Fin de año, balances y sensibilidad: el combo para divorciarse en la madurez

Sociedad

Por la cabeza, y especialmente por el corazón, de la mayoría de las personas que se casan transcurre generalmente el deseo de que ese compromiso que asumen sea para siempre. Sin embargo, todos los años surgen nuevos divorcios y después de la crisis de finales de 2001, muchas de estas separaciones se producen en adultos de entre 50 y 60 años que llevan entre 2025 años de matrimonio. Y muchas de esas parejas, toman la decisión de ponerle fin a su amor en los últimos días del año.

Los especialistas sostienen que esta etapa del año se caracteriza por una “sensibilidad emocional” y es un momento propicio para que exploten las diferencias o los conflictos conyugales y/o familiares que se potencian por las Fiestas.


 


De balances y sensibilidad emocional



“Veo en el consultorio que los adultos se ponen a hacer un balance del año, qué fue lo mejor y lo peor, qué no hicieron durante el último tiempo y esa reflexión también incluye la relación de pareja y se toman cuestiones que no funcionan. Unido a la sensibilidad emocional hace que algunos tomen la decisión de no continuar juntos”, sostuvo a minutouno.com el sexólogo Ezequiel López Peralta.

Para los especialistas, cuando los hijos abandonan la casa de sus padres debe surgir un espacio para realizar cosas que antes no pudieron hacer, como actividades artísticas, estudiar un idioma, trabajar en algo que le guste, y hasta salir con sus amistades sin la presencia de la pareja. Pero para esto último es necesaria la confianza en la relación.

En cambio, cuando en una pareja los caminos fueron distintos porque uno creció mas que el otro en el ámbito profesional o personal se pueden producir quiebres y con ello los divorcios. Problemas sexuales, la rutina y el aburrimiento también son motivos para que una pareja adulta se rompa.

“Son parejas de 20 años de casados que se reencuentran tras la salida del hogar de los hijos y tienen que buscar objetivos juntos, no tanto con la familia. A veces no los encuentran y esta crisis se potencia a fin de año cuando terminan de tomar esa decisión”, agregó López Peralta.


 


"No sabíamos que hacer juntos, cómo seducirnos y estábamos muy aburridos”. dijo Julia (52) que se separó de su marido en diciembre del 2006.
    

Julia (52) y Alberto (55) son profesionales y están casados desde hace 23 años. Tienen dos hijos varones (de 22 y 19) y, según ella, siempre tuvieron un matrimonio bastante tradicional que estaba sostenido por el objetivo de educar a los hijos y encaminarlos en la vida.


 


Sin embargo, las cosas comenzaron a cambiar cuando a principios del 2006 el hijo mayor se fue a estudiar una carrera universitaria al interior del país y a los pocos meses el menor decidió irse a vivir con un amigo.

“Esos momentos fueron tiempos de angustia, vacíos y una gran dificultad para conectarnos con mi marido y encontrar nuevos objetivos más allá de los familiares”, confesó Julia a minutouno.com. Y agregó: “No sabíamos que hacer juntos, cómo seducirnos y estábamos muy aburridos”.

Esa sensación desencadenó una crisis que los llevó a realizar terapia de pareja, aunque el esfuerzo fue inútil. A los pocos meses se dieron cuenta de que la pareja se había quebrado hacía mucho tiempo y que en todo caso lo que sostenía la unión matrimonial eran sus hijos.


 


“Para mediados de diciembre de 2006 decidimos de común acuerdo iniciar el trámite de divorcio”, recordó ella, y agregó: "Fue la mejor elección que podíamos haber hecho".


 


 


 


 

Dejá tu comentario