Pilotín Díaz: el Patch Adams argentino que cura con la risa
- Trabaja disfrazado de payaso en un hospital de pediatría de Entre Ríos.
- Dice que se inspiró en el personaje de la conocida película pero que se trata de un homenaje a su padre, quien hacía en obras de caridad.
Pablo Bonillo, tiene 38 años, vive en Rosario (donde cursó la carrera de Medicina) y desde hace un tiempo está realizando su residencia en el Hospital Fermín Salaberry de Victoria. Despojado de todo prejuicio, timidez y hasta del estereotipo del médico de hospital, sorprendió cuando concurrió a la sala de Pediatría disfrazado de payaso, al que bautizó Pilotín Díaz.
"Pilo es un agente sanitario que realiza un trabajo admirable en Rincón de Nogoyá junto a su hermana, María Elena. Y el martes pasado cuando fui a la sala, me puse a hablar con él y, dos personas más que se sumaron a la charla. A una de ellas, le dicen Tin y el apellido de la tercera es Díaz. Así surgió el nombre de mi personaje, que es una composición de los tres", explica al periódico El Diario de Entre Ríos.
Aunque la asociación con "Patch Adams", la conocida película que protagonizó Robin Williams basada en la vida del médico y payaso Hunter (Patch) Adams, es inevitable, Bonillo confiesa con tono de nostalgia y melancolía que “en realidad es en homenaje" a su padre, un militante social que si bien no se dedicó a la medicina, estuvo “trabajando muchos años con las comunidades Tobas en el Chaco”.
El doctor de la risa
Más allá de su duelo, Pilotín Díaz logró un acercamiento y llegada hacia los más chicos. “Nunca se había hecho algo así en el hospital. Sólo para el día del niño venían payasos para estar con los chicos, pero era una vez al año. Esta idea la tengo desde hace mucho tiempo, pero recién ahora la puedo concretar, gracias al apoyo de las autoridades del Hospital y de mis compañeros”, aseguró al diario entrerriano.
Claro que para tener esa llegada con los más pequeños, debe existir un gran amor por los chicos. "Me gusta mucho trabajar con ellos, de lo contrario nunca se me hubiese ocurrido hacer algo así y, la verdad, que siento una satisfacción muy profunda”, remarca.
Ahora bien, ¿cómo lo toman los pequeños? "Logré que el chico se aleje de ese temor lógico que existe cuando están frente al médico. Así que cuando me ven llegar se distienden, juegan con los globos o el estetoscopio y yo puedo atenderlos sin que se resistan. También he logrado aceptación por parte de los padres", finaliza.
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