Los fierreros duplican el valor del auto para tener más potencia

Sociedad

*Ser fanático de los autos es una filosofía de vida que requiere horas de empeño y dinero para el cuidado de sus vehículos.
*A diferencia de los tunnig que sólo piensan en la estética, los verdaderos devotos de la velocidad llegan a gastar el doble del valor de sus autos, todo para tener un "pura sangre".
* minutouno.com habló con los protagonistas de esta pasión que mueve multitudes.

Al igual que el fútbol, el gusto por los autos mueve multitudes. De hecho, se dice que el automovilismo es el segundo deporte nacional de la Argentina. Y como toda pasión, despierta el fanatismo de personas que se empeñan en mejorar su auto día a día. ¿Qué significan los fierros para los fanáticos y cuánto dinero les consume? minutouno.com recopiló anécdotas e historias de gente que vive por y para ellos.



Para algunos es “su nena” o su hermana menor,  pero todos coinciden en que gastan


Los fanáticos del tunning buscan estética y los de la velocidad mayor potencia.        

horas y dinero de sus vidas para tenerlo como desean. “Aspirarlo, lavarlo, lustrarlo y pasarle silicona me lleva 5 horas promedio”, explicó Jorge Muffatti, quien admite que manejar lo relaja y que hasta le sirve como método de terapia.

Lo cierto es que para los tuercas, el automóvil suele ser una prolongación de si mismos, e incluso les otorga poder y virilidad. La licenciada en Psicología Graciela Cafici explicó a minutouno.com que se trata de una cuestión de ego personal ya que el auto otorga un cierto status y sin dudas es un arma de seducción. “Asimilan el tener con el ser, es decir, si tengo un auto poderoso yo también soy poderoso”, explicó la especialista.

El tunning es un mundo aparte

Cuando de pasión por las tuercas se habla, es común asociar a los fierreros con luces de neón, grandes etiquetas de colores y llamativos alerones al mejor estilo “Rápido y furioso”. Sin embargo, para los entendidos en el tema la cuestión no es tan así. Los más devotos de la velocidad eligen preparar sus coches para correr y no para exhibirlos como modelo de colección.

Mientras que los tuning sólo buscan modificaciones estéticas, los fanáticos de los autos deportivos, tal como ellos los llaman, se preocupan por mejorar la potencia del motor,  alcanzar el máximo rendimiento y mantener el exterior lo más original posible.

Los tips para reconocer a simple vista un coche de éste tipo son: caño de escape especial, buenas llantas y que el auto esté casi al ras del piso. Los vidrios negros, equipos de música y el motor preparado son opcionales. Daniel Millán, otro devoto de los automóviles explicó que la poca distancia del suelo es para que el auto doble, frene y traccione mejor.



En cuanto a los costos, desde el taller mecánico Audiosport explicaron que en la


Cuanto más original esté el auto por fuera, mejor    

preparación de un motor se puede gastar la plata que el cliente desee. Por ejemplo, colocar un equipo de turbo o hacer un motor aspirado cuesta aproximadamente unos $15.000. Según los entendidos, con esas modificaciones se duplica y hasta triplica la potencia original del auto.

“En la preparación de un motor se puede invertir la plata que quieras, no hay un límite. Siempre te falta algo y siempre hay uno que anda más rápido que vos y que te lleva a querer ganarle”, aclaró Millán quien paradójicamente ya gastó  $15.000, la misma cifra que cuestaría hoy su Fiat Regatta original sin ningún agregado.



Por su parte, Mariano Porta contó que en la preparación de su coupe Renault 19 ya gastó $4.000 sin motor, una de las cosas más caras. Mientras que Muffatti suma aproximadamente $9.000 entre cubiertas, vidrios negros, escape, música y varios.

Con la adrenalina al límite

El gusto por la velocidad también se relaciona directamente con la atracción por los autos. La mayoría de los entrevistados por minutouno.com reconocieron que aunque sea una vez corrieron picadas ilegales en lugares como la Avenida Lugones pero también en carreras legales como las que organiza el Autódromo Argentino los viernes a la noche.

La necesidad de vivir al límite se presenta como un factor clave. Cafici señaló que la adrenalina que sienten al correr es como especie de sustancia adictiva. Para la especialista, el riesgo que atraviesan hacen que la actividad sea más placentera y excitante.

Un cierto sentimiento de omnipotencia ronda por la mente de los fierreros. Muffatti reconoció que más de una vez se pasó de la raya pero que no fue por su culpa. “Una vez me toque con otro pero no fue un error mio. Uno controla sus movimientos y sabe muy bien lo que hace, pero el problema se presenta cuando el otro se manda la macana y por ejemplo se te cruza en el camino”, manifestó el dueño de un Peugeot 206.

Un vínculo especial

Los fierreros llegan a desarrollar un vínculo tan cercano con sus vehículos que en el peor de los casos puede tornarse obsesivo. El dicho popular de que primero está el auto y después la novia no es tan ridículo como parece.

Mientras que Muffatti recordó que un día de lluvia no dejó subir a su pareja al auto hasta que no cubrió con una bolsa la alfombra donde se apoyan los pies, Porta contó que éste verano resignó llevar el auto a sus vacaciones porque no encontró un lugar para alojarse que tuviera cochera cubierta.


La preparación de cubiertas, motor, música, relojes, vidrios y demás puede duplicar el valor del auto.   


Cafici explicó que el peligro de que la pasión por los autos se torne obsesiva, además de que ponen en riesgo su vida cuando corren, es que la persona comienza a dejar de lado otras cosas para abocarse de lleno a eso y se abstrae del mundo.

Los días de lluvia, también son la excusa perfecta para que el preciado vehículo se quede durmiendo en casa. Al igual que sus pares, Porta comentó que si el día está feo o si ya está anunciado que va a llover prefiere hacer un cambio de planes.

Entre las locuras que llegaron a cometer por cuidar de sus autos, el dueño de otro Regatta Roberto Casellio, recordó que llegó al punto de seguir como un loco al ladrón que minutos antes le había robado su auto en la puerta de la casa de un amigo. “En un semáforo hasta llegamos a alcanzarlo y él nos mostraba el arma pero lo perdimos de vista. Después lo buscamos por todas las villas de la zona pero no hubo caso, me lo devolvió la policía a la mañana siguiente”, relató el ex dueño de un Fiat Uno.

El fanatismo por el auto también se interpuso en la pareja de Porta y fue motivo de pelea. “Ella estaba manejando y chocó las ruedas con el cordón. Yo me volví loco y ella se puso a llorar, pero el auto es el auto”, remató el muchacho que tardó una semana en perdonar a su ex novia por el altercado.

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