La habitación del pánico... ¿la caja fuerte del tercer milenio?

Sociedad

*Los narcos colombianos impusieron una modalidad que ya llegó a nuestras tierras: utilizar la llamada “habitación del pánico” (o “Panic Room” en su inglés original), como caja fuerte casera.

Los que han hecho dinero honestamente saben que pueden justificar su origen pero tienen miedo de que se lo roben. Quienes se han enriquecido ilegalmente no tienen muchas formas de justificarlo, y además –paradójicamente- cuanto más riquezas se le encuentren más implicancias tienen con la acción delictiva.

Los boqueteros y los rumores siempre vigentes de que algún gobierno meterá mano en las cajas de seguridad de los bancos, no ofrece mayores geografías de escape y la inseguridad permanente no hace disfrutable las riquezas, sean bien o mal habidas.

Los narcos colombianos impusieron una modalidad que ya llegó a nuestras tierras: utilizar la llamada “habitación del pánico” (o “Panic Room” en su inglés original), como caja fuerte casera, siempre y cuando la vivienda se encuentre situado en un predio relativamente seguro, o en el cual –como las casas de los “countries” o barrios privados-, los robos deban cometerse con cierta celeridad y no exista tiempo virtual para una “apretada” que insuma demasiado tiempo, y mucho menos una modalidad de amedrentamiento a los familiares del dueño de la petit fortuna.

Para saber de qué se trata la habitación del pánico hay que remontarse al año 2002, cuando el director norteamericano David Fincher filmó a la siempre atractiva Jodie Foster en el papel de una mujer acosada por tres intrusos que asaltan su lujosa vivienda neoyorquina.  Entonces Meg (la bella Foster) y su hijita Sara se encierran en una especie de cámara (habitación antipánico) construída como refugio a toda prueba (cuatro muros de hormigón la separan del resto de la casa), y provista –como corresponde a todo refugio- de víveres suficientes, aireación independiente, línea de teléfono a prueba de cortes, electricidad, monitores vigías y todo lo que se precise para ganarle tiempo a los asaltantes.


El director (el mismo de “Seven” o “Pecados Capitales” como se la tituló en la Argentina, “Alien 3” y la exquisita “El club de la pelea”), logró llevar el clima claustrofóbico de la película hasta el máximo de tensión que se permite en el cine sin caer en el absurdo. Pero, por sobre todo, hizo una brillante propaganda a un sistema antirrobo y refugio a la vez, moderno y tecnificado al máximo, que hasta entonces sólo los ricos y famosos de las grandes urbes norteamericanas tenían idea que existía. Nadie recuerda cómo se llamó este sistema cuando fue creado, pero sí que desde el 2002 este tipo de refugio casero se conoce como la habitación del pánico.

Para esa misma época, algunos allanamientos a hogares de narcos colombianos mostraron a las fuerzas antidrogas que en casas particulares se llegaban a esconder hasta 200 millones de dólares en billetes de baja denominación, producto de la recaudación por la venta de droga en las calles. Desde siempre, el mayor problema de los grandes carteles de la droga fue la logística del dinero, esto es, obtener cifras multimillonarias y guardarlas en lugares relativamente seguros cuando no se puede depositarlas en bancos por razones obvias. El condimento psicológico del tener semejante fortuna al alcance de la mano, también influyó para que la utilización de la habitación del pánico se adaptara como costumbre en varias latitudes del continente.

El requisito indispensable es una vivienda en un predio cercado y con vigilancia, y un lugar especial que si bien originalmente fue pensado para refugio ante situaciones de amenaza exterior, aquí son utilizadas como habitaciones ultra blindadas y a prueba de ladrones vulgares y aún sofisticados. El tiempo juega a favor del dueño de casa, y eso hace propicio este sistema de enorme caja fuerte para ser implementado por quienes poseen una masa y volumen de dinero muy importante y no confían o no pueden bancarizarlo.

Y el sistema que adoptaron los narcos colombianos para resguardar sus fortunas mal habidas también se utiliza en la Argentina. Los corrillos que dan cuenta de quiénes son los personajes que han acumulado fortunas de modo “non sancto” se cuentan por decenas, pero no vale mencionarlos en este informe.

La empresa que construye estos refugios particulares ha incrementado su trabajo tanto como quienes se encargan de blindar todo tipo de automóviles. Obvio los constructores ni saben ni preguntan a sus clientes con qué finalidad van a utilizar las salas con cuatro muros de hormigón y todas las seguridades de resistir hasta las bombas convencionales que intenten violar sus ingresos.

¿A qué promedio crece la construcción de estos refugios en la Argentina”, preguntó minutouno.com a un especialista en el tema.

“En el país se llevan levantados más de 600 de estos sistemas, y se realizan entre 3 y 4 nuevos por semanas, muchos de ellos para empresas y el resto particulares”,  fue la respuesta. Pero nuestro informante ni quiso hablar del uso que le dan sus clientes, aunque siempre suponen que el alto índice de inseguridad es el principal motivo por el cual se levantan estos búnkeres familiares.

¿Costos? “De mil dólares promedio el metro cuadrado y de allí para arriba según el tipo de blindado que se requiera”, responde la fuente consultada.

Suponer que el fruto de un negocio ilícito (esos que mayormente no se pagan con cheques) puede terminar acumulado en la habitación del pánico ya no constituye una obra de ficción. Ocurre en la Argentina secreta de estos días.

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