El trauma de los que no pueden festejar el Día del Trabajador
* Son personas desempleadas, en la mayoría de los casos sostenedoras de hogares, que no pueden reinsertarse en el mundo laboral.
* Angustia, depresión, y aislamiento son algunas de las consecuencias de esa situación.
* Algunos de ellos comparten sus sentimientos con minutouno.com.
En el film “El empleo del tiempo”, del director francés Laurent Cantet, se narra la vida de un hombre que se queda sin trabajo y no tiene la valentía de contárselo a su mujer, a sus hijos y a sus amigos. El protagonista pasa meses desempleado, pero simula ser un hombre de negocios que trabaja para las Naciones Unidas. Esa mentira se vuelve cada vez más grande e insostenible que casi lo lleva a perder la vida en un accidente de tránsito. En ese momento decide confesar la verdad y pide la ayuda de los más íntimos. El hecho está basado en un caso de la vida real, pero que tuvo un final dramático: el desempleado asesina a toda su familia e incendia su casa para también terminar con su vida, pero se salva. Esta otra versión del mismo episodio también dio pie para realizar el film El Adversario.
El desempleo y el circuito de desvaloración
“Una persona desempleada está angustiada y empieza un circuito de desvaloración por no poder estar en un circuito productivo. Es una herida narcisista que tiene que ver con el amor propio que muchas veces logra que se resientan los vínculos sociales”, expresó a minutouno.com la licenciada en Psicología Doris Saslavsky.
Horacio (56) hace siete meses que está sin trabajo desde que fue despedido de la remisería cuando le comunicaron que no necesitaban más choferes. Con una mujer y una hija adolescente para mantener, siente una depresión "difícil de explicar con palabras".
"No tengo ganas de salir a la calle, estoy todo el día con mala cara y hace mucho que no me afeito y eso es un indicador de que no estoy bien", confesó. "Nuestros amigos nos invitan a cenar y no tengo fuerzas ni ganas de ir, es una situación de mierda", agregó el hombre que vive de algunos ahorros y de la ayuda de su cuñado.
Jorge (42) es técnico en Telecomunicaciones y desde hace casi tres años que está sin trabajo. Está separado y tiene un hijo y, si bien tiene plata ahorrada y no le falta para vivir, el hecho de estar desocupado lo tiene muy mal.
“Pensé muchas veces en irme del país pero por razones afectivas sigo dando pelea, aunque soy conciente que no podré aguantar mucho tiempos con los ahorros”, dijo.
Los hombres son los que sufren más en carne propia esta insatisfacción por no tener empleo ya que su rol histórico les exige ser el proveedor del sustento de su familia. Sin embargo, también padecen angustia las mujeres que mantienen un hogar o aquellas que no pueden aportar junto a su marido para la manutención del hogar.
“La verdad que mi situación es terrible. Tenemos problemas económicos y me siento una inútil porque no puedo ayudarlo económicamente a mi esposo. Me siento en deuda con él, con mis hijos y conmigo misma”, relató Claudia (38), que tiene estudios secundarios completos y hasta hace dos años trabajaba como encargada de un local de ropa en un shopping.
"Quiero aportar algo en casa porque mis viejos lo necesitan”
Para Saslavsky lo fundamental es que estas personas desocupadas no se aislen de los nexos sociales como amigos o ex compañeros de trabajo “con los que van a poder sobrellevar la situación”. En su opinión es imprescindible seguir en la búsqueda y en ese tiempo libre aconsejó que la salida puede ser realizar cursos para hallar otras alternativas.
Daniela (24) se encuentra estudiando Derecho (UBA), pero está sin trabajo y con muchas bronca por no poder ayudar a sus padres como si lo hacen sus hermanos. “Estoy mandando currículums por todos lados y me responden uno de cada 10 mails en los que me dicen que a la brevedad se van a comunicar conmigo pero no pasa nada. Quiero aportar algo en casa porque mis viejos lo necesitan”, expresó.
Todos los amigos de Daniela poseen empleo y ella es la única del grupo que no puede cumplir con ese objetivo y esa situación la deprime más aún. “A veces percibo que me quedo afuera de ciertas conversaciones, y me siento inferior. Es muy fea esta situación”, concluyó.
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