Habla una especialista

Sociedad

Stella Maris Gulian, psicoanalista especializada en niños y adolescentes y docente y supervisora del Centro Dos, opina que la decisión de separar al niño de su madre es comprensible pero complicada, porque es absolutamente dolorosa para un chico de esa edad que sin duda corre riesgo de vida.

“Lo que es claro en este caso es que la relación madre-hijo es absolutamente patológica –sostiene la especialista-, la madre da amor a través de la comida. El nene queda afuera de muchas situaciones de la vida y es sólo para ella, conviven en una relación enferma en la que ella no puede donarlo a la vida ni a los otros”, explica Gulian y sostiene que habría que poner en tratamiento a la familia y especialmente a la madre, para ver por qué le ofrece a su hijo una comida que termina siendo veneno porque le hace mal y lo lleva lentamente a la muerte.


 


“Separarlos es actuar como policía –afirma la psicoanalista-: el chico sufre, se deprime, se desespera y las cosas empeoran, lo que hay que trabajar es esta forma enferma que tiene la madre de ofrecer amor”.

Según Gulian, y yendo más allá de este caso en particular, siempre que hay obesidad infantil hay que trabajar con los padres, “porque un chico no va sólo al kiosco o al supermercado a comprar comida, alguien le tiene que dar la plata, alguien lo alimenta”, plantea. Así, para la especialista la comida es una adicción que termina siendo generada por la familia.

“Cuando hay obesidad infantil, las madres necesitan hacer una terapia ellas para poder dar amor de otra manera y entender que esto es un lento asesinato –dice la psicoanalista-. Hay que ayudarlas a preguntarse por qué lo mejor que le pueden dar al chico es la comida cuando existen juegos y amigos, entre otras cosas”.

Con respecto al tratamiento con los chicos, Gulian relata que, como psicoanalista, trabaja a través del juego y no desde el adoctrinamiento o la prohibición: “En las sesiones, los niños obesos eligen siempre los juguetes relacionados con la cocina sobre todos los demás, preparan ‘comiditas’ con plastilina y suelen darle de comer al terapeuta”, señala la terapeuta y distingue los casos en los que los chicos tienen unos kilos de más y los padres se preocupan por ello: “Si los padres registran que el hijo come de más no va a haber problema, porque están conectados, en los casos como el de este chiquito inglés hay padres que no registran nada, los chicos comen de noche y los padres no se dan cuenta, no ven nada patológico”, explica Gulian.

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