Mujeres sin hijos y sin culpa

Sociedad

* Tradicionalmente se le exigió a la mujer tener hijos y las que no cumplían con ese mandato eran condenadas socialmente.
*Hoy viven su elección con menos culpa y compensan el vacío con el trabajo y sus afectos más cercanos.

Décadas atrás, la maternidad era impensada como opción de vida. Los mandatos sociales indicaban que las jóvenes debían tener hijos sí o sí. Y las que decidían no hacerlo, eran tildadas de egoístas y poco sensibles. Hoy ya no es tan así, existen mujeres que priorizan sus proyectos personales y que deciden dejar de lado su función reproductora sin tantas culpas.


 


Pese a que la sociedad se muestra más abierta, todavía le cuesta asumir que hay mujeres que no desean ser madres. La licenciada en Psicología Hilda Catz resaltó a minutouno.com que si bien la gente ya no piensa que una mujer sin hijos no es nadie, le resulta difícil entender que es una elección que responde a una realidad interna y circundante.

Los mandatos sociales aún ejercen su presión. Estela, una abogada de 54 años especialista en familia, los vivió de cerca cuando era joven y antes de casarse se echó atrás porque quería desarrollar una carrera independiente con viajes y postgrados de por medio y su novio no estaba preparado para eso.  La profesional dijo que en ese entonces sus padres cuestionaron la decisión pero que hoy se sienten orgullosos de que se destaque en lo suyo y haya logrado lo que deseaba.


Ver que sus amigas se divorcian y que los chicos sufren por la ruptura,  las desalienta.     

 


Por su parte, Liliana Girardi de 49 años confesó que nunca le preocupó demasiado el hecho de ser mamá, pero que además no se dieron las condiciones que deseaba. “Se me presentaron oportunidades pero no con las clases de relación o con las personas que yo había soñado”, explicó.

El trabajo ante todo

El contexto sociolaboral se muestra más comprensible pero a la vez resulta contradictorio. Por un lado, suele juzgar de poco sensibles a las mujeres que eligen no ser madres. Pero por otro, las licencias por parto se acortan cada vez más en los trabajos. Para Catz no se valora lo imprescindible del cuidado materno en la crianza del niño durante la época temprana. “Como el trabajo reproductivo no puede ser traducido en moneda, entonces es desvalorizado”, señaló la especialista.

Además, es común que primero elijan desarrollarse en el trabajo y después ver si tienen hijos o no ya que cuando se convierten en madres, la carrera profesional se trunca invariablemente. La abogada comentó que después de recibirse, a los 22 años, su objetivo era desarrollar las cosas que la hacían feliz en ese momento: su profesión. De hecho, hizo 2 postgrados, estudió psicología social y psicodrama psicoanalítico, viajó por el mundo y dio conferencias en cuanto país le hicieron un lugar.

Lo cierto es que postergar la maternidad entre los 20 y los 30 por el trabajo a veces es un arma de doble filo. Catz explicó que las experiencias laborales las llevan a continuar con ese desplazamiento para independizarse económicamente y poder formar una familia pero que a la vez corren el riesgo de que se les pase el cuarto de hora. “En el fondo, viven un sufrimiento silencioso por tener que relegar la idea de ser madre”.

El contexto tampoco es alentador


Desarrollan su carrera profesional y cuando se acuerdan de ser madres es tarde.     


El aumento de divorcios y la ruptura de familias es una cuestión que también desanima la maternidad. Catz puntualizó en que el hecho de ver que sus amigas se separan y tienen que cuidar de los chicos o luchan con los padres para que se hagan cargo de los alimentos, sin dudas repercute negativamente en las mujeres que dudan en ser madres.


 


Estela coincidió con la psicóloga en el sentido de que el contexto que la rodeaba, al ser especialista en familia, fue una de las cosas que le quitaron las ganas de tener un hijo. "El ejemplo de familia unida que me enseñaron mis viejos de chica era muy distinto al que se daba en la realidad y al que veía en mis clientes", dijo la abogada.



Cuando el reloj marca la hora

La llegada de la menopausia y con ella el fin de la función reproductiva, en algunas de las mujeres que no tuvieron hijos hasta el momento funciona como una especie de baldazo de agua fría. Este es el caso de Liliana, quien confiesa que no se le despertó el instinto maternal del todo hasta que corroboró que ya no podía concretarlo. “Reconozco que tendría que haberlo intentado antes, pero en ese entonces no se me cruzó la idea”, confesó la mujer, quien barajó la posibilidad de adoptar un bebé pero su pareja que tampoco podía tener hijos rechazó la idea rotundamente.

La manera de reaccionar cuando se dan cuenta de que ya no podrán ser madres, al menos biológicas, no es la misma para todas. Según la personalidad y los afectos de cada una pasarán o no por una situación de angustia. Catz explicó que si tuvieron una vida rica en vínculos, amor, relaciones y afectos de todo tipo, la crisis no será tan aguda. 



A medida que fueron pasando los años, la pregunta sobre ser madre o no se hizo cada vez  más frecuente en Estela. Pero hizo hincapié en que su crisis no fue respecto a los hijos sino a la pareja, en cuanto al hecho de no haber conformado una relación duradera en el tiempo.


Suelen deprimirse cuando el reloj biológico les marca la hora.      


De todas maneras y según la Catz, en estos casos, la maternidad es una potencialidad muy importante que no está explotada y como todo aquello que no se desarrolla,  creará un agujero de angustia que puede ser elaborado y compensado pero que en el fondo siempre queda.

Liliana recuerda que pasó por un momento triste pero que pudo superarlo y que hoy es algo asumido. La mujer confesó que hacer el test de embarazo y que siempre le de  negativo fue deprimente y desalentador. Pero que ya no se aflige con el tema de la maternidad y que si bien no hizo terapia específicamente por eso, sí trató el tema con el psicoanalista y le sirvió de mucho.

Amores que compensan

Las mujeres que deciden no ser mamás suelen canalizar su afecto en sobrinos, hijos de amigas o ahijados. Así como Estela contó que tiene 7 ahijados de todas las edades con quienes mantiene un lindo vínculo, Liliana manifestó que la hija de una amiga y el varón de una prima son sus debilidades.

“Federico es como el hijo que no tuve, siempre le dije que era mi príncipe azul y lo quise mucho desde chico, es un ser muy especial en que deposité mucho afecto. Y Florencia es una mujercita divina de 21 años con la que salgo de compras y vuelvo a revivir la adolescencia”, dijo Girardi, quien reconoció que transfirió mucho de su amor en esos dos chicos.

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