Juicio por la ESMA: "Febrés era un chancho acalorado y golpeador"

Sociedad

Télam
Por Télam

  • El juicio contra el ex prefecto Héctor Febrés continuó hoy con la declaración del carpintero Ricardo Coquet y el secretario de Culto Guillermo Oliveri, entre otros.
  • Coquet comentó que Febrés era muy golpeador y que en la ESMA le pidieron que confeccionara una bandera de Montoneros para usarla en una grabación con las monjas francesas y hacer creer que esa organización guerrillera las había secuestrado.

 


El secretario de Culto de la Nación, Guillermo Oliveri, declaró durante el juicio que el Tribunal  Oral Federal (TOF) Nº 5 le sigue al ex prefecto Héctor Febres, imputado por delitos contra la humanidad y que pasó a un cuarto intermedio hasta el jueves. 


 


El funcionario si bien no pudo reconocer a Febres en una foto que le mostró el tribunal, dijo que fue secuestrado el 21 de diciembre de 1977 junto a su entonces novia, Josefa Prada, por personas que se movilizaban en dos automóviles Falcon y luego fue torturaro con picana.


 


"Fui llevado a una oficinita, me dieron una pequeña golpiza, me desnudaron", recordó Oliveri, quien luego fue torturado con picana.


 


Poco antes había declarado el carpintero y ex montonero Ricardo Coquet quien recordaba a Febres como "muy golpeador, altanero y presumido", aunque aclaró que "en realidad era un chancho colorado, siempre sudado y 'sacado' como loco, haciéndose el agrandado" pero para él era "un gordito pelotudo" por lo que estaba haciendo con sus compañeros.

Además, afirmó que Febrés "torturaba a los detenidos de la Iglesia Santa Cruz", en referencia a quienes se reunían en ese templo y fueron secuestrados durante la última dictadura militar.

El carpintero afirmó que Febrés fue quien le exigió que hiciese una bandera de Montoneros "con el escudo de tacuara y fusil" que luego se usó como fondo de una "escenografía con un escritorio y dos sillas" en las que fueron ubicadas las monjas francesas Leonnie Duquet y Alice Domond para "hacer creer que estaban secuestradas por Montoneros".


 


Los traslados. Uno de los momentos de mayor dramatismo de su declaración fue cuando se enteró que su gran amigo Ignacio Ojea Quintana, también alojado en la ESMA, había sido "trasladado" (eufemismo con el que se conocía al momento de la muerte del prisionero, generalmente embarcándolos en aviones y arrojados al río o al mar).

El testigo también hizo referencias a "los Pedros" oficiales encargados de los movimientos de los prisioneros dentro de la ESMA, "los verdes", conscriptos que realizaban las mismas tareas y "los Tomys", como se denominaban a los médicos y enfermeros presentes en las sesiones de torturas.


 


En ese sentido, refirió que, como estaba con su ropa rota, Jorge "el tigre" Acosta le dijo a "un Pedro que me de ropa digna y me lleve al pañol para ver algo que me quede bien" y allí, entre pilas de ropa usada vio una camisa verde a cuadros y un pantalón blanco, embolsado que reconoció inmediatamente porque era suyo y se lo había prestado a Ojea Quintana.

El testigo fue el primero de la cuarta jornada del proceso que se le sigue a Febrés por los tormentos a que fueron sometidos Carlos Alberto García, Alfredo Julio Margari, Josefa Prada de Olivieri y Carlos Lordkipanidse, en su cautiverio en ese centro clandestino.

La presencia de Arrostito. Coquet también reveló que, durante su cautiverio el represor "el Tigre" Acosta le aseguró que "acá (en la ESMA) no matamos a nadie" tras lo cual hizo trasladar a su presencia a Norma Arrostito con quien pudo dialogar unas pocas palabras.

El testigo dijo que tiempo después escuchó a represores asegurando que "Gaby (tal el apodo con que se conocía a Arrostito) se descompensó" y atribuyó ello a que "le inyectaron cianuro" lo que le provocó la imposibilidad de respirar y la muerte cianótica.

El sobreviviente -a quien se le atribuyó el número 896 durante su permanencia en la ESMA- también efectuó un minucioso análisis de las tareas que realizaban los distintos grupos "operativos" en el lugar y al trato cruel e inhumano a los prisioneros.

Vivir en la muerte. "Estar en un universo infinito y congelado. La oscuridad del temor a la muerte" graficó el testigo cuando la fiscal Mirna Goransky le preguntó que sensación provocaba el obligatorio uso casi permanente de la capucha con que los represores tapaban las cabezas de los prisioneros.

Coquet, quien fue secuestrado el 10 de marzo de 1977 cuando salía junto a su primo (liberado pocos días después) de la confitería Las Violetas, de Rivadavia y Medrano de esta Ciudad, es un ex militante de la organización Montoneros a quien también se le exigió, durante su cautiverio, que trabajase como "mano de obra esclava".

Es ese sentido se lo obligó a trabajar en "diagramación" y hasta se le confeccionó una credencial con la cual era llevado por las noches al Edificio Libertad -sede de la Armada- donde aprovechaban que había maquinaria de última generación para falsificar documentos y hasta diplomas de "actos de heroísmo" para los oficiales.

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