Matar para no morir
Beatriz López vivió un calvario eterno. Años de abusos, de tormentos, de ataques verbales y físicos. Su esposo, el victimario, era policía federal y se llamaba Gastón Márquez.

Por Mauro Szeta
Lo distinto del fallo es que señala que, para acreditar una legítima defensa en contexto de violencia de género, no es necesario que el crimen sea la reacción a un ataque inmediato. Lo que argumentan los jueces es que se puede aplicar una legítima defensa por "La historicidad de la violencia de género" que padeció López a lo largo del tiempo. "No hacía falta que él la estuviese atacando con un puñal para justificar que ella dispare", razonaron desde la defensa de López.
"En este caso no se observa irracionalidad o desproporcionalidad en la necesidad del medio utilizado a la luz de las amenazas proferidas contra la imputada y su hija bebé, las agresiones físicas, psíquicas y sexuales sufridas y las circunstancias de una violencia doméstica impeditivas de otras opciones pasibles de provocar un daño menor", escribieron los jueces de Casación.
Desde ahora, López puede volver a vivir. Lo que no es poco. Triana, la hija que tuvo con el policía Márquez, hoy, es su norte.
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