*Los consumidores necesitamos que el vendedor tenga el cambio, no debe ser nuestra preocupación constante para comprar. *¿Qué hacemos para encontrarle una vuelta a la problemática de las monedas?
Una odisea. Se hace imposible. Es una lucha. Cada vez que meto la mano en mi bolsillo, no hay ni una moneda. Me acerco al primer kiosco que veo, lo encaro muy confiado y sin pensarlo, saco entusiasmado mi billete de dos pesos. Lo muestro orgulloso y esperanzado. “Tiene que tener cambio seguro”, pienso.
Empiezo a mirar los caramelos o chocolates y saco cuentas en mi cabeza de cuánto tengo que gastar para llevarme la mayor cantidad monedas posibles. Aunque sea para llegar a los 90 centavos que necesito para viajar hasta casa. Levanto la mirada y me encuentro con el simpático cartel de unos 20 centímetros por 20 que dice: "¡NO HAY MONEDAS, POR FAVOR COLABORE!". Me irrito, me “re caliento” con el kiosquero, quien siente como una amenaza mi billetito de 2 pesos. Como si yo fuera a robarle, claro, sus pocas monedas. “¡No tengo cambio, eh!”, me lo lanza con ganas y fastidio.
¿Estoy equivocado en pensar que esto así no funciona? ¿No es el vendedor el que se tiene que preocupar por tener el dinero disponible para poder canjear su mercadería por nuestro dinero?
Claro que no vivo en un burbuja y sé que en los bancos no te dan monedas o que sólo cambian por cinco pesos. Es decir, la culpa no es de todos los kiosqueros ni vendedores, pero mientras tanto, ¿quién soluciona nuestro problema? Soy usuario del subte, pocas veces de tren y muchas otras del bendito colectivo. Siempre necesito andar con alguna moneda en el bolsillo simplemente para poder viajar.
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Cerca de mi casa hay un local de esos que tienen de todo. Es kiosco, almacén, librería y locutorio, y obviamente también me pone trabas con las monedas. Varios carteles disfrazan las paredes del local, con la simple advertencia: “Fotocopias y locutorio, se abonan únicamente con monedas”. El otro día estaba apurado y necesitaba una simple fotocopia para un trámite. Por supuesto, como siempre, mis bolsillos carecían de monedas. Le pedí un favor al dueño del local pero no entendió mis razones. Señalaba con su dedo los molestos letreros.
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En los cines también hubo problemas. Pago mi entrada y para no darme mi vuelto en monedas, la cajera me ofrece con su mejor sonrisa unos chocolates y caramelos a cambio de los preciados metales. ¿Por qué no me das mis monedas? Si yo estoy pagando con mi plata y vos estás vendiendo...
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Pero como no me gusta andar opinando de quejoso nomás, propongo utilizar algo similar a la tarjeta "Monedero" de los subtes -la tarjeta recargable que muchas veces te salva del efectivo- también en los colectivos. Las autoridades tendrían que buscar una alternativa; no quiero cargar solo contra los que como yo, no tienen monedas para viajar o para sacar una fotocopia.
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