Los albergues transitorios dejan el glamour setentoso de siempre

Sociedad


  • Menos luces de colores, menos ceniceros pegados a la mesa de luz y más muebles de diseño hacen que se parezcan más a los hoteles turísticos.
  • Si bien siguen apostando a la intimidad, buscan dejar atrás un estereotipo que ya no responde a las necesidades de los clientes.

Algunos de los 176 hoteles alojamiento que hay habilitados en Buenos Aires se están reciclando como hoteles de diseño: ya no hay funda de plástico bajo las sábanas, luces de colores ni ese olor característico que es una nada sutil mezcla de desinfectante con desodorante de ambientes barato.

"Al igual que pasó con los bares y restaurantes, ahora el diseño llegó al hotel alojamiento -asegura Daniel Fridman, dueño del portal de internet Albergues Transitorios  y especialista en el tema-. Como el público lo pide, hay una camada de hoteles que se están modernizando y adoptando nuevos estilos, más minimalistas. Los espacios son más grandes y con luz natural y los alfombrados se están cambiando por pisos de madera. Además, se incorporan wi fi y plasmas. Algunos albergues rediseñan parte de sus habitaciones y dejan algunas a la vieja usanza, porque hay clientes que todavía la prefieren".


Dejando de lado su estilo recargado, ahora el diseño de los hoteles alojamiento se vuelve minimalista.    


Según el diario Clarín, uno de los que hizo punta fue el JJ, de Núñez, que desde su inauguración, en 1974 propuso que cada una de las habitaciones fuera diferente. "Por entonces era bien telo, los cuartos y la entrada eran oscuras -describe su gerente-. Pero la gente se fue soltando y ahora quiere que haya luz natural. Además, vimos que dentro de la clientela vienen muchos matrimonios. Y el telo, con su aire de cabaret, era un poco agresivo para la mujer normal".

Más de 30 años después, el JJ ofrece habitaciones luminosas y, algunas, hasta con jardín exterior en las que predomina la sobriedad. Si no fuera por los hidromasajes en la habitación, parecería un hotel de pasajeros: "Nuestras habitaciones son como departamentos", señala su gerente. Entre otros servicios hay wi fi, DVD, un frigobar con gaseosas y cerveza sin costo y cochera privada. De lunes a viernes, en la "hora pico" de la tarde, los turnos son de dos horas y los fines de semana, de cuatro y las habitaciones cuestan entre 130 y 260 pesos.

"Acá no hay ceniceros pegados a los muebles o cuadros atornillados, porque la gente no se roba las cosas -explica el gerente-. La diferencia con un albergue tradicional es la misma que existe entre la pornografía y el erotismo".

Pero desde hace seis años el hotel alojamiento más lujoso no está en Capital, sino en la mano al Riachuelo de la General Paz, en Villa Lynch. Cada una de sus 23 habitaciones fue diseñada y decorada por un arquitecto diferente, la mayoría mujeres. "Es que la que elige es la mujer", sostiene Daniel Liñares, el gerente, con 39 años de experiencia en el rubro.


Muchas de las habitaciones recicladas podrían confundirse con las de un hotel de pasajeros, si no fuera por el hidromasaje,    


"Cuando empecé en esto, a fines de los 60 -recuerda-, las mujeres entraban tapadas con un pañuelo, leyendo Radiolandia o buscando algo en la cartera para que no las vieran. Pero las cosas cambiaron mucho. Cuando abrimos, hace seis años, la orden era que cuando entraba un auto el conserje abordara al hombre, aunque manejara la mujer. Pero como ellas se ofendían, decidimos cambiar la política".

En las habitaciones del General Paz no queda ni un detalle típico del viejo telo. Se trata de lofts diseñados casi como para que viva una persona. Tiene grandes ventanales desde los que se ve la avenida, un jacuzzi integrado, una sala de estar y muebles de buen diseño. Todo por una tarifa que oscila entre los 178 y 318 pesos por un turno de tres horas. Siempre hay una mesa puesta como para comer. La carta propone platos gourmet y sushi, que se pueden acompañar con vinos de las mejores bodegas o incluso un champagne Dom Perignon.

"El telo es un invento argentino y fue la respuesta a una necesidad social -dice Liñares-. La diferencia fundamental con un hotel de pasajeros es que adjudica anonimato. Esta actividad existe gracias al adúltero, fundamentalmente el culposo. Y los adúlteros no pueden comer en un restaurante a la vista de posibles conocidos. En el General Paz, pueden comer como en un restaurante, pero en la intimidad".


El hotel alojamiento era una visita obligada para los que tenían relaciones clandestinas. Ahora también van los matrimonios.


Y el negocio funciona: a las 16.30 de un día de semana, el General Paz está ocupado en un 70 por ciento.

Según la sexóloga Claudia Groisman, autora de "Sexualidades y afectos", en otros tiempos la prohibición era un gran motor de la pasión, pero ahora, en la época de la caída de las transgresiones, la vieja modalidad sexual del encuentro de a dos pierde intensidad y hay que agregar otros elementos. “¿Qué puede hacer un matrimonio para sentir que vive una relación clandestina? Ir a un telo –dice Griesman-. Y el lugar puede suplir la falta de habilidades amatorias. ¿Qué más puede pedir una mujer, si el hombre la llevó a un palacio?".

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