Murió el millonario que estaba sospechado de robar un cadáver para no perder su fortuna

Sociedad

Télam
Por Télam

  • El hombre había heredado una millonaria fortuna que incluía campos, miles de cabezas de ganado, 13 inmuebles y dos aviones.
  • Estaba en juicio con una mujer que decía ser hija no reconocida del afortunado hacendado, que murió en 1983 y cuyo cadáver desapareció misteriosamente en 1999.

Darío Hernán Sarasola, el hombre de 58 años que recibió una herencia millonaria de un hacendado, cuyo cuerpo fue robado del cementerio de General Acha en el marco de un juicio iniciado por una mujer que dice ser hija del fallecido, murió ayer en el Hospital Alemán de Buenos Aires.

Sarasola, quien vivía en Tortugas Country, adonde se trasladó luego de recibir la herencia del estanciero Rufino Otero, falleció a causa de una enfermedad terminal, informaron sus familiares.

Sarasola fue el protagonista de una historia en la que está involucrada una herencia conformada por 50 mil hectáreas de campo en la zona de Valle Argentino y de Valle Daza; unos 13 inmuebles, dos aviones y unas cinco mil cabezas de ganado, entre vaquillonas, novillos y toros.

Esta fue la fortuna que Rufino Otero le dejó a su mujer en 1983 al momento de morir, y la historia continuó cuando la viuda de éste, Elisa Arenaz, se la donó a Sarasola, su sobrino, en 1990, un año antes de su muerte.

La herencia millonaria y el robo del cuerpo de Otero fueron los condimentos más fuertes de historia que cobró estado público cuando una mujer, Eva Paole, inició un juicio por filiación aduciendo ser la hija del afortunado hacendado y reclamando en consecuencia los bienes, por considerarse la legítima heredera. 

En el marco de la causa, que lleva adelante Manuel Alvarez, cuando se fue a buscar el cadáver de Otero, enterrado en el cementerio de General Acha, se corroboró el robo del cuerpo en los últimos días de agosto y los primeros de setiembre de 1999.

En razón de ello, el juez ordenó la inhibición de los bienes de Sarasola, ahora fallecido, y a quienes lo heredan: su esposa, Graciela Cabantoux; y sus hijos, Agustina de 23 y Hernán de 17.

El 29 de setiembre de 1999 la Justicia comprobó que la tumba fue profanada y la tapa del nicho estaba rota.

Allí había un cuerpo con cicatrices producto de una autopsia, práctica que no se le había hecho a Rufino Otero, que murió por causa natural.

Ahora, Eva Paole solicitó la realización de nuevos ADN para llegar a la verdad de su identidad, mientras seguirá reclamando la reivindicación de bienes sobre los herederos de Darío Sarasola.

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