Mates, guitarreadas y voley para ver el último eclipse del año
El Planetario se llenó de jóvenes, padres e hijos para presenciar un espectáculo único y maravilloso.
Planetario
Por Télam
"La incertidumbre, lo primitivo y la imposibilidad de controlar creo que es lo que convoca", dijo y la realidad pareció darle la razón porque a unos metros se observaba una fogata improvisada rodeada de jóvenes que bailaban al son de una batucada que no cesó en toda la noche con sus ritmos ancestrales.
La experiencia científica con participación activa no dejó de lado algún picadito, voley y mucha bicicleta.
Jorge, un padre de Floresta con sus dos hijos, compartía en la cola la ansiedad por llegar a los telescopios y "poder ver la Luna de otro color".
Estudiantes de medicina de Recoleta; de ingeniería de Palermo o de música de Once confesaron haber cambiado lo que fue "una salida de boliche por ver este espectáculo".
También estuvieron los que fueron con sus propios telescopios y los lucieron orgullosos plantados en un trípode, como Alejandra, una encargada de edificios que estudia el profesorado de biología y se acercó a la convocatoria desde Benavídez.
Todos esperaban llevarse algo para contar, mientras la Luna cambiaba de color.
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