Los secuestros largos gozan de buena salud

Sociedad

Se creía que los raptos extendidos en el tiempo habían muerto, pero el caso del empresario Daniel Rebagliatti tira por la borda esa idea.

Otra vez volvió al ruedo una banda con logística, con entrenamiento, con plan.

A Rebagliatti, empresario dedicado a fabricar defensas para barcos, lo secuestraron el martes pasado a las 8 de la mañana en Martín Coronado.

Su secuestro duró 8 días.

Hubo tres pruebas de vida. Se trató de llamadas donde pusieron al habla a Rebagliatti con su hermano.

La banda lo eligió especialmente. Por su vida se pidieron 2 millones de dólares y cobraron 1.8 millones de pesos.

Todo lo tuvieron planeado al detalle. Al empresario lo tuvieron todo el tiempo del secuestro con la cara tapada. Se dice que lo sometieron a tormentos psicológicos.

Lo concreto es que su hermano terminó pagando tras una serie de postas. Le hicieron tirar el dinero desde un tren en la zona de Caseros.

Para que el plan fuese perfecto y que no se pueda probar cuál fue el lugar de cautiverio, a Rebagliatti le sacaron las zapatillas y parte de su ropa.

La idea de los captores es que esa ropa tenía tierra u otro elemento que permitía vincular el lugar del secuestro. Por eso había que eliminarla.

Otro elemento que marca la planificación de la banda es que cada vez que lo hicieron hablar a Rebagliatti con su familia, lo movieron del lugar del cautiverio para cambiar la zona de activación de la antena de los teléfonos usados por la banda.

Hace rato que no había secuestros así: largos, planificados, orquestados.

Veníamos de una seguidilla interminable en la zona oeste del conurbano. Esta vez, esta banda jugó fuerte.

Un secuestro largo, un rescate alto, una fuga impune. Por eso la preocupación es máxima.

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