#FilosofíaAplicada ¿Puede Francisco hacer cosas con palabras?

Sociedad

La histórica visita del Papa Francisco a Cuba y Estados Unidos ha dejado para la posteridad una serie de eventos y de discursos que no sólo valen por el contexto en el cual fueron aconteciendo.

La histórica visita del Papa Francisco a Cuba y Estados Unidos ha dejado para la posteridad una serie de eventos y de discursos que no sólo valen por el contexto en el cual fueron aconteciendo, sino por el valor intrínseco de las palabras que, aunque no tengan una repercusión directa, han de generar necesariamente una disrupción.

Cuando uno escucha o lee las palabras que Francisco ha profesado ante todo el mundo en su viaje a Cuba y Estados Unidos, puede llegar a pensar que, por más bonitas que suenen, poco es el efecto que son capaces de lograr y que de ellas no sobrevendrá ningún cambio al estado actual del mundo, sea a la cuestión bélica, económica o ambiental. Sin ir más lejos, a las pocas horas de su partida, el estado de Georgia hizo caso omiso al pedido de clemencia y ejecutó a Kelly Renee Gissendaner, condenada a pena de muerte por el asesinato de su ex pareja.

Ante esta situación es que podemos entonces preguntarnos: ¿acaso podrán revestir algún valor las palabras en sí mismas del Papa aún cuando al parecer no han generado un efecto inmediato? Claro que además podríamos ir más allá y cuestionarnos si la palabra como tal posee un valor intrínseco aún cuando no sea posible percatarse de que vaya acompañada por hechos concretos.

La histórica visita del Papa Francisco a Cuba y Estados Unidos ha dejado para la posteridad una serie de eventos y de discursos que no sólo valen por el contexto en el cual fueron aconteciendo

En este punto es donde conviene pensar detenidamente al acto mismo de hablar, de enunciar palabras ya que aunque a primera vista se nos manifieste como una circunstancia sencilla y cotidiana, lo cierto es que al profundizar en su análisis, encontramos una infinidad de complejidades puestas en juego todas al mismo tiempo.

El filósofo inglés J.L. Austin en su libro "Cómo hacer cosas con palabras" busca explorar el entramado que está por debajo del acto de hablar y a partir de allí logra afirmar que no todos los enunciados tienen la misma constitución ni finalidad, estableciendo que existen dos tipos: los constatativos y los performativos; la particularidad de estos últimos es que son capaces de "hacer algo" por el sólo hecho de ser pronunciados.

¿Qué significa esto? Que cuando se enuncian determinadas oraciones no se busca la veracidad, si no más bien realizar un acto: por ejemplo, cuando un sacerdote bautiza a una persona, al decirle "te bautizo" lo que está haciendo es realizar esa acción precisa. De aquí se desprende entonces que hay formas de hablar que tienen la cualidad de poder concretar hechos dentro de un contexto determinado (en el ejemplo anterior, si el enunciado se pronuncia por fuera de una comunidad cristiana será irrelevante y no realizará nada).

En este sentido, cuando Francisco se yergue ante el pueblo de los Estados Unidos y les habla de la necesidad de no excluir a los inmigrantes, de proteger al medio ambiente y de combatir al capitalismo salvaje, lo que está declarando no son palabras meramente formales o gestuales, si no quizás enunciados performativos que buscan realizar una acción concreta y puntual. Aunque ¿cuál será esa acción?

La histórica visita del Papa Francisco a Cuba y Estados Unidos ha dejado para la posteridad una serie de eventos y de discursos que no sólo valen por el contexto en el cual fueron aconteciendo

Visitar Cuba y luego Estados Unidos, proclamar por los derechos de los inmigrantes en un momento político y mundial que los ve como el causante de todos los problemas, exigirles cambios en las políticas medioambientales a un Congreso que aboga en reiteradas ocasiones por los intereses multinacionales aún cuando esto signifique el uso desmedido de los recursos naturales... Pueden ser vistos como gestos sí, pero gestos que dicen mucho más de lo que aparentan y que, conforme a lo que hemos afirmado, buscan realizar acciones que exceden lo simbólico ya que, como mínimo, nos hacen pensar y reflexionar sobre el estado actual del mundo y sobre la responsabilidad que a nosotros nos compete.

No obstante, nos invita a nosotros también a pensar críticamente sobre nuestras propias prácticas discursivas, sobre el valor que le otorgamos a la palabra, al acto de decir. ¿No nos habremos acostumbrado como sociedad a utilizar los vocablos como monedas devaluadas de cambio que hoy pueden portar un significado y mañana portar otro completamente contrario? Incluso hasta podemos cuestionarnos si no nos hemos olvidado de que se pueden hacer cosas con palabras motivo por el cual no somos capaces de dejar de lastimarnos ni tampoco tomamos conciencia del cambio positivo que podríamos llevar adelante con el sólo hecho de decir una frase a tiempo.

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