Fontanarrosa y el fútbol: Rosario, la pelota y la palabra
“Sólo dos veces mi mujer se animó a interrumpirme la siesta. Una para decirme que habíamos ocupado las Malvinas, y la otra que Diego había firmado con Ñuls”
Con estas palabras, Roberto Fontanarrosa expuso simple y claramente su pasión por la camiseta de Rosario Central. A diferencia de muchos chicos, en el caso de “El Negro” la pasión futbolera no llegó por influencias paternas ya que Berto, su papá, era amante de otra pelota: la de básquet. Su amor canalla esta más bien ligado a la ciudad que lo vio nacer, Rosario. De sus calles, veredas y bares, sacaría ideas para dar vida a sus cuentos que sienten y respiran los ecos de míticos partidos jugados o apuestas por los clásicos que vendrán. Históricamente, Central, creado por empleados de ferrocarril, se identificó como el equipo del pueblo, tradición que supo transmitir en “El Negro” en sus cuentos de fútbol.
De la mano de sus compañeritos de escuela, Fernando y Alejandro Gutiérrez, amigos que aún hoy conforman el "Círculo de Galanes" que solían reunirse en el mítico café El Cairo, Fontanarrosa conocería el Gigante de Arroyito. De aquellos encuentros saldrían las primeras imágenes de wings y centrofowards; de viejos puteando en las tribunas y epopeyas escupidas desde el audífono radial. “Si tuviera que ponerle música de fondo a mi vida serían los relatos de un partido de fútbol”, solía decir el rosarino que todos las tardes de domingo se refugiaban en la compañía radial para seguir las transmisiones deportivas. Decía que tener ese “ruido” de fondo lo tranquilizaba.
En “La observación de los pájaros”, uno de sus primeros cuentos, Fontanarrosa comparte este sentimiento inadmisible. En la historia, un hincha calma su efervescencia durante un clásico Rosario-Newell´s, deambulando sin rumbo en la siesta rosarina. En el año 1981, cuando el régimen militar instalado en el país ya veía de cerca su camino de salida, Editorial Pomaire publicó “Best Seller”, novela inicial de Fontanarrosa. Y al año siguiente, el mismo sello lanza, “El área 18”, su secuela.
Para 1985, y ya pasado el mal trago por el descenso de Central, publica más cuentos de fútbol, recopilados en el libro “El mundo ha vivido equivocado. Se trata de “Lo que se dice un ídolo”, “Memorias de un wing derecho” (la reconocida historia de un olvidado jugador de metegol), “Lo que se dice jugador al fulbo”, ¡Qué lástima Cattamarancio! Al año siguiente, llegarían una nueva camada de narraciones futboleras, inspiradas, sin dudas, en la felicidad que produjo en el negro el campeonato con el se alzó su club ese año. De esta época son “El último Saliero” y “El pichón de Cristo”, incorporados en el libro “No se si he sido claro”. Su cuento más memorable es "19 de septiembre de 1971", incluido en “Nada del otro mundo”, de 1988, y que recuerda la eliminación histórica a Newells de la Copa Libertadores de América.
Antes de la aparición de la esclerosis lateral amiotrófica, la enfermedad que lo dejó encadenado a una silla de ruedas, Fontanarrosa jugaba infaltablemente cada semana. Así bromeaba sobre sus habilidades: "Por suerte, así como perdí velocidad y fuerza, paralelamente perdí el amor propio. Entonces, cuando algún chico me pasa, me resigno: ma´ sí, que se vaya, no me caliento. Ir a jugar y a reirme un rato con los amigos es una descarga.
Ya para 1998, dos nuevas publicaciones divulgaban su talento para demostrar como pocos, el arte de fusionar la pelota y la palabra. “La Barrera", “La pena Máxima”, “Betito” y “Los nombres” fueron editados por De la Flor, en 1997, dentro del libro “Los trenes matan a los autos”. Un año después se sumarían “Entre las cañas”, “Plegarias a la virgen”, “Algo le dice Falero a Saliadarré” y “Relato de un utilero”, en las páginas de “Una lección de vida”.
Para 1990, año futbolero por la expectativa desatada por el Mundial de Italia, se publican dos nuevas historias con hazañas dentro un campo de juego. Son: “Filmar Everton Cardaña, número 5 de Peñarol” y “La columna tecnológica. Fútbol y Ciencia”, que aparecieron en el libro “El Mayor de mis defectos”. Tres años más tarde, llegaría el turno de “Escenas de la vida deportiva” y “Jorge, Daniel y el gato”, publicadas en “Uno nunca sabe”.
En 1995, aparecen los cuentos “Cenizas” y “La observación de los pájaros”, recopilados en “La mesa de los galanes. En el año 2000, llegaría publicado por la Editorial Sudamericana “No te vayas campeón. Equipos memorables del fútbol Argentino”, su última publicación.
“Yo me doy cuenta que con los años las manías y las locuras se acentúan, es mentira que uno se convierte en más sabio. Yo no se si sufro más ahora con Central que cuando era chico, a veces me pregunto “¿cómo puedo ser tan pelotudo?” Creo que si no se entiende que esto es una pasión, y las pasiones son bastantes inexplicables, no se entiende nada de lo que pasa en el fútbol”.
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