Intelectuales franceses repudiaron a Mario Vargas Llosa: las atendibles razones

Sociedad

El escritor peruano nacionalizado español fue designado miembro de la Academia Francesa y desató una polémica sin precedentes entre la intelectualidad.

No hay más fanático que el converso, dice el popular refrán que, sin ánimo de exagerar, puede aplicarse al peruano nacionalizado español Jorge Mario Pedro Vargas Llosa, a la sazón marqués de Vargas Llosa por obra y gracia de su majestad Juan Carlos I de España.

Simpatizante de la izquierda en general, a fines de los 60 apoyó las reformas del presidente de facto Juan Velasco Alvarado, como la reforma agraria, la participación de los trabajadores en la gestión de las empresas, la nacionalización de la banca, el rescate de las riquezas naturales y su política nacional independiente; no obstante, hacia mediados de los 70 le endilgó “síntomas de autoritarismo”, por lo cual le quitó su respaldo.

Semejante desilusión con aquel régimen militar que mostraba limitados signos de nacionalismo en un Perú semicolonial, parece haber sido crucial para la espectacular voltereta política que pegó el autor de novelas como “La ciudad y los perros” (1963) y “Pantaleón y las visitadoras” (1973), que ya entonces gozaba de fama universal.

Candidato

Así, Vargas Llosa sorprendió en los 80 al presentarse públicamente como referente peruano del liberalismo más cerril, con una pátina conservadora y reaccionaria de la que sigue haciendo gala. Solo para oponerse a una nueva nacionalización de la banca peruana por parte del entonces presidente Alan García, se convirtió en líder opositor y fundó el movimiento Libertad, presentándose en 1990 como candidato presidencial.

Parecía ser el favorito del electorado, pero el súbito crecimiento popular de Alberto Fujimori acabó con sus aspiraciones en segunda vuelta. Inmediatamente se refugió en Madrid, donde el gobierno español le otorgó la ciudadanía a pedido del escritor, en 1993, luego de que Fujimori amenazara con quitarle la peruana.

En medio de merecidos elogios y otros tal vez desmesurados, doctorados honoris causa de cada rincón del planeta y galardones de variada importancia, el Nobel de Literatura le llegó en 2010. Su público y férreo derechismo no le impidió ganar el premio que se le había negado a Jorge Luis Borges durante décadas por ostentar idénticas o casi idénticas posiciones políticas.

Inmortal

Ahora, en noviembre del año pasado, fue elegido miembro de la Academia Francesa, convirtiéndose en el primer escritor que no ha escrito un solo texto en francés en integrar la institución fundada en 1635. Por 18 votos en un sufragio de 22, Vargas Llosa pasa a formar parte del selecto grupo conocido como “los inmortales” de Francia.

En la historia de esa Academia hubo escritores bilingües, como el argentino Héctor Bianciotti, con una obra en castellano y en francés; pero el peruano-español es el primero que ingresa sin haber publicado nada en la lengua de Voltaire y Balzac. Una situación anómala e insólita que, sin embargo, no es la razón por la cual se generó una fuerte polémica entre los intelectuales del país galo.

Repudio

Por medio de una solicitada publicada en diciembre pasado en el diario parisino Libération, un grupo de intelectuales de primera línea expresó su “estupefacción” por la designación de Vargas Llosa, y señalaron coincidieron en señalar que representa -textualmente- “graves problemas éticos”, afirmando al mismo tiempo que “mancilla la imagen de Francia en América Latina”.

En concreto, achacan al novelista su cercanía ideológica con la ultra derecha latinoamericana y su cerril antiizquierdismo -propio del converso-, además de su vinculación con los escandalosos Pandora Papers, en los que figura como titular de al menos una cuenta en un paraíso fiscal.

En lo que hace a su vínculo político con América Latina, la solicitada menciona el apoyo que brindó a Keiko Fujimori en su país natal, su respaldo a Iván Duque en Colombia (puso fin a los acuerdos de paz firmados en 2016 con las FARC) y su entusiasmo con José Antonio Kast en Chile, considerando que el excandidato presidencial trasandino es un confeso admirador del dictador Augusto Pinochet. Y ni hablar de su conocido rechazo al peronismo y toda forma de nacionalismo que, en el subcontinente, suele adoptar formas progresistas.

El profesor universitario César Itier; la directora de investigaciones del Instituto de Investigaciones para el Desarrollo (IRD), Evelyne Mesclier; la profesora de la Universidad de París, Valérie Robin Azevedo; la investigadora Sylvie Taussig, y el antropólogo Pablo del Valle, firman la solicitada en la que se recuerda, finalmente, que Vargas Llosa pidió en 1995 “enterrar el pasado” -u olvidar, que es lo mismo- en la Argentina, con relación a los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la dictadura cívico-militar entre 1976 y 1983.

¿Por qué intelectuales franceses repudian a Mario Vargas Llosa?

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