#DíaDeFuria: ¿por qué no nos matamos todos?
En los últimos días se produjeron diversos hechos de violencia urbana, tanto en Capital Federal como en la provincia de Buenos Aires y en el interior, que nos lleva a pensar algo: ¿qué nos pasa como sociedad?
Independientemente de los casos que son producto de algún brote psicótico, la gran mayoría de eventos tales como los de Garín se pueden leer desde esta perspectiva: por algún motivo el diálogo no fue efectivo y la palabra no fue tenida en cuenta.
En definitiva, cuando no sabemos cómo canalizar nuestras emociones más insubordinadas, recaemos en la violencia porque es nuestra manera más instintiva de expelerlas; pero si cuando buscamos el diálogo nuestro receptor no muestra ninguna disposición a tenernos en cuenta, también recurrimos a la violencia para así poder conmoverlo y que entienda nuestra situación o, al menos, que se someta a ella.
Así pues, en una sociedad que enseña a ser competitivo hasta el fin de nuestros días, ninguno de nosotros se siente tan preparado para una acción cooperativa como para una coercitiva en la cual dispondremos todos nuestros medios para ser los vencedores y así imponer condiciones.
En conclusión, ¿se puede solucionar tanta violencia o sólo debe controlarse? Tal vez sea muy utópico plantear un estado de pura comunicación en donde cualquier conflicto se supere a través del diálogo y la dimensión simbólica; la historia nos demuestra lo contrario. Sin embargo, la capacidad de aprender a resignificar nuestras emociones violentas y dejar de ver al otro como un enemigo, como un mero medio para un fin deseado, sigue presente en cada uno de nosotros. Ahora bien la cuestión reside en saber si estamos dispuestos a aceptar el sacrificio que implica sacarla a la luz; tal vez aquí encontremos la respuesta acerca de por qué no nos matamos todos.
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