#FilosofíaAplicada 11/9, día del maestro ignorante

Sociedad

En el marco del Día del Maestro cabe la reflexión al respecto de este rol social que tan incorporado está en nuestro devenir histórico, conformando prácticas, significaciones y estereotipos que suelen llevar al encasillamiento del docente dentro de un modelo rígido y predeterminado que no hace más que delimitar sus funciones y subsumir su complejidad.

Tal vez enseñar sea mucho más que una profesión, un oficio o una actividad laboral; podríamos decir más bien que es un arte. Sin embargo muchas veces no logramos comprender la profunda discusión que se abre en torno a la definición de esta acción que se configura en un obrar nuclear dentro del desarrollo de las sociedad y que, por tanto, ha de cargar con una fuerte ideología al mismo tiempo que se debate en una lucha interna entre distintas concepciones.

Es así que, si sostenemos que enseñar es instruir, dar forma, socializar, preparar e incluso adoctrinar, las interpretaciones al respecto de la función de quien ejerce la docencia son casi infinitas. El maestro ¿ayuda a liberar las mentes o es colaborador con la reproducción de la ideología hegemónica? ¿Busca acercar a los estudiantes al concepto de verdad o impone la moral dominante? Pero sin ir tan lejos, podríamos definir al acto de enseñar como una acción en donde alguien que sabe pretende que otro que no sabe comience a hacerlo. Claro que ahora el problema radica en elucidar cuáles son los saberes que han de aprenderse y cómo se da esta relación entre el enseñante y el enseñado.

De esta manera comienza a vislumbrarse la complejidad de la cuestión educativa ya que las concepciones éticas, de "verdad", de "mentira" y las ideologías políticas se vuelven patente en este sencillo acto de instruir. En primera instancia se parte del supuesto de que hay gente que no sabe, que está vacía, por así decirlo, y es aquí donde tiene que aparecer la figura de alguien ya completo, sapiente e informado que ha de transmitir, guiar, conducir, someter a ese otro que está en condiciones de inferioridad hacia el camino del bien.

A tal respecto el filósofo francés Jacques Ranciére sostiene que esta forma "tradicional" de educar es una forma embrutecedora dado que lo único que hace es legitimar un sistema en donde hay un maestro "sabio" que conduce a los estudiantes quienes sin esta guía nunca podrían llegar por sí solos al conocimiento. Esto es "embrutecedor" porque así se educa a las personas en la idea de que ellos no pueden por sí mismos, de que siempre necesitarán de otro más instruido o inteligente para que los conduzcan.

En su libro "El maestro ignorante" Ranciére propone, a través del ejemplo de Joseph Jacotot, un modelo educativo que busca la emancipación de los individuos mediante un rol docente que no se ubica en su sapiencia si no en su ignorancia. El maestro no debe transmitir nada, debe animar, exhortar a sus estudiantes a que ellos busquen, indaguen y alcancen por sus propios medios lo que quieran aprender.

Como se puede observar, esta propuesta rompe con el paradigma de educación como transmisión de saberes, de tipo "bancaria" al decir de Paulo Freire, al mismo tiempo que desacredita la función docente como aquel que profesa la verdad revelada ante los alumnos. Por otra parte, este sistema de transmisión de datos no haría más que llevar a la reproducción y legitimación de sistemas opresores, excluyentes y competitivos, tomando un método nemotécnico donde la creatividad del estudiante es secundaria y lo que importa es la memoria, la repetición hasta el sinsentido de lo que el docente o el libro escolar de turno manifiesten como real, único y verdadero. Así, se fosilizan mitos y ciertas perspectivas subjetivas se universalizan pero, lo que es peor, se anula la capacidad crítica de las personas que se están "formando".

En este sentido podemos enunciar que existe otra concepción al respecto que es la de la educación para la liberación. Así, educar sería empoderar, hacer dueños de sí mismos a todos los individuos sociales y generar en ellos una capacidad de pensamiento crítico, partiendo el maestro ya no desde un cúmulo de saberes, si no desde la "ignorancia", esto es, buscando que el otro realice su camino hacia el conocimiento y no que se le otorgue ya dado para su repetición.

Por todo esto, cuando decimos "feliz día del maestro" tal vez estemos reproduciendo viejos estereotipos sociales, pero también quizás estemos reconociendo el gran esfuerzo de muchos docentes por buscar la emancipación de sus estudiantes evitando imponer ideas preestablecidas, si no colaborando con la liberación de miles de sujetos que comienzan a pensar por sí mismos en el ámbito del aula, gracias a un maestro o una maestra que está honrando verdaderamente el sentido de educar.

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