#FilosofíaAplicada Temporal, inundación y la casa de chocolate
Gran parte de nuestro país se vio azotada por intensas e inesperadas lluvias generando, una vez más, pérdidas y destrucción. Ahora bien, entre acusaciones cruzadas sobre quiénes han sido los responsables de tanto daño y si se debe señalar al cambio climático como único causante de las inundaciones, se vuelve perentorio llevar adelante una reflexión al respecto de nuestra propia responsabilidad frente a las agresiones que perpetramos a nuestro medio ambiente.
Tal vez lo que no nos damos cuenta es que toda esta cuestión se empieza desde las bases; si no modificamos nuestras conductas consumistas, nada cambiará hacia arriba, porque se seguirá destruyendo el ambiente en función de satisfacer nuestros requerimientos progresivamente más grandes. Es en este contexto que se enclava una perspectiva filosófica y económica que se llama "decrecimiento". Nacida principalmente en Francia y teniendo como uno de sus mayores referentes a Serge Latouche, lo que propone este movimiento, a contramano del resto de la sociedad, es que no hay que buscar crecer constantemente ni desarrollarse hasta el infinito; por el contrario, lo que se debería ponderar es decrecer, bajar el consumo y la producción, a fin de respetar la capacidad real de nuestros recursos y, también, colaborar con el cultivo de otras esferas humanas más que la de vivir para trabajar y comprar.
Desde ya que esta idea tiene y tendrá sus detractores porque ¿no generaría una crisis abismal dejar de crecer? Imaginemos que un país decide que no quiere aumentar año tras año su industria ¿no pensaríamos que es un retroceso inadmisible? Aumentaría el desempleo y, posiblemente, la economía de ese país se hundiría en los abismos arrastrando a gran parte de la población con ella.
Entonces, ¿sólo nos queda seguir comiéndonos el planeta a la espera de que este desaparezca, augurándonos una muerte lenta pero "feliz"? Tal vez de lo que se trate es de ampliar la mirada y entender que todos somos responsables, aún en nuestras más mínimas conductas, y que si buscamos retraer nuestros consumos espurios no estamos atentando contra nadie si no que, por el contrario, estamos colaborando a que nuestra especie pueda sobrevivir por un tiempo más sobre la faz de la Tierra.
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