que cuidan la salud de sus clientes por amor a la vida: el negocio de los narcos no es matar a los consumidores, sino dejarlos dependientes de por vida.



Este relato del dealer  enseñando a su cliente la fórmula del “retroceso” en una cocina hogareña, –que parece extractado del brutal libro sobre el universo de la droga –“Yonqui”- que William S. Burroughs escribiera hace más de medio siglo,  es absolutamente real y sucede hoy día en muchos puntos geográficos de la capital y el suburbano (y seguramente también en countries y barrios cerrados de toda la Argentina).

“El médico me diagnóstico alto nivel de azúcar en sangre, y me dijo que para el diabético hay tres productos que son veneno puro: El cigarrillo porque tapa y deteriora las arterias, la cerveza porque la malta se destila con muchísima azúcar... y la cocaína porque al expulsarse del cuerpo mediante la orina, daña a su paso la función renal. Así que si inhalar cocaína es veneno para el diabético, yo la fumo y así evito algunos de sus daños más graves...”.  Quien hizo esta descarnada confesión a minutouno.com es un comerciante de artículos del hogar del barrio de Belgrano, hombre cincuentón, casado desde hace tres décadas, padre de tres jóvenes universitarios y de muy buen pasar económico.



¿Por qué una persona con esas condiciones vivenciales presuntamente alentadoras, precisa iniciarse en el consumo de drogas llevando medio siglo de vida sobre su esqueleto..?
Las causas son complejas, pero el aumento galopante de los índices de consumo de cocaína en hombres de mediana edad y buena posición económica constituye uno de los fenómenos sociales mas extraños, curiosos y llamativos de esta época posterior a la gran crisis del 2001.

“Antes le tenía miedo y respeto a la droga... más miedo que respeto. Ahora le perdí el miedo y por eso consumo. Tengo un médico amigo que me recomienda controlarme la hipertensión porque fumar cocaína aumenta muchos las palpitaciones... me cuido que no me afecte la diabetes fumándola en vez de inhalarla y listo...”, culminó el citado comerciante (compañero de promoción estudiantil del autor de este informe, de ahí la honestidad brutal y la confianza en que su identidad sea resguardada) su descarnado relato. 



Ante este fenómeno social, los responsables miran para otro lado. No se dan por enterados de lo que ocurre en las calles y los informes de los organismos encargados del asunto son lamentables. En los próximos días, minutouno.com seguirá informando sobre este terrible aumento de los casos de consumo de drogas en un segmento de la población que antes parecía estar a salvo del flagelo.


 

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