La argentina que viajó noventa días para conocer a García Márquez
Ingrid es santafesina, terminó de dar sus materias en Medicina y se lanzó en un viaje para conocer al escritor. Y lo consiguió.
El 27 de marzo de 2010, Ingrid Briggiler se despertó con una idea fija: conocer a Gabriel García Márquez. La chica, una santafesina de por entonces 23 años, se propuso encontrar la casa del célebre autor de "Cien años de soledad" para conocerlo y charlar con él, "no con el artista", como aclaró.
Pero Jaramillo respondió su mensaje: "Este viaje no se termina", le aseguró el hombre al entregarle el teléfono de la casa de García Márquez. Todavía sorprendida del giro que había dado su suerte, Ingrid llamó y una colaboradora le pasó directamente con la mujer del escritor, Mercedes."Le cuento todo y le digo: 'Si me das una luz verde, si usted me da una ilusión de que lo puedo conocer, sigo. Sino me vuelvo'", confesó Ingrid, llorando en el teléfono con la gran compañera de Gabo. Todo lo que la mujer contestó fue “El viaje no se termina”, y que le daría una respuesta definitiva diez minutos más tarde.
El veredicto fue que Ingrid llamara a la casa cuando llegara a México. Volver a Santa Fe estaba fuera de la cuestión. Durante todo su viaje, pagó su travesía en colectivo o velero con la plata que iba juntando haciendo changas en cada país al que llegaba, pero esta vez agilizó todo y se tomó el primer avión a la capital azteca.
Al llegar a la residencia, Ingrid esperó a que apareciera el escritor, que estaba cómodamente sentado en su cocina terminando el almuerzo. "Lo vi y me quedé esperando a que se acercara. Me agarró las dos manos y me dio un beso en cada mejilla", contó Ingrid, a quien Gabo la recibió con un "¿Y a esta preciosura de dónde la sacaron?" al que ella contestó con un tímido "¿Cómo anda, don Gabriel?", a sabiendas de la fama de seductor del colombiano."Yendo y viniendo, yendo y viniendo…", confesó García Márquez, como un abuelo que charla con su nieta. Y así se sintió Ingrid. "Fue como me lo imaginé. No le pregunté nada que pudiera leer en libros o revistas. Quería pasar un rato con él, pero no con el artista", explicó.
Tan bien le fue con su objetivo, que Ingrid llegó a conocer a fondo la historia del escritor, y hasta hizo un tour de lujo por Aracataca, la localidad colombiana que Gabo describió a la perfección en "100 años de soledad"
"Al llegar me largué a llorar. Era tal cual como en '100 años...', con las mujeres bañando a los chicos con jabón en el río. Me emocioné y me tiré al agua", recordó Ingrid. Después iría a Cartagena, el escenario de "De amor y otros demonios", un libro que de hecho empezó a leer cuando estaba en esa ciudad. "Sentía que los personajes me pasaban por al lado", recordó.Finalmente en D.F., Ingrid estrechó las manos de García Márquez, se sentó en el living de su casa y charlaron durante dos horas y media. Ella aprovechó para entregarle el cuadro pintado por su papá y le regaló a Mercedes un collar de macramé hecho con sus propias manos, y él le firmó ejemplares de sus libros para que atesore.
Al despedirse, la chica quiso poner en palabras su admiración por Gabo, pero no hubo caso. El la detuvo en seco para evitar que alguien ose alimentar su ego: "Que sino después no me aguanta nadie. Nos conocimos, ahora somos amigos, puedes venir cuando quieras. No te pierdas, vuelve pronto", le retrucó.
Antonia Cossio
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