Halloween made in Argentina

Sociedad

*Acá se festeja como en Estados Unidos.
*Cada vez más boliches organizan fiestas al estilo hollywoodende.

En Latinoamérica, Halloween tiene connotaciones diferentes a las del norte anglosajón: el 31 de octubre es Noche de Brujas, es decir, una fiesta de adultos, llena de magia y misticismo, en la que se bebe champagne, se arrojan runas, se lee el I Ching, se tira el Tarot y se saluda efusivamente a fantasmas, calaveras, gatos negros y mujeres montadas en escobas. La única excepción son los colegios de habla inglesa, donde la orden del día es calar calabazas, disfrazar a los chicos y vaciar los quioscos.



Sin duda, su origen -la noche de Samhain o año nuevo celta- tiene más ligazón con la fórmula latina; lo de la calabaza iluminada es un aditamento tardío, surgido de la leyenda irlandesa "Jack-o-lantern", sobre el alma en pena de un pobre tipo, al que nadie quería, y al que una vez muerto Dios y el Diablo le prohibieron la entrada al Cielo y al Infierno.

Por eso, Jack trajinaba con una linterna (un repollo hueco con un carbón ardiente) buscando una hendija para colarse en alguno de esos reinos. Cuando en 1840 la inmigración irlandesa trasladó Halloween a los Estados Unidos, la calabaza reemplazó al repollo por una pragmática razón: era más fácil de ahuecar.

Pero en la Argentina hubo un tropiezo fundamental para implementar esta costumbre: las calabazas no son redondas y los zapallos se usan para el puchero. Hubo que fabricarlas con cartulina y vela, práctica que genera incendios y reedita el mítico terror a morir en la hoguera, al estilo Juana de Arco. De todas formas, la industria estadounidense se las arregló bien para difundir su propio festejo de Noche de Brujas.


 


Y Argentina no tardó en adoptarlo: cada vez más boliches, restaurantes y pubs organizan una fiesta al mejor estilo yanqui, con calabazas, caramelos y disfreaces dingo de una mega producción hollywoodense. En general, en Latinoamérica, y en particular en la Argentina, no se lo vive como un edulcorado "dulce o treta" sino como una verdadera Noche de Brujas, algo que los estadounidenses se esfuerzan en disimular tras las grandes calabazas iluminadas a vela, para evitar, quizás, que la bombita de luz de la historia les estalle en la cara y muestre su rubor de vergüenza.

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