Las estrictas reglas que imponía Claudio Barrelier en la casa donde habría asesinado a Agostina Vega
Los testimonios incorporados al expediente describen un clima de control y temor dentro de la vivienda de barrio Cofico.
La investigación por el femicidio de Agostina Vega continúa avanzando con nuevas medidas de prueba y revelaciones surgidas de los testimonios de personas que convivían con Claudio Gabriel Barrelier. Según la hipótesis principal de la fiscalía, la adolescente fue asesinada dentro de una vivienda ubicada en barrio Cofico, en la ciudad de Córdoba.
Ahora, las declaraciones de quienes compartían ese espacio con el acusado permiten reconstruir una dinámica cotidiana marcada por el control, las restricciones y el miedo. Uno de los aspectos que más llamó la atención de los investigadores fue la existencia de reglas informales que, según los testigos, debían cumplir quienes habitaban la propiedad.
Antes de ingresar o circular por determinados sectores de la casa, era habitual enviar mensajes al imputado para pedir autorización. Frases como “¿Estás con gente?” o “¿Puedo pasar?” formaban parte de la rutina de quienes convivían con él, de acuerdo con los relatos incorporados al expediente judicial. La vivienda de la calle Juan del Campillo se convirtió en el centro de una nueva serie de pericias ordenadas por el fiscal Raúl Garzón.
Durante un allanamiento realizado esta semana, especialistas llevaron adelante estudios acústicos y evaluaciones edilicias con el objetivo de establecer si otras personas presentes en el inmueble pudieron haber escuchado algún ruido, grito o pedido de ayuda durante la noche en que se produjo el crimen. La prueba busca determinar cómo circulaba el sonido dentro de la propiedad y qué tan aislada se encontraba la habitación utilizada por Barrelier.
Los investigadores manejan dos escenarios principales. El primero apunta a un crimen ejecutado sin que la víctima pudiera emitir señales audibles, una hipótesis respaldada por los primeros resultados de la autopsia, que indican una muerte por asfixia. La segunda posibilidad es que cualquier ruido producido durante el ataque haya quedado oculto por la música que, según varios testimonios, el acusado escuchaba frecuentemente a un volumen elevado dentro de su habitación.
Las declaraciones también describen el espacio que Barrelier utilizaba de manera exclusiva. Se trataba de un antiguo garaje acondicionado como habitación privada, donde pasaba gran parte de su tiempo escuchando música, jugando videojuegos o permaneciendo aislado. Varios testigos aseguraron que evitaba que otras personas ingresaran al lugar y que, cuando era necesario atravesar esa zona, debían hacerlo en silencio y sin mirar hacia el interior.
Una fuente vinculada a la investigación resumió el clima que se vivía en la vivienda con una frase contundente: “Era un dictador, le tenían miedo”. Mientras continúan las pericias y el expediente permanece bajo secreto de sumario, la fiscalía sostiene que existen elementos suficientes para afirmar que Agostina fue llevada mediante engaños hasta esa casa y asesinada allí.
Sin embargo, todavía quedan interrogantes abiertos sobre el móvil del crimen, la posible existencia de una agresión sexual y el grado de conocimiento o participación que pudieron haber tenido otras personas presentes en el inmueble. En paralelo, la Fiscalía General ratificó a Raúl Garzón al frente de la causa y reforzó el trabajo conjunto con áreas especializadas en violencia de género y delitos contra la integridad sexual para profundizar una investigación que sigue sumando capítulos decisivos.
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