Mendoza: la increíble transformación de Leo Ramal, el hombre que perdió a toda su familia

Sociedad

Leo Ramal tuvo que empezar de cero y entendió que debía recuperarse para vivir una vida “vivible” para él y sus hijos.

En 2002 Leo Ramal vivía una vida feliz: estaba casado con Raquel, tenía tres hijos, una fábrica textil en Mendoza y un trabajo que lo llevaba a viajar permanentemente. Pero todo cambió, mientras estaba en Chile por un viaje laboral que no quería hacer, recibió una llamada que lo obligó a regresar de urgencia a Mendoza. Su mujer y sus tres hijos habían sufrido un accidente. Milagros, de ocho años, murió en el choque. Raquel quedó internada en grave estado y murió 14 días después. Agustín y Catalina sobrevivieron, aunque también resultaron heridos.

Leo volvió a Mendoza y tuvo que enfrentar una vida completamente distinta a la que había dejado horas antes. Mientras intentaba cuidar a sus hijos y atravesar el duelo, comenzó también una lucha contra sí mismo: la angustia, la culpa y una idea recurrente de morir. Meses después entendió que sus hijos necesitaban que volviera a ser padre y que, para hacerlo, primero tenía que encontrar una manera de seguir viviendo.

La terapia, el deporte, su familia y una nueva rutina fueron parte de ese camino. Con el tiempo volvió a correr, participó en triatlones e Ironman y descubrió que su historia podía servir para acompañar a otras personas atravesadas por el dolor. Hoy, a los 59 años, en diálogo con Infobae, habla de resiliencia, aceptación y de cómo construir una vida posible después de una pérdida. “Quiero sentir que esto, haber estado ahí y haberlo contado, le sirvió a alguien”, manifestó.

"El mensaje es que el dolor es algo difícil, es muy duro, pero el dolor y la tristeza no son malos. Nos acompañan en un momento en el que nos llevan hacia adentro, a conocernos mejor y a rehacernos de una manera más íntegra. Mientras mejor nos tratamos internamente, mientras mejor cultivamos nuestros jardines profundos, mejores frutos y más brillo vamos a tener", dijo Leo..

Luego explicó que: "Nosotros escuchamos hablar de resignación, pero hay una diferencia entre ambos términos. La resignación viene de resistirse. Cuando me resisto a algo y llega un momento en que eso me gana la pulseada, en este caso la muerte o la ausencia, pero la aceptación me permite reconocer lo que pasó y qué puedo hacer a partir de eso. Entonces puedo tomar toda esa fuerza que usé para resistirme y usarla para seguir. A partir de ahí puedo empezar a cultivarme y dar mejores respuestas".

Cuando le preguntaron si le costó volver a enamorarse, Leo manifestó: "Sí, pasó un montón de tiempo. Cuesta porque inconscientemente uno no quiere pasar por el dolor nunca más. La culpa estuvo durante los primeros años, hasta que pude elaborarla. Pensaba: “¿Por qué no me morí yo primero? ¿Cómo se va a morir mi hija antes que yo?”. Pero eso no lo decidía yo. También pensaba: “¿Cómo puede ser que me haya ido a Chile y la haya dejado a ella?”.

"Hoy soy un tipo feliz. Hace mucho tiempo que me reconozco como feliz. También reconocí que hubo dolor siempre dentro de mí, solo que antes no le ponía palabras. No sabía que eso que me incomodaba era dolor. Me arriesgo a decir que todos los seres humanos tenemos un dolor que traemos desde chicos y ni siquiera sabemos que se llama dolor. Cuando empecé a buscar y a ordenar adentro decía: “Este no viene del accidente. ¿De dónde viene este que está haciendo ruido?”. Y ahí entendí que había cosas que venían de antes".

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