La misteriosa muerte de Héctor Febres en prisión: una historia digna del mejor policial negro
*minutouno.com tuvo acceso al expediente judicial que recoge la declaración de un médico amigo del Prefecto Héctor Febres.
*El militar, acusado de violaciones a los derechos humanos, se llevó varios secretos a la tumba cuando decidió suicidarse. Lo que queda por aclarar es de quién fue la mano que le acercó el cianuro mortal.
“...subió la escalera y golpeó la puerta del camarote de Febres y aguardó afuera a ser recibido.... oyó un diálogo adentro y a los pocos minutos se abre la puerta y sale un hombre de traje, bien vestido, camisa impecable, corbata, de cabello moreno, de tez blanca, cabello corto.... la impresión que era policía o militar... tenía un aspecto de matón, parecía los tipos del FBI, le faltaban los anteojos negros ...”
Este párrafo no fue extractado ni adaptado de ninguna novela policial o de suspenso, sino que pertenece a la foja 1272 del expediente en el que la jueza federal de San Isidro, Sandra Arroyo Salgado, investiga las causas que llevaron a la muerte al Prefecto Héctor Febres, ocurrida en diciembre pasado.
Victor Hugo Giuliani, un médico franco-argentino amigo del militar fallecido, declaró en la causa judicial el temor que le sucitó en su momento el entorno de Febres. Y lo hizo en un estilo literario que no deja dudas del pánico que le produjo la presencia de ciertos personajes a los que vinculó con el Prefecto fallecido.
En él se refieren al galeno diciendo: “... el declarante ingresa (a la habitación de Febres)... y lo ve que dice: mirá, la única situación que me queda es no hablar... Ahí estaba totalmente distinto a lo que Febres era en realidad, que era un personaje alegre, nos hacía reír...”.
Y retorna el dramatismo confesional: “... estoy muy mal Hugo (le dice Febres a Giuliani)... pero tengo un seguro de vida que es no hablar... yo quiero terminar con todo esto, pero no me animo a comprometer a mis camaradas, ni molestar a mi familia. Quiero proteger a mi mujer, a mis colegas y a mis nietos, ayudáme... “.
Giuliani comprendió que el Prefecto detenido por violaciones a los derechos humanos durante la dictadura se encontraba en un “estado de profunda depresión psicológica. Explicó el compareciente que Febres le pedía que lo ayude a quitarse la vida”.
Y más adelante Giuliani recordó (foja 1273) que Febres le dijo: “... esto no me lo voy a comer yo solo. Voy a ir al juicio y voy a hablar... voy a hacer una declaración que va a ser una bomba”. Y remata el médico: “yo no descartaba en ningún momento que iba a flaquear y se iba a suicidar...”.
Y para que no queden dudas de las características del personaje al que Giuliani se encontró saliendo del dormitorio de Febres, agrega más adelante: “... me encuentro con la persona que egresaba del camarote de Febres cuando... ingresaba al mismo y le digo “va para Buenos Aires? A lo que contestó que sí pero no ofreció llevarme, mirándome despectivamente como a una basura...”.
El estado depresivo del militar arrestado lo hacía fluctuar entre confesar todo lo que sabía sobre la represión ilegal en el ámbito de la Prefectura, y el suicidio. ¿Cuál era “la bomba” que Febres podía llegar a confesar judicialmente? En los pasillos de la fuerza militar a la que pertenecía se comenta solo en voz baja el nombre de personas y circunstancias a quien podría haber llegado a implicar Febres en su declaración trunca. Pero esa suposición no pasa de ser una conjetura que el militar muerto llevó consigo a la tumba.
Continúa el expedinte: “... el compareciente (Giuliani) manifestó... que vuelve a visitarlo entre el 10 y 12 de noviembre y que aquí ‘sí que lo ví mal’ estaba en un cuadro de profundísima depresión psicológica, se arrodilló me tomó las manos y lloró. Ahí le dije,,, gordo a mí no me pidas nada que va contra mis creencias religiosas y contra la razón de mi vida y me palmeó la espalda como diciendo por ahora te perdono porque me tenés que ayudar”.
Uno de los personajes a los que Giuliani dijo temer en el entorno de Febres, lo amedrentó sin muchos eufemismos respecto a lo que tendría que manifestar en Tribunales la primera vez que fue citado a declarar. La llamada la recibió el médico el día previo a su concurrencia (lo que hace suponer que Giuliani estaba siendo espiado por algún organismo de inteligencia) y los términos de la intimación fueron: “... decí la verdad... pero tené cuidado con lo que decís”.
Y siguiendo con la trama del comienzo de este informe, se puede continuar leyendo la declaración de Giuliani a fojas 1274 : “...El compareciente manifestó que tiene temor por su integridad física porque no sabe de qué son capaces estos personajes...”. Y después recuerda el médico amigo del militar muerto: “... en la primera Navidad que Febres estaba detenido uno de sus compañeros le sugirió: Gordo, ¿por qué no te despegás de esta causa, si vos eras un suboficial subalterno (durante la época de la represión ilícita) ... a lo que Febres argumentó... acá estamos todos juntos y todos juntos vamos a terminar” siendo que el compareciente considera que Febres estaba orgulloso de pertenecer a un grupo en el que él era un menester despreciable (SIC)...”
Más adelante el médico señala que el Prefecto le reiteró el pedido de “algún veneno que no deje rastro” “a lo que el declarante le manifestó que si quería matarse se ahorque pero que a él no lo comprometa...” Y antes de finalizar Giuliani señaló que: “...Febres le dijo que tenía como matarse, porque tenía una inyección pero que no se animaba a inyectarse...”.
Muerte, intimaciones, seguimiento y espionaje sobre los declarantes y una profunda sensación de que el pasado no está ni muerto ni enterrado se desprende de esta causa judicial que aún tiene que encontrar al mensajero de la muerte. O sea: a quien le consiguió el cianuro fatal al Prefecto detenido.
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