Tiene un restaurante en la calle Lavalle y ofrece un postre gratis a quienes vayan

Sociedad

Juan tiró la idea en Twitter y captó la atención de sus seguidores, y de muchos que no conocían La Casona del Nonno y le tomaron la palabra.

A La casona del Nonno le pasó como a otros restaurantes y bares del centro porteño a los que la pandemia les mató el ecosistema tradicional de oficinistas y turistas que almorzaban y cenaban de lunes a domingos. Con un número limitado de clientela habitual, su dueño tiró la idea en Twitter: "Vení más temprano a cenar y te regalamos el postre para que te lo lleves a tu casa".

"Lo puse de onda, desde mi cuenta personal. No hice nada institucional, puse vengan a mi restaurante, (se lo dije) la gente que me conoce. No pensé que iba a tener 42.000 'me gusta' y 1.800.000 personas que lo vieron en Twitter. Me pone contento la solidaridad de la gente", explicó a minutouno.com Juan Manuel Bassani, que está detrás de La Casona del Nonno y otros tres locales de gastronomía de la zona.

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Pero el público le tomó la palabra. Así hubo quien le preguntara en Twitter por la dirección del restaurante (es Lavalle 823, a metros de otros íconos porteños como Los Inmortales) y hasta fueron comensales a preguntar por la promoción del postre de regalo, que puede ser uno de los clásicos dulces de la casa, budín de pan o flan.

"Desde antes lo queríamos hacer con un vino. Lo hemos hecho en otros años, que tomás un vino en el salón y te llevas otro a tu casa. Estábamos acompañados por las bodegas, lo que pasa es que con esta situación no es posible", convino Bassani.

Hoy La Casona del Nonno tiene dos menúes, la parrillada para uno por $ 750 y el plato con bebida por $ 520, además de su carta habitual y sus postres "regalados".

Antes de la pandemia, el restaurante y parrilla solía tener el salón lleno durante los mediodías con las mesas de oficinistas abocados al menú ejecutivo de $ 300 y turistas brasileños que desembolsaban $5.000 en la carne argentina. A la noche llegaba la concurrencia que salía de los teatros Gran Rex, Tabaris, Ópera y Maipo, y del cine Multiplex Monumental Lavalle.

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Pero con la pandemia de coronavirus el centro porteño se volvió un sitio silencioso con un público que elige sus batallas: o sale a comer o va al cine o al teatro. El resto gasta en los comercios cerca de su casa, y muy poca gente vive en el microcentro porteño como para que eso se traduzca en ventas robustas.

En vez de los turistas están los "clientes de más de 30 años" que van el fin de semana, según Bassani, y de lunes a viernes aparecen quienes van a hacer trámites o viven por la zona.

Bassani reconoce que recibió las expresiones de solidaridad de sus colegas de la gastronomía con negocios en Palermo o Belgrano que "están mal pero no tan mal como estamos nosotros" en el centro porteño después de 13 meses de pandemia.

Con la reapertura de los teatros al 30 % de aforo y del Multiplex los fines de semana comenzó a repuntar la actividad en los locales de gastronomía de la zona, pero las nuevas disposiciones del Gobierno nacional dejaron recalculando al público y a los trabajadores del sector por igual.

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"No se le puede decir que no a esa persona que entra a las 23 a comer", sentenció Bassani acerca de la limitación horaria efectiva en todo el país desde el fin de semana pasado.

En la Ciudad de Buenos Aires la medida fue aplicada de manera tal que las cocinas de locales de gastronomía deben cerrar a las 23 y el público que esté presente en el salón a esa hora puede quedarse hasta las 0. Luego de ese horario se baja la persiana.

"A mí me conviene que la gente venga temprano, pero el argentino come tarde", convino Bassani. Con todo recibe reservas para las 19 porque, según notó, algunas colectividades, como la venezolana, también acostumbran a cenar temprano como europeos o estadounidenses.

"Yo no estoy de acuerdo con las medidas del Gobierno, pero si hay un DNU que te dice que hay que cerrar tenés que buscar el compromiso de la gente para que vengan más tremprano", señaló Bassani, que tuvo la desagradable experiencia de deseos poco felices por atenerse a las nuevas directivas para frentar la segunda ola de contagios masivos por coronavirus.

"Tenemos que concientizarnos de que esto va a ser largo. El que quiere comer a las 23 va a tener que comer rápido para irse (antes de la medianoche) porque no va a poder andar por la calle", sentenció.

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