Enamorarse a los 60 puede ser más sincero y fuerte que a los 20

Sociedad

* El inicio de la vejez suele ser una etapa de la vida con pocos proyectos para las personas que no tienen pareja.
* Pero cuando menos se lo esperan, pueden encontrar un nuevo amor que les devuelva la juventud y las ganas de vivir perdidas.
*minutouno.com le cuenta cómo es enamorarse en la tercera edad.

¿Quién dijo que el amor es sólo para los jóvenes? Las personas mayores de 60 también pueden sentir ese revoloteo inexplicable de mariposas en la panza que se produce cuando los seres se enamoran. Cuando menos se lo esperan, aparece con la misma intensidad que en la adolescencia y algunos hasta llegan a sellar su afecto en al altar. minutouno.com lo invita a conocer cómo son las historias amorosas en la tercera edad.

Como premisa inicial, lo que más alegra a los ancianos es volver a sentir que tienen proyectos propios, que su vida tiene una razón de ser además de sus hijos y nietos. “Es como si hubieran empezado a vivir de cero, les da mucha felicidad saber que algo recomienza”, explicó a minutouno.com el doctor en Psicología y autor de los libros “Proyectar la vida” y “Erótica y Vejéz”, Ricardo Iacub.

Para el entendido en el tema, otro de los factores por los cuales las personas que atraviesan la vejez se contentan con el nuevo amor es el efecto sorpresa. Iacub comentó que cuando menos se lo esperan descubren que pueden volver a sentirse deseados por otra persona ya que uno de los grandes dramas del paso de los años es sentirse poco atractivo.

El hecho de volver a sentirse deseados por otra persona y no depender tanto de los hijos los contenta mucho.      

“Antes de salir con Ángel me creía muerta en todo, pero él hizo que reviva estando pendiente de mi y conteniéndome todo el tiempo”, contó Titín Durán de 81 años que estuvo de novia unos meses cuando tenía 76 y que guarda un maravilloso recuerdo de su experiencia.

El lugar y el momento indicado

A la hora de encontrar a su media naranja los centros de jubilados, especialmente los viajes que éstos mismos organizan  parecen ser la clave para que los más grandes se topen con un nuevo amor.

Éste es el caso de Ethel Galli y Arturo Favero que se conocieron cerca de los 70 años a través de un viaje en grupo a Córdoba y que en menos de un año terminaron en el altar. Él era soltero y ella separada de su primer marido y viuda del segundo.

“Fue el amor de mi vida y no me arrepiento en absoluto de la decisión que tomé. Me
Los centros de jubiliados son los sitios en donde más forman pareja.     
gustaron sus modales, su forma de ser, el gusto por la pintura que ambos teníamos, para mi fue todo”, confesó Arturo que enviudó hace 2 años,  pero que hoy se contenta con los hijos y nietos postizos que sumó.

Titín también confiesa haber conocido a Ángel en un viaje. “No fue amor a primera vista pero me conquistó con su dulzura y su  paz. Yo soy acelerada y él sabía calmarme,  me daba consejos muy buenos”, contó la mujer.

Un boleto de regreso a la juventud

Tanto Iacub como las personas consultadas por minutouno.com coincidieron en que enamorarse en la tercera edad es una oportunidad para revivir la adolescencia. “Me pasaron cosas que había dejado en el olvido como besar en la calle o que un hombre me llame dos veces al día por teléfono para hablar de pavadas”, recordó Titín quién aclaró que Ángel besaba muy bien.

El amor después de los 60 también suele ser más sincero, menos prejuicioso y más apasionado. Para Iacub, ya no se ilusionan con cambiar aspectos del otro que no le gustan, sino que se aceptan tal como son. Además, el amor e incluso la pasión erótica pueden llegar a ser más intensos que cuando eran jóvenes.

“Cuando te conocé
Muchos oficializan su amor y se animan al casamiento.     
s de chico vas formando tu personalidad junto con la de tu pareja, pero cuando sos más grande no es tan así. Yo me enamoré de Ethel tal como era, con sus defectos y virtudes”, reconoció Arturo.

El factor tiempo también es fundamental para que éstos tipos de pareja gocen a pleno ya que en su gran mayoría,  las personas grandes dejaron sus obligaciones y tienen mucha más disponibilidad horaria para darse gustos. “Hay más tiempo para todo: para viajar, para hacer el amor o simplemente para ponerse a jugar a las cartas”, finalizó Iacub.

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