Las conclusiones que espera Francisco del Sínodo de la Familia

Sociedad

"Los tiempos cambian y nosotros los cristianos debemos cambiar continuamente", reconoció ayer el Papa, en lo que podría ser un anticipo del espíritu que espera de las conclusiones y propuestas que los padres sinodales le entregarán este fin de semana en el cierre del Sínodo de la Familia.

Es verdad, la Iglesia tiene que aggiornarse a los tiempos que estamos viviendo. Hay una evidente disociación entre las realidades terrenales y la propuesta celestial y Francisco lo percibe, como Pastor que camina y escucha a la gente. "Los tiempos hacen lo que deben: cambian. Y los cristianos deben hacer lo que quiere Cristo (...) evaluar los tiempos y cambiar con ellos, permaneciendo firmes en la verdad del Evangelio" dijo en Santa Marta haciendo un fuerte llamado a que los cristianos no permanezcan inmóviles, indiferentes y conformistas.

¿Cuáles son las preocupaciones terrenales a las que la Iglesia busca llegar con la mirada de la misericordia y que generaron gestos de preocupación en algunos sectores? En primer lugar, el reconocimiento de que menos jóvenes deciden casarse por la falta de compromiso para formalizar un compromiso como el matrimonio; por contrapartida, cada vez hay más divorcios y separaciones. Asumiendo la falla que pudiera haber en la preparación al matrimonio, Francisco bromeó diciendo que "se estudia más para un examen que para la vida matrimonial".

Y este segundo pilar tiene conexión directa con una realidad preocupante para el Papa, las familias rotas que piensan que no tienen lugar en la Iglesia y la educación de los hijos. "Diferenciando entre quienes han sufrido la separación y quienes la han provocado. Si se mira la nueva unión desde los hijos pequeños vemos la urgencia de una acogida real hacia las personas que viven tal situación. ¿Cómo podemos pedirle a estos padres educar a los hijos en la vida cristiana si están alejados de la vida de la comunidad?", desafió el Pontífice.

En este contexto surgieron claros intentos políticos y mediáticos por desestabilizar el trabajo de los 270 padres sinodales. A punto tal que el mismo Papa pidió perdón durante la audiencia general del pasado miércoles 14 por los escándalos de esos días; aunque no aclaró a cuales escándalos se refería y a pesar de la desmentida del vocero vaticano, el P. Federico Lombardi, los intentos por aclarar parecían oscurecer más la tormenta que se cernía sobre el centro de la cristiandad. Para no pocos analistas, se estaban reviviendo los fantasmas que sobrevolaron la renuncia de Benedicto XVI...

De una u otra manera estas no han sido semanas fáciles para el hombre que busca reformar a la iglesia, respetando la doctrina. Lo que parecía un Sínodo marcado exclusivamente por debates e intercambios sobre las distintas realidades familiares, termina convirtiéndose en el epicentro de ataques que provinieron de los sectores que más pugnan para que la Iglesia conserve su status quo. ¿Qué debemos esperar de ahora en más? ¿Los divorciados volverán a comulgar sacramentalmente? ¿Será más fácil divorciarse?

Pero la gran pregunta es qué documento final le presentarán al Papa los padres sinodales. Aunque se trate de una asamblea consultiva que sólo sugerirá líneas de acción, existe consenso en que debe actualizarse el lenguaje y la pastoral ante situaciones difíciles que atraviesan las familias de hoy (separaciones, divorcios, nuevas uniones, convivencias y relaciones homosexuales) pero como dijo el mismo Francisco, esta búsqueda de soluciones se ha hecho respetando cuatro elementos fundamentales del matrimonio -la indisolubilidad, la unidad, la fidelidad y la apertura a la vida- sabiendo ver los "signos de los tiempos".

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