No hay lazo sanguíneo, pero el tabú del incesto ronda los amores entre hermanastros

Sociedad


  • Son relaciones que surgieron como consecuencia de las familias ensambladas y, aunque no los una un vínculo de sangre, la opinión de sus padres puede generarles culpa.
  • minutouno.com te invita a conocer los secretos de los amores entre hermanastros a través de sus propias historias y del análisis de dos psicólogas.

Concretadas o sólo imaginadas, existen más relaciones amorosas entre hombres y mujeres que en algún punto son parientes de las que comunmente se piensan. Y aunque en este caso no los una la sangre, los amores entre hermanastros suelen manejarse bajo la clandestinidad en la mayoría de los casos.

Junto con el aumento de los divorcios y la ruptura de los esquemas familiares tradicionales, las familias ensambladas trajeron como consecuencia una nueva clase de vínculos interpersonales: el de los hijos de uno y otro integrante de la nueva pareja. En algunos casos, se conocen desde muy chicos y se quieren como si fuesen hermanos verdaderos. Pero en otros tantos, la falta de lazos sanguíneos está bien en claro y cuando crecen, descubren que se pueden sentir atraídos entre sí.

Como no podía ser menos, la ficción también se encargó de reflejar historias amorosas como estas. En la Argentina, “Montaña Rusa” (la exitosa tira juvenil de Canal 13 de fines de los ’90) contaba la apasionada y escondida relación entre Mariana (Nancy Dupláa) y Alejandro (Gastón Pauls), el irresistible hijo de la nueva pareja de su madre.

Pese a que no son familiares, este tipo de relaciones suelen vivirse con culpa, ¿por qué? Para Hilda Catz, licenciada en Psicología y especialista en adolescentes, puede que los padres se olviden de que no son relaciones carnales cuando se conocen de muy chicos y el vínculo es casi familiar. “En medio del proyecto de una nueva familia, los padres se acostumbran a verlos como hermanos. Quizá tenga un cierto tinte incestuoso cuando viven en la misma casa.”, explicó a minutouno.com.

Por su parte, Sonia Kleiman, secretaria docente de la maestría en Familia y Pareja del IUSAM, sostuvo que hay un aspecto simbólico que excede lo sanguíneo. Según la especialista, no son como hermanos de sangre pero están ubicados dentro de una matriz de parentesco.

Eso es lo que sintió Vanina (25) cuando en la adolescencia se enamoró de Mauro, el hijo varón (también tenía una hermanastra) de la novia de su padre. “Nos conocimos cuando teníamos 6. De chiquitos creo que ya había algo. Pero nuestros viejos se separaron y por unos cuantos años no supe nada de él hasta que a los 16 nos volvimos a ver cuando nuestros papás se arreglaron. Quedé encantada y fue mutuo. Hacíamos como si fuésemos una “familia” pero entre nosotros histeriqueábamos todo el tiempo”, recordó la joven.

La atracción irrefrenable

Basta que algo tenga un condimento de trasgresión para que sea más atractivo. En el caso de las historias entre hermanastros, el fantasma del incesto (por más que en verdad no lo haya) sobrevuela la relación pero a la vez despierta las fantasías. Como señaló Kleiman, quedan atravesados por lo prohibido dentro de las relaciones familiares. Se lo vive de una forma un tanto trasgresora.

Nos gustaba lo prohibido, eso lo hacia mas cachondo. Pero por sobre todo, el no poder estar juntos y hacer como si fuésemos hermanos ante nuestros viejos, cuando lo que queríamos era comernos a besos, era buenísimo”, contó Gabriel (29), quien hace varios años se acostaba con una de las hijas de la actual pareja de su padre. Hoy está casado y recuerda el episodio con picardía. A ella se la encuentra en reuniones familiares y ambos hacen como si nada hubiera pasado.

Por su parte, Vanina contó el día en que, después de tanto imaginarlo, besó a Mauro. “Fue una noche que fuimos a bailar y yo tenía mucho miedo de que nos viera su hermana porque sabía que no le iba a gustar. Pero fue hermoso. Nos escapamos juntos y cuando llegamos a su casa tuvimos que disimular con su familia, pero nos moríamos por estar juntos”, explicó la joven.

Después de esa noche, él le prometió que la llamaba para verse pero nunca pasó. Empezó a salir con otra chica y Vanina sufrió mucho hasta que tomó la decisión de cortarlo y desapareció por un tiempo. Luego, ella se puso de novia y hoy sólo los une un gran cariño y el lindo recuerdo de lo que pasó.

Los que llegaron a buen puerto

Cuando se vencen los prejuicios y el amor es sincero, los amores entre hermanastros pueden tener un final feliz. Algo parecido les pasó a los abuelos de la misma Catz. “Se conocieron a los 15 años pero ya eran grandes, más para esa época que la gente se casaba muy chica. Nadie se opuso y se casaron”, comentó a modo de ejemplo.


 


"Puede ser un amor genuino o un llamado de atención a los padres por querer forzar la construcción de una nueva familia. Si se generaran otros dispositivos familiares, quizá no se viviría de una forma un tanto problemática", finalizó Kleiman.

Dejá tu comentario