Lo afirmó el cardenal Mario Poli en la celebración de Corpus Christi. Unas seis mil personas se congregaron en Plaza de Mayo.
La misa, celebrada en las escalinatas de la Catedral Metropolitana
ante unas 6000 personas -según los organizadores-, fue concelebrada por los
obispos auxiliares de Buenos Aires; el nuncio apostólico en Argentina Mons. Emil
Paul Tscherrig y gran parte de los sacerdotes de la arquidiócesis.
"En esta tarde, como
peregrinos en esta ciudad de Buenos Aires, volveremos a tomar el pan de los
hijos, de la misma fuente en la que celebramos el memorial del inmenso y
sublime amor misericordioso que Cristo reveló en su pasión: la Eucaristía" y
recordó a San Juan Pablo II, que enseñó que "La
Iglesia vive una
vida auténtica, cuando profesa y proclama la misericordia –el atributo más
estupendo del Creador y del Redentor–y cuando acerca a los hombres a las
fuentes de la misericordia del Salvador, de las que es depositaria y
dispensadora".
En otro tramo de la homilía agregó que la misericordia no
puede quedarse en manos de unos pocos sino que después de tener un verdadero
encuentro con Jesús en cada misa, en cada reconciliación, no podemos guardarnos
la alegría solo para nosotros mismos sino que tenemos la obligación como Iglesia
y cristianos de evangelizar y dar testimonio, "de saca afuera lo mejor de nuestro
bautismo que es nuestra condición de discípulos misioneros"; y citó al Papa
Francisco cuando en su exhortación apostólica Evangelii Gaudium dice que "La
Iglesia tiene que
ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse
acogido, amado, perdonado y alentado a vivir según la vida buena del Evangelio".
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De la ceremonia participaron jóvenes de distintos
movimientos y parroquias que habían partido a las 11 de la mañana desde las
parroquias San Antonio de Padua en Parque Patricios, Sagrada Eucaristía en
Belgrano, de la basílica San José de Flores y la iglesia San Bernardo en Villa
Devoto. Las cuatro columnas se congregaron en plaza Once y de allí partieron al
Congreso, donde escucharon las palabras de monseñor Poli, quien luego marchó
junto a ellos hacia la plaza de Mayo para participar de la misa.
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Luego de la celebración, se realizó la tradicional procesión
y bendición con el Santísimo Sacramento alrededor de la plaza de Mayo y la
renovación anual de la consagración de la Ciudad y de la Arquidiócesis de
Buenos Aires a la Virgen
de Luján en la que el cardenal Poli pidió por los niños de primera comunión; por
los recién nacidos, para que tengan una familia con un papá y una mamá; por los
jóvenes; por los adultos, para que no les falte pan y trabajo y por salud de
los abuelos.
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Finalmente pidió a la Virgen de Luján que protegiera al Papa Francisco
y, en medio de un aplauso espontáneo, que conceda largos días junto a la fuerza
necesaria para misionar.
Federico Wals
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